Perdiendo lo norte (en tren, ixo sí)

Jueves, marzo 11, 2010 18:16
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Imachen d’o que ye pasando en iste país nuestro ye a presencia ayere d’o Consellero d’Obras Publicas, Alfonso Vicente, en as Cortes d’Aragón. O buen siñor, ombre de mundo, por o que a se i beye, y dimpués de charrar con uns y atros ha plegau a la conclusión de que en tot o mundo femos envidia por o nuestro rete de trens. Asinas como lo leyez. Os trens más caros, a retallada d’orarios y trens en localidaz chicotas, os trens más biellos en conecsions enta Navarra o Valencia, a bergüenya d’o Canfranero, uns trens de “Cercanías” que fan risos porque no leban de garra parte a garra parte, tot ixo, fa que sigamos a chen con más fortuna d’o mundo y que toz quieran estar como nusatros.

No ye cosa de monologo d’umor. Alfonso Vicente no yera prauticando ta salir en o “Club de la Comedia”, yera serioso dizindo ixo devant de toz os atros parlamentarios, que, ye de dar, lo se güellaban de fito en fito, y no ye ta menos. Ixa ye a clase de Gobierno que tenemos. Son capables de mirar-se os datos y beyer que se mos pixan denzima y dizir que ye plebendo, y nomás ixo, sino amás, dizir convencius que ixo ye o millor que mos puede pasar.

Iste ye o mesmo Gobierno que diz que Castanesa ye sostenible, que Motorland fa muitos diners, que bendrá l’equipe USF1 y cuan no biene dizen que no ye malo, os que dizen que Gran Scala se ferá, os que s’inventoron una linia aerea qu no bendiba ni mesmo por Internet y que abió de trancar, y unatra que portaria chen t’o Pirineo aragonés dende Uesca y agora mos dizen que operará dende Lleida.

Iste ye o Gobierno, que cuan s’amana o suyo fin (allá por l’anyo benient) contrimuestra, diya a diya, que ha perdiu lo norte, si ye que bella begada ha sabiu an yera. A lo menos, mos queda o consuelo que a bels de nusatros no mos enganyan con a suya ambiesta d’a reyalidat. Chicot consuelo.

De trenes, cuentos, espirales y manos

Lunes, enero 28, 2008 19:13
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Hace muchos años escribí un lamentable cuento sobre un hombre que seguía una vía de tren. Lo escribí por dos motivos principalmente. Uno, ganar un premio que daban a relatos de viaje en Renfe, y otro impresionar a una chica que se llamaba Isabel. No conseguí ni una cosa ni la otra. El cuento era malo, pero eso sólo influyó en el primer objetivo. En el segundo tuvieron que ver muchas otras razones que tampoco vienen al caso. El otro día vi a Isabel desde el autobús. Creo que está casada. La última vez que la ví también fue desde el autobús, pero en Barcelona. Yo iba en el 19 por el Paseo San Juan. Acompañaba a mi madre a la Estació del Nord. Yo entonces, no hace nada, vivía en la Sagrada Familia. Al lado, mejor dicho. Como ahora vivo en La Aljafería.

Desde el autobús de Barcelona y tres años después desde del autobús de Zaragoza, vi a Isabel. Isabel me remite al tren. A la vía que recorría un vagabundo en un cuento horrible que acababa con unos versos copia inmunda de una canción de Loquillo. No digo más. Isabel, Zaragoza, Barcelona y el tren. Hoy el Periódico de Aragón publica que habrá trenes baratos entre Zaragoza y Barcelona que nos moverán de un lado a otro del desierto por 17 euros. No me importa no ver a Isabel desde el autobús. Sobre todo si se que cogiendo ese tren de ida y vuelta, desde allí o desde aquí, desde la Sagrada Familia o desde la Aljafería, veré a otras personas más importantes. Isabel fue una mano en un cine y un no. Nada que merezca la pena recordar aunque ahora lo hago. Hay más manos que ver. Más manos que tocar. Más manos que sentir. Manos más importantes. Manos que merecen un viaje de dos horas en tren.

Será la espiral. ¿O quizás es la Renfe?. Ayer a las 4.20 me llegó una foto de un despertador. Será la espiral.

Ps. Los comentarios de la noticia en el periódico merecen una revisión del sistema educativo y un replanteamiento profundo de la política aragonesa.

Otra historia de tren. Motín contra el racismo

Miércoles, octubre 24, 2007 0:23
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Como no hay dos sin tres y el metro de Zaragoza, de haber, ya no llegará al campo de fútbol de Valdespartera sino al cuartel de la Guardia Civil de Valdespartera, me detengo en una nueva noticia sobre el tren. Esta vez se trata de un regional, Girona-Figueres. Yo lo cogí una vez para ir a Cadaqués y escribí lo que sigue:

 

Cuando el verano llega a la mitad. Cuando casi no has salido de Barcelona. Cuando la playa sólo es una cosa que está calle Marina abajo. Cuando el sol sólo te castiga mientras vas a trabajar. Cuando el mundo no se para ni siquiera en agosto. Entonces viene el mar, la mar, con sus olas, con su espuma, con su sal. Entonces viene el barco, y se va, con las olas, el mar, la mar. Entonces surge la chispa, el fuego, el cigarro, el blues, un faro, un libro, una tienda. La amistad. El mar, la mar. Cadaqués sin Dalí. Entonces Milan Kundera sigue sentando cátedra, entre las rocas, en S'Alquería, con el mar debajo, con las gaviotas encima, con los franceses detrás, con el sol delante. El mar, la mar, y las palabras. Cadaqués sin Dalí.

 

En ese mismo tren, con un gesto que el propio Kundera podría haber relatado en La inmortalidad, los pasajeros se han amotinado contra un revisor que ha pedido un sólo billete, el único, a un pediatra . Negro. Lo cuentan en público, y en los comentarios se puede ver, claramente, porque mientras unos protestaron, otros, como el agresor de ayer, o incluso como el chico que giraba la cara, nunca jamás serán humanos. ¿Miedo? Todo el del mundo. Pero cuando el agresor, borracho que dice, se iba, bien pudo levantarse a ayudar a la chica. ¿O es que tenía miedo también entonces?. 

 

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