Historias de Nueva York: Entre el MoMa y la ONU

Lunes, mayo 25, 2009 16:12
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Manhattan parece pequeña en el mapa del Gran Nueva York. Sus calles rectas y el tamaño de la isla en comparación con Brooklyn, por ejemplo, engañan la vista en el mapa. Leí en alguna guía que llegar de una avenida a otra cuesta alrededor de tres minutos, y de una calle a otra, uno. Es una buena regla si no haces otra cosa que andar, algo que aquí es imposible cuando vienes a hacer turismo. Llegar de una calle a otra puede durar infinito si te paras en cada escaparate, en cada puesto de salchichas o simplemente te sientas para ver pasar a la gente. A mí me costó más o menos lo mismo llegar al MoMa que está en la 33th, desde la 42th, que ver el museo. Unas tres horas.

El helicóptero del MoMa

El helicóptero del MoMa

El edificio también juega con la luz

El edificio también juega con la luz

El MoMa cuenta ya, creo, con más espacio de tiendas que de exposición. Toda la manzana de alrededor son tiendas vinculadas al Museo, que, por otra parte, está muy bien organizado sin ser un recorrido unilíneo. Es decir, que puedes deambular pero sin perder la noción del espacio. Aunque también hay zonas, claro, las de diseño industrial, que entre la gente que hay y el espacio, parecen el Ikea.

El Ikea en MoMa

El Ikea en MoMa

Claro que el Museo ofrece tal cantidad de estímulos sólo con la colección permanente que bien vale los 20 dólares que hay que pagar. La colección de pintura contemporánea es espectacular. Desde el siglo XIX te permite viajar por las corrientes artísticas europeas y americanas, y llegar de México a Barcelona sin salir de Manhattan.

Viajando a México

Viajando a México

Las señoritas de Avinyó

Las señoritas de Avinyó

Con la sobrecarga de arte en las neuronas me costó casi una hora llegar desde el MoMa hasta las Naciones Unidas. La sede de la ONU no es uno de los lugares más visitados de Nueva York, aunque hay manifestaciones cada día delante, y las medidas de seguridad hace que se eternicen las esperas para las obligatorias visitas guiadas. Bueno, se eternicen pero no se hagan largas. Dan oportunidad de conocer gente. A mi me tocó esperar y compartir visita con un reciente matrimonio de Cádiz que vivía en Málaga, y el rato se hizo agradable. Ella, además, era periodista y entre los tres estuvimos compartiendo nuestras impresiones de Nueva York. Ante el edificio están todas las banderas del mundo, bueno, todas todas, no. Sólo las de los estados reconocidos: La de Aragón, por ejemplo, no estaba, pero al menos, han tenido el detalle de colocar un enorme San Jorge (actualmente en obras)

A lo lejos, la torre símbolo de la sede de la ONU

A lo lejos, la torre símbolo de la sede de la ONU

San Jorge y grúa

San Jorge y grúa

Dentro, una guapa señorita nos explicó lo que tenía que explicar. Es decir, que la ONU está muy bien, y que si no sirve de nada es porque los medios no le hacen caso. Una curiosa visión. Al margen, por cierto, os invito a probar una de las cosas que Maya nos explicó, esta colección de juegos interactivos en los que cada vez que juegas, donas algo de dinero para comprar arroz.

Maya nos explica el kit móvil escolar

Maya nos explica el kit móvil escolar

También te permiten hacerte fotos con una réplica a escala de Ban Ki Moon, que, por cierto, nos dijeron que se dice Pan Ki Moon y no Ban, pero bueno, esa es otra historia. Al pobre hombre lo tienen enformato cartón pluma y además de asustarse con las bombas en Irak, tiene que soportar las embestidas de los turistas, y pasa lo que pasa.

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Y una última consideración, a mi juicio, el edificio de Naciones Unidas es uno de los más viejunos con categoría oficial. Los auriculares, los pasillos, las sillas, dan la impresión de que los pusieron allí en 1950, cuando se construyó y nunca más los han tocado. Así funciona la organización, claro, aunque Maya se afanaba en explicarnos lo bien que trabajan y lo útil que es que algunos países tengan derecho de veto o que la Asamblea General no intervenga en cuestiones de seguridad o bélicas.

La Asamblea General de la ONU

La Asamblea General de la ONU

Mundo viejuno

Mundo viejuno

Contrasta ese edificio y sus intenciones con el que levantó Rockefeller. Nueva York es una ciudad de contrastes y hablando de intenciones no de hechos, la ONU es una apuesta por la solidaridad y la multilateralidad, mientras que no lejos de allí se levanta un edificio dedicado a la individualidad. Es más, la ONU se creó para evitar una Tercera guerra mundial después de que en la primera y la segunda los Rockefeller se enriquecieran masivamente para acabar convertidos en símbolo del capitalismo.  No es de extrañar que un Atlas solitario se enfrente a los dioses (al dios católico en este caso) en su tarea de levantar el mundo. Es un símbolo de las creencias de Rockefeller y de muchos como él.

atlasysantpatrick

Atlas sosteniendo al mundo

Rockefeller Plaza

Rockefeller Plaza

Al pie de ese Prometeo hay una placa que resume el pensamiento de la John Rockefeller: “Creo en el valor supremo del individuo y su derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad“. Faltaría por añadir “aunque sea a costa de los demás”.

Historias de Nueva York: Un día en el Central Park (y alrededores, y más lejos)

Sábado, mayo 23, 2009 16:06
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El Central Park entre asfalto

El Central Park entre asfalto

Manhattan tiene en su corazón su pulmón. A pesar de las metáforas, las ciudades no son seres humanos y, por tanto, no responden a la fisiología humana básica. Por eso el pulmón puede estar en el centro y no en los lados, y por eso puede haber uno más grande y un montón pequeñitos distribuidos por toda la ciudad. Se puede decir, por eso, además, que Central Park, en realidad, no es un pulmón, sino un trozo de campo en medio de la ciudad.

El parque, además, sirve de desahogo, sirve para pasear, para correr, para jugar. Bueno, ¿he dicho para correr?. Aquí corre cualquiera. El footing es una actividad digamos que necesaria. Si te has comido cuatro donuts y dos huevos con bacon de alguna forma los tienes que bajar.  Central Park deja imágenes para todos los gustos.

Los caballos son para el verano

Los caballos son para el verano

El beisbol en la pradera

El beisbol en la pradera

En fila de a uno, ar

En fila de a uno, ar

Y también queda tiempo para los dos actividades más usuales de un parque, por ejemplo, en Zaragoza. Las fotos de boda, fundamentales, y sobre todo, la siesta, en la que tuve un visitante cotilla que me observaba.

Los parques son para los novios

Los parques son para los novios

Para esto sirve un parque

Para esto sirve un parque

Visitante curioso

Visitante curioso

La ardilla, después de mirarme y huir por mis ronquidos (aunque no ronco, a veces me dicen que sí), se perdió por entre los árboles para volver a huir después. Ocultos, de camuflaje, unos marines nos enseñaban sus armas y nos invitaban a soportarlos. Es decir, a apoyarlos, que esto de los falsos amigos y el spanglish tiene sus problemas.

Con esto matan

Con esto matan

Haz turismo, pedazo de nabo

Haz turismo, pedazo de nabo

Charrando con uno de ellos, me explicaba que había estado en Irak en 2005, y que está esperando para volverse a ir. Me lo explicaba orgulloso, porque aquí están orgullosos de ellos, y, por tanto, ellos se sienten orgullosos de lo que hacen, o viceversa. Me contaba que lo hacía por defender a su país y a la libertad. Como si fuera un anuncio, que, en el fondo, lo era. Mientras una banda de rock homenajeaba a los chavales: “You rocks, men!”, que viene a ser como “moláis, cos”. Y me imaginaba una escena semejante con un grupo de rock, la cabra y la legión española. Aterrador.

Haz turismo, invadiendo un país

Haz turismo, invadiendo un país

Dejando atrás a los marines me fui a sosegar en el Museo Metropolitano de Nueva York. Es un lugar curiosísimo, mezcla del museo antropológico de Cuernavilla del Sordete, la Casa de porcelanas de Madame Florencia, el Museo del Prado y el MoMa. Tan pronto encuentras la exposición de Bacon que no pudiste ver en Madrid, como apareces en un patio con estatuas de porcelana que dan grimilla sólo de verlas. Eso sí, es gratis, o al menos, es gratis si no te piden el ticket. La entrada es de donativo voluntario, pero te obligan a cogerla y te miran mal si no dejas nada. Te puedes hacer el longuis y si no te ve ningún guardia sin la chapeta identificativa, paseas por allí como Pedro por tu casa.

Museo Metropolitano de Nueva York

Museo Metropolitano de Nueva York

El amante de Bacon

El amante de Bacon

El patio del Metropolitan

El patio del Metropolitan

Claro que lo más brutal fue ver que los bienes culturales aragoneses no se encuentra sólo en Lérida. ¿Ah, no? Os preguntaréis. No, no, diría yo. Sorprendentemente, hay patrimonio aragonés fuera de Lérida y del propio Aragón. ¿Desidia, dejadez, irresponsabilidad, cosas que pasan mientras no sea en Cataluña?. A saber. Capiteles probablemente de San Juan de la Peña (aunque no lo dice), cálices, relicarios y misales de Santa Cruz de la Serós, por ejemplo. Los Bienes de Manhattan.

Los Bienes de Manhattan

Los Bienes de Manhattan

Repuesto de la emoción, comer en las escaleras, mientras un grupo canta a capella (bueno, y un contrabajo), es algo agradable, salvo que venga un nutrido grupo de adolescentes yankis con su profesor a interrumpir. Sí, son como en las peliculas. El marginado, los populares, el gordo, la fea, el gracioso, el macarra. Están todos. Incluso creí intuir en uno al tío que dentro de unos meses saldrá en las noticias por haber vaciado tres cargadores contra sus compañeros.

Dubi du dua

Dubi du dua

El Guggenheim estaba cerrado, y además, había una exposición de Frank Lloyd Wright, así que mejor que estuviera cerrado, lástima de Kandinsky. Pero para que veáis que escribir esto desde aquí sirve para algo más que para desahogarme de mi soledad viajera, haciendo caso a Sergio, me recorrí toda la 5th Avenue para abajo (de la calle 102 a la 14) en un autobús (unos tres cuartos de hora) y me fui a Strand.

La librería Strand

La librería Strand

Seguro que habéis oído hablar del Síndrome de Stendhal, pero no tanto del Síndrome de Romance, una de sus variedades. Consiste en una alteración del pulso y los sentidos ante la aparición de una cantidad suficiente de libros. Strand afirma poseer unas estanterías de más de 18 millas de libros, es decir, unos 28 kilómetros.

Envidia

Envidia

Un mar de libros

Un mar de libros

Y como strand quiere decir entre otras cosas playa, supongo que me puedo poner poético y hablar de un mar de libros en el que perderse buceando. Y no una, ni dos veces. Hay libros para marearse en serio y una tercera planta, como un sancta sanctorum y horarios propios diferentes del resto de la tienda en la que se encuentran los libros raros y más antiguos. Todo un lujo después de un día de parque, Bacon y autobús por la Quinta Avenida entre Tiffany’s, Prada y el Rockefeller Center. (Pero eso es otra historia, y tendrá que ser contada a su debido tiempo)

Historias de Nueva York: De paseo hacia la libertad (y volver)

Viernes, mayo 22, 2009 15:12
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El primer día en Nueva York, entero, fue un enorme paseo por la ciudad. Acabé muerto, pero las ciudades se conocen pateando. Se conocen equivocándose al dejar la propina (casi obligatoria). Se conocen teniendo que esforzarse para entender el inglés. ¿Palabra más repetida?: ¿Sorry?. Siempre he andado un poco duro de oído, pero además, con el inglés oxidado, a veces cuesta entenderse con la gente. En realidad, luego no tienes problemas con el idioma, a poco que sepas algo de inglés, y sabiendo que en la mayoría de sitios, hay alguien que habla algo o todo de castellano. Aragonés, eso sí, no  he encontrado a nadie todavía que hable. Hacer repetir las frases está siendo habitual, y lo más que te ganas es una mirada de hastío, tipo barcelonés harto de responder como llegar a la Sagrada Familia.

El Empire State a lo lejos

El Empire State a lo lejos

Desde el Empire State caminando hacia el sur, hay una larga distancia. Pasear es agradable en Nueva York. Hay que cuidar los semáforos, que son raros, no chocarse con la gente, pero en general, es una buena experiencia que permite conocer la ciudad. Pero cansa. Así que, lo mejor, es aprovechar los espacios verdes de la ciudad. Washington Square es uno de ellos, y se llena de turistas acalorados y trabajadores de la University of New York que salen a almorzar.

Arco de triunfo en Washington Sq.

Arco de triunfo en Washington Sq.

Descansando al sol

Descansando al sol

Por la noche, este mismo espacio se convierte en una improvisada sala de Jam Session, donde todo tipo de músicas se entremezclan. Los neoyorkinos son muy aficionados (de todo hay, claro) a comer o beber algo sentados en sus espacios públicos. Y si hay música, más.

Jam Session al aire libre

Jam Session al aire libre

Pero como está ciudad nunca deja de sorprenderte, mientras unos escuchan la música o se abrazan mirando a sus hijos que juegan a lo lejos, un grupo de personas medita bajo el arco de triunfo de la plaza. Ya hay que echarle valor para meditar allí.

Meditando bajo el arco

Meditando bajo el arco

Recupero el orden cronológico de los acontecimientos para seguir bajando hacia Battery Park, una vez pasado el World Trade Center. Battery Park es un cuidado parque lineal que sigue la línea de la costa y que llega hasta South Ferry, aunque por arriba enlaza con el parque del río Hudson, al oeste de la isla de Manhattan.

Battery Park

Battery Park

Osos amorosos en Battery Park

Osos amorosos en Battery Park

Paseando por aquí, se ve toda la actividad de la bahía. Barcos recreativos, de la policía, mercantes, y hasta un barco militar canadiense.

Canadá nos invade

Canadá nos invade

Ante el temor de una invasión canadiense en Estados Unidos quiero hacer otra digresión espacio temporal. Esa misma noche estuve por el SoHo tomando una cerveza (hay que aprovechar las happy hours, amigos). Conocí a un veterano del Vietnam, a un camarero escocés y a un grupo de música muy simpático con un club de fans más simpático todavía. Tocaban en un bar del que no recuerdo el nombre, Taberna de Kenny, o algo así. Por todo el barrio había decenas de marineros.  Estos días se celebra el Memorial Day, por los caídos y hay muchos soldados en la ciudad. La relación de los estadounidenses con su ejército es muy especial. Hasta el más progre de los progres, ve al ejército como un orgullo que defiende el honor del país. Al bar entraron unos marineros y aquello se alborotó. Las fans del grupo, el veterano y el resto del paisanaje, les palmeó la espalda: “You are our heros” y se hicieron fotos con ellos. Sólo el escocés y yo, con una relación con el ejército mucho más europea, osea, la justa, decidimos hablar de otra cosa: “Another one, please”, “yes, man”.

Marineros en un bar

Marineros en un bar

Recupero la línea de tiempo y llego hasta el ferry de Ellis Islan y la Estatua de la Libertad. A través de Battery Park cada vez vas viendo más gente. Son las multitudes que quieren llegar a la estatua de la Libertad. A lo lejos se divisa Ellis Island, donde hace un siglo, otras multitudes, hambrientas, sedientas y mareadas, desembarcaban en la tierra de promisión. Al fondo, las filas para el ferry turístico. Una escultura, a la que poca gente hace caso, recuerda que este país está hecho del hambre de los italianos, irlandeses, alemanes, chinos, holandeses que llegaron a principios del siglo XX.

Monumento al inmigrante

Monumento al inmigrante

Yo, que soy hombre de pocos posibles, y haciendo caso a las recomendaciones de mi hospedera, sigo un poco más hacia allá y llego al ferry de Staten Island. Es un ferry gratuito que comunica Manhattan con Staten, otro de los barrios de la ciudad, pero que tiene la suerte para los turistas, y la desgracia para los usuarios habituales, que pasa justo por delante de la Estatua de la Libertad. El momento más esperado.

Mirando a la estatua

Mirando a la estatua

Mirando a la estatua 2

Mirando a la estatua 2

La Estatua de la Libertad

La Estatua de la Libertad

No mirando a la estatua. ¿Quién es de Nueva York en esta foto?

No mirando a la estatua. ¿Quién es de Nueva York en esta foto?

Llegar a Staten Island es curioso. Lo primero que te dicen en el ferry es que todo el mundo debe bajar. Y bajamos. Pero la gran mayoría se vuelven a subir al siguiente ferry, aunque a mi aún me dio tiempo de tomarme un perrito caliente. 1 dólar que quita el hambre o lo suaviza.

De vuelta en Manhattan subí hacia Wall Street. El centro del mundo económico. O el centro económico del mundo, según se mire. Policías, turistas, ejecutivos. Más que la bolsa, parece un parque de atracciones. Dentro, el caos, los gritos, los precios, lo que sube, lo que baja, lo que destruye empresas y familias o las crea y las empuja. Esto es la bolsa de Nueva York.

La Bolsa, que no está en Wall Street

La Bolsa, que no está en Wall Street

Y hablando de empresas pujantes, subiendo y andando  llegué hasta la Apple Store.

Tienda Apple

Tienda Apple

Toda una experiencia. Te dejan tocar todo (menos a los y las dependientes). iPhone, iPod, AirBook, Mini… cualquier cacharraco montado por la fábrica de la manzana lo puedes probar allí. Hay decenas de dependientes y centenares de personas con sus aparatos. Hay talleres de aprendizaje, gratis, servicio técnico que te llama por tu nombre después de esperar al menos media hora y lo de probar los aparatos es con todas las consecuencias, porque hasta puedes llamar y enviar sms con el iPhone o estar un rato consultando internet. Y la gente lo hace, sin pudor, entre otras cosas, porque son muy poco discretos, y es habitual ir en el metro y mientras grita alguien por teléfono enterarte de toda su vida. Así que deben pensar ¿por qué no contarle mi vida a toda la tienda Apple?. Y dicho y hecho.

Pero oh, magia, habiendo manzanas, y habiendo decenas de críos por allí pululando, algo debía pasar. Manzanas, enanos, y sólo falta Blancanieves.

Whoopi Goldberg firmando libros

Whoopi Goldberg firmando libro

Aunque en este caso era Negranieves y los 100 enanitos. No deja de ser friki entrar a la tienda Apple y que esté Whoopi Goldberg firmando libros. A punto estuve de preguntarle por una de las monjas de Sister Act…aunque ya debe estar mayor.

Historias de Nueva York: St. Paul y el World Trade Center

Jueves, mayo 21, 2009 21:00
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Cerca de donde estuvo el World Trade Center hay menos turistas que en otras partes de la ciudad. Los hay, desde luego. Las imágenes de los dos aviones chocando contra las Torres Gemelas se han convertido en un icono del siglo XXI, y todo el que pasa por el lugar las tiene en la mente. Si no, lo que se ve, es una obra. Una enorme obra, a modo de hormiguero, que horada en la tierra cercana a la bahía y en un agujero que todavía parece más profundo por la enormidad de los edificios de alrededor.

Obra en el World Trade Center

Obra en el World Trade Center

Al otro lado de esta imagen, cuando llegas paseando desde City Hall, el tráfico y las vallas no parecen tan impresionantes. Nueva York, y Estados Unidos, esperan a la inauguración del nuevo WTC para señalar inequívocamente el lugar de la tragedia. Ahora, sólo un pequeño memorial, y los puestos de venta de libros sobre el 11-S, además de algún cartel, muestran lo que vimos todos que pasó aquí.

La obra del World Trade Center desde St. Paul

La obra del World Trade Center desde St. Paul

Al lado justo de agujero dejado por las torres en el lado que no da a la bahía se encuentra la iglesia de St. Paul. Es un edificio neogótico, pequeño, y que sorprende por encontrarse entre algunas de las torres más altas de Nueva York. Siguiendo la tradición anglosajona (entre otras), el cementerio tiene adosado un pequeño cementerio, cubierto de musgo y en el que apenas se leen los nombres. Si no fuera por el ruido del tráfico, o por los gritos de los que lo vigilan, podríamos estar en una iglesia parroquial de Yorkshire. Pero estamos en Nueva York.

Cementerio de St. Paul

Cementerio de St. Paul

A los estadounidenses les encantan estas historias, y a mi también. Las historias que hilan el paso del tiempo y que reproducen situaciones vividas. Además, como en este caso, si exaltan los valores patrios, como el heroísmo, mejor. En 1776 hubo un incendio en Nueva York, provocado por las tropas leales a la Corona británica, según cuentan. Era un 21 de septiembre. Los vecinos de las casas salvaron la capilla del incendio, aunque una cuarta parte de Manhattan quedó arrasada. St. Paul se convirtió, además, en refugio de heridos, y en descanso eterno de muertos.

Cementerio de St. Paul

Cementerio de St. Paul

Pero el hilo de la historia, enrevesado y confuso tantas veces, llega hasta el 11-S de 2001. Dos aviones impactan contra las Twin Towers y las derriban, y con ellas, derriban la vida de más de 2000 personas. St. Paul, pequeñita entre gigantes, también se salvó de la catástrofe y se convirtió, otra vez, en refugio de heridos mientras el caos se llevaba por delante uno de los centros financieros del mundo.

Leyendo electrónicamente en St. Paul

Leyendo electrónicamente en St. Paul

Hoy St. Paul sigue siendo un tranquilo oasis en la ciudad. La gente se sienta entre las tumbas y lee en su ebook, come, bebe, descansa a la sombra, mientras los miles de obreros que trabajan en el memorial del WTC se afanan en hacer más y más profundos los cimientos. St. Paul es hilo de la historia de Nueva York. Un hilo que comienza en la revolución contra la Corona británica.

Héroe de la Guerra de Independencia

Héroe de la Guerra de Independencia

La tumba de este francés, que luchó contra las tropas del Rey de Inglaterra por la libertad de los Estados Unidos, atestigua lo que significa St. Paul. Camino arriba, hacia Broad st. y Wall st. encontramos otro símbolo de esa historia que mitificada, ha marcado lo que es Estados Unidos.

Fraunces Tavern

Fraunces Tavern

Fraunces Tavern se convirtió en uno de los centros de reunión de los rebeldes americanos y aquí George Washington dirigió el adiós a sus generales tras conseguir la independencia y volver a Virginia. Aquí, o cerca, porque el edificio fue reconstruido y el lugar que ocupa ahora el restaurante es aproximado del que tuvo en origen. Quizás en el original estuvo reunido el ocupante de la tumba de St. Paul. Quizás alguno más. Quizás la relación de la historia de Nueva York con la de Estados Unidos se resume en esas pocas manzanas. Está el emigrante que se vuelve patriota. Están los valores supremos estadounidenses del patriotismo y el heroísmo. Está George Washington. El 11-S. Y hasta el aprovechamiento de todo eso para hacer dinero.

Historias de Nueva York: Primeras impresiones

Jueves, mayo 21, 2009 15:49
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Nunca imaginé que mi primer viaje a América sería a los Estados Unidos. Por afinidades afectivas siempre me vi en México, en Cuba, en Argentina, en Nicaragua, en Colombia. Pero al final, culpa de un virus pequeño y de una gran alarma injustificada, me veo cogiendo el vuelo para Nueva York desde Madrid. Seis controles después llego al JFK. Aviso a navegantes (especialmente españoles). Aunque se rellene por internet, hay que volver a rellenar en el avión la hoja verde que sois muy dados a no hacer caso a lo que dicen las azafatas y luego se montan unas filas que para qué en la aduana.

El caso es que ya estoy aquí, en casa de Lola Planells, que es pintora y tía de una amiga mía, y que en su salón tiene cosas como esta, de una exposición que hizo sobre el metro de Nueva York. Amés, em parla en un català apitxat, molt de Castellò, i molt especial.

El metro de Nueva York. Lola Planells

El metro de Nueva York. Lola Planells

Tengo mi habitación, mi mosquitera y mi ventana que da a la típica escalera de película, esa por la que siempre suben los malos y bajan los polis o viceversa. De incendios, les llaman, pero para mí que las hicieron sólo para las persecuciones.

miventanamosquitera

Mi ventana con mosquitera y escalera de incendios

¿Y qué tal Nueva York? Podría hacer varias confesiones:

  1. En un día me he enamorado de la ciudad
  2. Como soy un alparzero me pegaría el rato haciendo fotos a la gente
  3. No es tan caótica como dicen, más bien al contrario, al menos Manhattan.
  4. Me he enamorado unas 2500 veces.
  5. He tenido que apartar la vista otras 2500 veces.
Imágenes de Nueva York

Imágenes de Nueva York

Esta es la estaciónd de metro de Astoria Boulevard, mi centro de operaciones. Una imagen típica, metro elevado, coches grandes, cartelería estridente. This is América. Desde aquí hago mis excursiones por la ciudad. Con la vista puesta en lo típico y tópico, pero también en lo atípico. La ciudad tiene rascacielos, claro, pero lo importante es la gente. Los neoyorkinos son bordes, activos, atareados, prepotentes en su propia inseguridad, orgullosos de ser neoyorkinos y aunque no te miren a la cara a la primera, curiosos y acogedores.

Chase Manhattan Plaza

Chase Manhattan Plaza

Debajo y dentro de los rascacielos hay gente. Gente que patina, va en bici, en coche, en limo, en bus y en metro. Gente de todos los colores. El teléfono de atención del ayuntamiento de NY está en 170 idiomas y la cartelería oficial suele ser bilingüe en inglés y castellano, aunque a veces esté traducida por google, claro. Hay más porcentaje de población negra que en la media de EEUU y más porcentaje de población judía también. Esto no es Tel Aviv, pero no es extraño ver judíos ortodoxos con tirabuzones, pero tampoco es la India y ves sijs, mujeres con velo, hombres con barba, rastafaris, latinos pandilleros y de traje, policías con rastas y tatuajes. Aunque hay barrios claramente “étnicos”, como Chinatown o Little Italy, o la zona de Queens donde duermo, que la mayoría son griegos, el mestizaje es una seña de identidad de Nueva York. Hay de todo, claro, porque también ves muchos grupos monocolores, y, desde luego, la mayoría de los trabajos de limpieza y servicio los hacen latinos y negros.

Mis ojos curiosos son provocadores en Nueva York. La gente no mira directamente en principio, por la calle. Luego sí, son curiosos, como todos, pero cada uno va a lo suyo. Tampoco es raro que un extraño te hable. No un chalado, como estamos acostumbrados. El ejecutivo que tienes al lado, o la mujer que va con el carrito, te señalan algo que han visto o comentan el calor que hace. Pero no se puede mirar directamente a la cara de nadie. O al menos, hay que hacerlo disimuladamente, cosa que se adquiere con la práctica (y yo no la tengo).

Vivir el aire mestizo de la ciudad requiere un poco de esfuerzo de alguien como yo. Tratar con normalidad el traje distinto o los vestidos estrafalarios cuesta porque entran ganas de sacar la cámara a cada momento. Europa es mucho más uniforme, incluso Londres y no te llama la atención algo a cada momento.

B&H

B&H

Esta tienda, por ejemplo, es B&H, el mayor almacén de electrónica, video, foto y sonido que he visto nunca. Todo es enorme, tienen de todo, colocan lo que compras en unos rieles que lo llevan a caja donde pagas todo a la vez. Tienen consigna y puedes probar las cámaras, por ejemplo. Pero…al margen de la tecnología, sorprende que la mayoría de los dependientes sean judíos ortodoxos, con sus tirabuzones y todos con su kipá. Claro, que enseguida te acostumbras, si vuelves la vista y comienzas a ver cámaras espectaculares o ese accesorio para el portátil que no había forma de encontrar. Pero es llamativo. Aqui, por ejemplo no podría pedir trabajo. No basta con estar circuncidado, que hay que hacer acto de fe, y eso, como que no. Pero será por ofertas laborales.

¿Quieres ser del FBI?

¿Quieres ser del FBI?

La policía de Nueva York, el ejército, la Marina, el FBI, los guardacostas. Todos quieren que te alistes. Apelan a la aventura, a la seguridad, a la protección, a la emoción, al patriotismo…pero si tienes lo que hay que tener, como dice el cartel, podrás encontrar tu trabajo en algún cuerpo armado. Porque la tele, aquí tiene lo que tiene.

Buscando la señal

Buscando la señal

Eso es una emisora de ondas buscando la señal para emitir algo en directo. Creo que era una manifestación a favor de la sanidad pública, pero no me paré. La antena más larga del mundo para salvar rascacielos y llevar la señal a la tele que sea. Antenas largas y presupuestos pequeños, porque aquí ya aplican lo que aplican otras teles en Europa de que no hay que llevar cámara y redactor, con el cámara sobra.

Cámara al hombro micrófono en mano

Cámara al hombro micrófono en mano

Hago demagogia, claro, porque luego, con la batería de la cámara ya gastada, vi a un equipo entrevistando a una persona en el SoHo. Redactor, sonidista con peluche, cámara y productor. Como en Aragón Televisión (¿o no?). El caso es que esto es el primer Nueva York que veo. Un Nueva York a vuelapluma, como quien dice, o a vuela cámara. Un Nueva York que me está encantando y del que iré desgranando más cosillas. Un Nueva York que por azar, como tiene que ser, me dejó descubrir esta placa.

Telsa murió aquí

Tesla murió aquí

Aquí murió Nikola Tesla un genio, inventor y casi profeta, que abrió la mente sobre los usos de la energía eléctrica y que se enfrentó con Edison. Exploró los límites de la energía eléctrica que consiguió incluso enviar sin cable. En el avión, viniendo a Nueva York, acabé de leer el Palacio de la Luna, de Paul Auster. Uno de los protagonistas lo conoció y relata la historia de los recorridos de Tesla por los pueblos, su enfrentamiento con Edison y su muerte en la indigencia. Yo, que me imagino la vida como una continua espiral de coincidencias y casualidades, ayer, mientras miraba el Empire State Building a lo lejos, giré la vista a al izquierda y vi la placa de Tesla. “Caramba, que coincidencia”. Tesla vino conmigo en el avión y justo me he ido a parar bajo la placa que recuerda su muerte. ¿Es o no es una buena impresión?

New York, New York

Martes, mayo 19, 2009 11:31
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Pachina 2 de 212