Zaragoza vuelve a ser Medina Albaida. Nieva en la ciudad.
Viernes, enero 9, 2009 16:22Nieva en Zaragoza, como en otros tiempos. Siempre recuerdo a mi abuelo cuando me contaba las nevadas que caían hace años. Ahora no nieva. Una vez cada dos años nos sorprende una nevada. Despacio, tímidamente, las pequeñas gotas finas se convierten en copos cada vez más gruesos. El viento las arrastra y nos deja el sabor de otros tiempos, el frio en las manos, la ilusión de un niño. En ciudades como esta donde el viento es el rey y la nieve una intrusa, ver nevar es una bendición. Sí, se reparten kilos de sal. Sí, habrá atascos. Sí, los que trabajan en la calle la sufren. Pero para la mayoría de nosotros, zaragocicas de siempre, la nieve es esperanza, ilusión, sueño, vida.
Nada más empezar a nevar la niña del vídeo se ha puesto a girar, a recoger copos con la mano. Su madre, debajo del árbol poblado por pájaros que me despiertan cada mañana, la ha dejado hacer un rato. Vienen, madre y familia, aunque igual no la hija, de una ciudad donde nunca nieva. Aunque la madre lleve velo no es para protegerse de la nieve. La niña gira. El mundo gira. La nieve cae. El viento sopla. Y yo, deseando estar al lado de una chimenea contigo viendo nevar hago una foto que no se ve casi, grabo un vídeo que no se ve casi, recuerdo las manos de mi abuelo cuando paséabamos bajo el frío. No tengo ya aquellos guantes, ni el gorro azul que me ponía siempre antes de salir del portal. Pero es la misma nieve. La misma escasa nieve que nos regala el cielo año sí, año no, en esta ciudad que recuerda sólo a veces y que vive en un estado ni pasado ni presente. Saraqusta la Blanca, Medina Albaida, la llamaron los antepasados de la niña que gira. Desde la Aljafería, testigo mudo de aquellos siglos, hoy la seguimos viendo jugar, y, con el viento, cruzar la calle camino del río. Hoy, Zaragoza Albaida, te ve reír, niña. Y yo me acuerdo.





