Un nuevo estudio eleva a casi 1100 los aragoneses deportados a Mauthausen

Viernes, enero 30, 2009 10:39
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Los historiadores apuntan a la cifra de 10.000 republicanos en el campo de concentración de Mauthausen. El campo de los españoles, le llamaban. Entre ellos, y según el último estudio de la Amical de Mauthausen hay más de 1000 aragoneses, casi 1.100.

Joan Calvo, historiador, narra la sorpresa que se llevó hace poco una familia de Huesca con la que se puso en contacto. Quería averiguar datos sobre el abuelo, que murió, enfermo de Alzheimer, en 2006. Nunca les contó a sus descendientes lo que Calvo había averiguado: estuvo preso en un campo de concentración nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Por republicano.

Esta noticia ha pasado inadvertida en los medios de comunicación aragoneses, salvo en Aragón Televisión, que ayer dedicó 20 segundos a comentarla:

La asociación Amical de Mauthausen continúa investigando la historia de los miles de deportados españoles a los campos de concentración nazis. Un nuevo censo llevado a cabo por la asociación ha elevado a 9.000 los republicanos que sufrieron y murieron en Mauthasen.  El 12% de ellos, más de 1000, eran aragoneses de las tres provincias. El nuevo censo es el más completo llevado a cabo hasta la fecha, porque se han encontrado 450 fichas olvidadas en los archivos.

La situación de los republicanos en Mauthausen y en el sistema concentracionario nazi es una pata más de la llamada “memoria histórica”, y más esta semana, en qué se conmemora el día del Holocausto. La misma dictadura franquista que produjo la figura de Ángel Sanz Briz, que salvó a miles de judíos del exterminio, decidió que miles de personas fueran declaradas apátridas para poder ser aniquiladas en los campos nazis. Entre ellos los más de 9000 de Mauthausen que vivieron en condiciones infrahumanas al borde de sus fuerzas entre el trabajo, los castigos aleatorios y la muerte saliendo por la chimenea del crematorio.

Yo tuve el privilegio de compartir un momento especial en Mauthausen, donde murió también un lejano familiar, Miguel Gracia Romance. Junto con alumnos de seis institutos aragoneses y catalanes y con cuatro supervivientes, recorrimos la historia desde dentro y vimos el horror y la sangre reflejada en las instalaciones, las voces de los vivos y el recuerdo de los muertos. Con ello elaboré hace dos años este reportaje junto con Sergio Almárcegui.

Lo he puesto varias veces en Purnas, pero no me canso de verlo. Veo sus fallos, pero me estremecen los recuerdos. Hoy, que los medios aragoneses han decidido que esa parte de nuestra historia no es importante, me apetece volver a publicarlo, compartirlo y volver a verlo. Por los 1100 aragoneses de Mauthausen y Gusen. Por los 9000 españoles. Por todos los judíos, italianos, polacos, rusos, húngaros, europeos de mil idiomas y no europeos. Por todos los nombres de quienes murieron y sobrevivieron en el horror de Mauthausen.

El último tren a Auschwitz

Sábado, marzo 29, 2008 0:32
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Miedo, sed, hambre, rebelión, derrota, humillación, honor, muerte, desolación, tristeza, alegría. No se cual de todas estas palabras, ni siquiera todas juntas, definen esta película. Acostumbrados a una visión dulcificada de los campos de concentración (La vida es bella) o con héroes ambiguos (La lista de Schlinder), “El último tren a Auschwitz” nos muestra la deportación y el holocausto de una manera claustrófobica. La vida de un vagón del último tren de judíos de Berlin hacia el campo de concentración.

Hielan la sangre los diálogos, la lucha por la vida, la crueldad de los verdugos, la frialdad de los que reciben órdenes, la avaricia de los que hacen negocio con la muerte, la dignidad de algunos soldados alemanes, los conatos de rebelión y el orgullo de los humillados. Es una película que no deja indiferente, desde luego. Que no abusa de la truculencia pero que muestra en toda su dureza la muerte irracional de todo un pueblo por culpa de unos iluminados y por culpa, sobre todo, de una gran masa que colaboraba o hacía la vista gorda al exterminio de todo un pueblo.

De todas las visiones del holocausto narradas que se han hecho, las dos últimas películas que he visto marcan un punto de inflexión. Reflexionan desde otros puntos de vista sobre la brutal historia de la Segunda Guerra Mundial y el holocausto. En el Último Tren a Auschwitz se pone el ojo en las víctimas, encerradas como animales y transportadas sin agua ni alimentos en un vagón de ganado. También aparecen todos los demás. Los verdugos, los indiferentes, los crueles, los cobardes, los valientes, los dignos. La otra, “La Zona gris”, aún aporta un punto más impactante. Los protagonistas son los judíos que integrados en diversos comandos obligaban a otros judíos a entrar a las cámaras de gas. A cambio, comida, bebida y semilibertad. A cambio, la muerte cada cuatro meses para todo el comando. La zona gris. Donde no hay buenos ni malos, sino lucha por la supervivencia. Lo más terrible del ser humano.

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Aniversario de la liberación de Auschwitz

Lunes, enero 28, 2008 0:05
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“Huesos móviles, unidos por una piel seca y envejecida. El aire era irrespirable, una mezcla de carne quemada y excrementos”. El ambiente de Auschwitz era así cuando el primer soldado soviético entró en el campo. Un campo de esclavitud y muerte. Un campo en el que se condensaban la locura de un hombre y la ceguera de un pueblo. Una ceguera que les llevó a colaborar en el asesinato de millones de personas. Auschwitz no es lo peor de la raza humana. Es la raza humana. Primo Levi lo explica muy bien en su libro. La propia humanidad dejaba de ser humanidad en verdugos y víctimas. Hoy nos conmueven las imágenes de aquella locura. Son las mismas imágenes de Ruanda o Kenia. Las mismas de la dictadura franquista. Las mismas de los gulags soviéticos. De la Academia de Marina de Buenos Aires.

Acabo de releer “Si eso es un hombre”, de Primo Levi. Ni siquiera era consciente de la cercanía de la fecha, pero necesitaba releerlo. Necesitaba conmoverme e investigar en la ceguera humana. Los relatos de los campos de concentración son muchas veces batallitas. Muchos de los supervivientes los han pretendido olvidar, otros, tratan de reflejar su particular odisea. Sus historias. Sus supervivencias. Primo Levi va más allá. Reflexiona. Descubre donde quedaba la naturaleza humana de verdugos, colaboradores y víctimas. De una lucha por la supervivencia mental y física que muchos no pudieron soportar. Impresionan las palabras de un hombre de ciencia. Impresionan. Hacen comprender la terrible tortura de verse convertido en un animal por otros animales. De tener que lamer los platos para aportar una caloría más. De tener que traficar contra otras víctimas para poder sobrevivir. Hay tantos párrafos sobrecogedores que casi no merece la pena resaltar ninguno de ellos.

Cuando me he hecho la cama y me he vestido, bajo a tierra y me pongo los zapatos. Entonces se me vuelven a abrir las llagas de los pies y comienza un nuevo día”.

En la reflexión de Primo Levi está la historia de la humanidad. Una historia que se ha ido construyendo de víctimas y verdugos. De amos y esclavos. De poderosos y de débiles. Lo peligroso del caso es que muchos de los intentos por subvertir esa historia han acabado evolucionando hacia el mismo sistema. Eso es un hombre. Los pensamientos golpean como los puños. Sobre todo en la comodidad de las casas. Sobre todo cuando intentan borrar la memoria de esta historia infernal.

Nos contaban en mi visita a Mauthausen que el actual director del memorial, del gobierno austríaco, había cambiado las baldosas de la cámara de gas. Así no se veían las roturas, las marcas de los dedos de quienes morían asfixiados por la máquina de matar que construyeron los alemanes. Al contárnoslo José Alcubierre, superviviente del campo de Mauthausen, lloraba. Primo Levi escribe que “ninguno debería salir de aquí, ya que podría llevar al mundo, juntamente con las señales de la carne, la mala nueva de todo aquello que en Auschwitz el hombre ha sido capaz de hacer al hombre”. Esos testimonios desaparecen. Nos quedan los escritos. Las voces. La misma memoria histórica que permanece enterrada en cunetas de toda Europa, en fosas comunes que algunos quieren seguir llenando de cal, odio y miedo. Por eso mismo todos los aniversarios son para recordar. Cada liberación de Auschwitz, de Mauthausen, cada muerte de un dictador, cada fosa común identificada en la que sus muertos son honrados, merecen la celebración y el recuerdo respetuoso. Esa es la memoria histórica que nos trae Primo Levi y las decenas de supervivientes que todavía, cada año, desafían a sus recuerdos y se visten sus pijamas de rayas para decirle al mundo que su supervivencia es el testimonio vivo del infierno. No basta decir “Nunca más”. Hay que recordar y hacer posible ese nunca más.

Mi visión de Mauthausen quizás es pobre. Quizás es parcial. Quizás está matizada por los límites del tiempo y del espacio. Pero buena parte de lo que viví el año pasado, buena parte de la piel de gallina, buena parte de la sensación de impotencia ante la muerte de tantas personas queda reflejada en este vídeo que emitió Aragón Televisión.

 

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