El peligroso descenso a los infiernos de Belloch
Jueves, marzo 12, 2009 19:51Iba a titular con “peligrosa deriva” de Belloch, pero ya no es una deriva, sino un descenso vertiginoso. Realmente, ese alcalde nuestro ha decidido seguir dando pasos hacia su elevación a los altares de la demagogia y si me apuran, la extrema derecha.
No contento con todos los actos consignados en el Evangelio según Belloch, no contento con dejar la post-expo en manos del Estado, con inventarse fiestas de primavera para llenar de contenido lo que juraron y perjuraron que ya tenía contenido, con tachar de indios a la oposición, con dejar aislada a la cultura zaragozana, etc, etc, no contento con todo eso, ahora el señor Belloch se apunta a la represión. Y lo dice así, oculto tras la barba, contento y satisfecho: “frente al vandalismo lo que cabe es represión, sin más”. Sin matices, sin causas, pero con efectos, en un trasunto del “estos lo que necesitan es palo”.
Es cierto que Zaragoza no es un ejemplo de comportamiento cívico (pero hay ciudades peores, claro), pero no es menos cierto que las cámaras de vigilancia que Belloch estudia colocar no son la solución. Por ejemplo, el corredor no estaría destrozado si, como prometieron, hubiera tenido actividad nada más acabar la Expo. Por ejemplo, educar en el civismo es bastante más eficaz que la represión. Es decir, vigilancia, sí, pero gran hermano, no. Por ahí puede ir la solución o el conjunto de soluciones. La “represión, sin más” es la teoría que llevó a la guerra sucia, la que es dogmática en el fascismo y la que sólo enquista los problemas.
Y, ojo, por cierto, porque en Zaragoza gritar es sinónimo de desórdenes graves, o eso dice Subdelegación del Gobierno, es decir, que por gritar en la calle, Belloch es partidario de “represión, sin más”.
Belloch, nuestro alcalde, el que planta banderas, insulta a los ciudadanos, desprecia a los vecinos, homenajea a los santos semifascistas o fascistas enteros, gobierna por decreto y folkloriza la cultura ciudadana. Belloch, que, además, es profeta y nos anuncia que el nuevo museo de Pablo Gargallo recibirá 100.000 visitantes al año. Ojalá. Serán tantos si pueden llegar esquivando los controles, las cámaras y sobre todo, con cuidado de no tocar nada y santiguándose antes en la cercana iglesia de San Felipe.





