De la objetividad y otras mentiras

Jueves, enero 11, 2007 18:31
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Lo reconozco. Yo no soy objetivo. Nunca. Parto de la base de que hay una única realidad. Sólo una. Pero a esa realidad me acerco con todos mis miedos, deseos, conocimientos, esperanzas, creencias y limitaciones. Al igual que yo, todos, profesionales y no, tenemos a nuestras espaldas todo lo que nos ha hecho como somos. Un cierzo por aquí, o unas cenizas por allá. Y voilá, un punto de vista. “El periodista tiene que ser objetivo”, dicen. Y no es verdad. El periodista tiene que decir la verdad. La única verdad. Nuestras subjetividades nos hacen ver la verdad de una forma de otra, eso es cierto, pero en el filtro ha de quedar la opinión y a pesar de eso, dejar pasar, luminosa y transparente, la verdad.

Ayer se reunía José Ángel Biel con el ministro de Interior español Alfredo Pérez Rubalcaba. Esa es la verdad.

También es verdad que un partido extraparlamentario, el PAR se reunía con el ministro de Interior español.

También es verdad que el vicepresidente de Aragón se reunía con Alfredo Pérez Rubalcaba.

Contarlo de una forma o de otra es simplemente fruto de la subjetividad. Es decir, de como la persona que es testigo se acerca a la verdad. La única verdad es que a se reunió con b. Llenar la a y la b es la misión del periodista. Ninguna de las cosas de arriba es mentira, pero depende de como se diga, se ve una intención u otra. Por eso no existe la objetividad. La razón de ser del periodista es conocer la verdad, y traducirla, comprensible, para el resto, para quien no puede ser testigo de ella. Y por eso mismo, el periodismo hoy está como está. Porque el periodista en la mayoría de las ocasiones ni siquiera es testigo de la verdad. Gabinetes, agencias, sábanas, velos y cortinas oscurecen la realidad. Filtros, creencias, ideologías ocultan todavía más el centro de las cosas. Eliminemos filtros. No nos dejemos seducir por las cosas que vienen ya dadas. Miremos. Escudriñemos. Interpretemos y creemos. Las palabras están para ser usadas, y la realidad para ser desmenuzada, desmigada y hacerla visible. Que las prisas no maten ni al lenguaje ni a la transmisión de la realidad. Decreto.

Por cierto, Pablo Pamplona vuelve a citar a Purnas en el suplemento I+DEAR del Periódico de Aragón. Ahí es nada.

Hace un año: Deuda histórica

Hace dos años:Asamblea Aragón Mestizo
Hace tres años:Tranquilidad. Quítame la faaaaaaaaaaaaaaaaaaalda

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El socavón del interés

Lunes, enero 8, 2007 18:46
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El día ha estado marcado informativamente, como los últimos días, por las declaraciones de los partidos sobre el fin del proceso de paz y el principio de una etapa nueva llena de incertidumbres. De todas esas frases, sobreentendidos, encuestas, líneas por cerrar y por abrir, los analistas extraen el pulso de la vida política. Una vida política, que, dicho sea de paso, se la trae al pairo a la gran mayoría de los ciudadanos de este país y de los demás que forman el Estado Español. Ahí es nada. A los que trabajamos en los medios, a los que vivimos oyendo, mirando, oliendo y palpando el pulso de la calle, ni siquiera nos acaba de asombrar la asombrosa grieta que se abre entre el sentir de los ciudadanos y lo que a nosotros nos parece el no va más.

Los “gap” de los que hablaban los teóricos de Minessota se quedan ya cortos. No sólo hay problemas de conocimiento o de acceso al mismo. Existe un gap cada vez más insalvable entre lo que es información y lo que el ciudadano percibe como información. Planteado de otra forma, existe un “gap” entre lo que consideramos importante los medios, y lo que de verdad importa a los ciudadanos. Por eso, muchas de las noticias sobre “periodismo ciudadano” provocan un interesante sarpullido entre los cabezas visibles de los medios. Por eso, a los medios tradicionales les cuesta tanto el cambio de modelo. Por eso, y sólo por eso. En el limitado tiempo del que se compone un informativo pongamos de televisión caben n cosas. Pero en esas n cosas puede que sólo un 10% interese al espectador. Si el proceso fuera al revés, si creáramos la información total y fuera el espectador el que eligiera que quiere ver obtendríamos una visión más real de lo que de verdad interesa al ciudadano. Pero perderíamos la “maravilla” que supone controlar la información que queremos ofrecer, y a la que van dirigidos hoy todos los esfuerzos del peor enemigo del periodista, el gabinete de comunicación, que dirigen y hacen funcionar, tachán, los periodistas. El hombre es lobo para el hombre. Y el periodista es censor para el periodista.

Editamos las noticias, decidimos, discriminamos…bajo nuestros criterios subjetivos, que poco o nada tienen que ver con los propios compañeros de un mismo medio, con los de otros medios, o con los del resto de ciudadanos. O así debiera ser. Pero no lo es. Los informativos se parecen, dan las mismas noticias, las mismas imágenes, el mismo tono. ¿Por qué?. Pues porque los periodistas ya no creamos. Nos limitamos a imitar. A repetir lo que dice el político de turno, el vecino de turno, el policía de turno y a hacerlo lo más parecido posible a como lo ha hecho el compañero, la tele de al lado, el periódico de la calle de atrás. Si limitamos la creación del periodista, limitamos el acceso más completo a la información. Por supuesto hablo de crear no la realidad sino la forma de expresarla y lo que ponemos en el punto de mira. A más puntos de vista, a más puntos de mira, más posibilidad de acertar con el verdadero interés de la gente. De limitar el GAP. De no crear mundos paralelos entre lo que vemos en la realidad y lo que nos hacen ver en la telerrealidad.

Y juro que iba a escribir sobre Otegi pidiendo a ETA que vuelva al alto el fuego (un poco tarde), sobre Rajoy repitiendo durante 20 minutos la misma idea (Volver al Pacto antiterrorista que el PSOE rompió, aunque se olvida de decir que también fue quien lo planteó en el peor momento para el PP después de la tregua del 98), y del continuo vaivén del Gobierno entre romper, suspender, dialogar o capturar . Pero al final, me ha interesado más lo otro, oye.

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Hace un año: Campaña contra el rastro en el Parque Grande

Hace dos años: Huida por las calles

Hace tres años: La cárcel no puede romper a un hombre libre 

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Pachina 5 de 512345