
Nos cuentan hoy que el autobús del ateísmo llegará a Zaragoza. Se trata de una campaña privada pagada con fondos privados en las que un grupo de gente plantea la posibilidad de que Dios no exista. Sin embargo, los medios se empeñan en afirmar que es una “polémica campaña”, y grupos cristianos han puesto el grito, nunca mejor dicho, en el cielo.
Hace bien poco la Iglesia Católica protagonizó una multitudinaria misa en lugar público (publicidad), nos corta las calles cada semana santa con sus procesiones (publicidad), la televisión pública nos emite misas (publicidad) y reciben dinero público con y sin cruz. Es decir, que diariamente hacen publicidad de lo contrario, de que Dios existe. Es más, no contentos con la influencia de la Iglesia católica y los fondos públicos que van para ella, los diferentes Gobiernos han planteado ampliar los acuerdos con otras mitologías, en vez de hacer lo que debe hacer, que es garantizar la aconfesionalidad del Estado. Claro, que todavía juran los cargos bajo el cristo crucificado, como para aconfesionalizar nada.
El caso es que pagar una campaña de publicidad con fondos privados es “polémico”, y sin embargo es tradicional y nada polémico que la religión llene espacios públicos casi a diario. Ni el Islam, ni el judaísmo, ni el cristianismo, ni el animismo…ningún sistema de creencias religiosas y mitólogicas tienen derecho a imponer formas de conducta, invadir espacios públicos, ni especialmente estatales, o a tener un trato de favor especial en tanto en cuanto hay ciudadanos que no son partícipes de esas creencias religiosas. Sin embargo, los que dan por hecho que Dios existe consideran irrespetuoso plantear siquiera la posibilidad de que no. Afortunadamente aquí, al contrario que en países islámicos no se nos lapida ya, aunque no quedan tan lejos los tiempos de la misa obligatoria, y un poco más lejanos los de la hoguera purificadora.
El que quiera a Dios en su vida, que lo pague de su propio bolsillo. Como el que no lo quiera, claro. Por cierto, que, si no queda claro, a mi no me molesta que la gente crea en Dios, vaya a Misa o haga procesiones. Tampoco me molesta que la gente vaya al fútbol, pero sí que recalifiquen terrenos saltándose la legalidad para pagar deudas, o que organicen saraos multitudinarios con dinero de todos, servicios de todos y al margen de la voluntariedad de la famosa crucecica de la Iglesia, que si sobrepasa el límite pactado la Iglesia no devuelve, pero que si no llega, el Estado completa. (Por no hablar de la doble financiación que supone que muchas organizaciones eclesiales reciban también ayudas como ONG’s, pero eso es para otro post).