El estado (español), San Gregorio y un incendio sin explicación
Martes, septiembre 8, 2009 13:30El secretario de Estado de Defensa español ha estado hoy en Zaragoza analizando las causas del incendio de San Gregorio que arrasó más de 6000 hectáreas en la segunda quincena de agosto. Ya esta frase da idea de la (escasa) importancia del incendio para el gobierno español. Ha venido el número 2, mientras la ministra se reunía para analizar algo inaplazable, claro, que no podía resolverse ni ayer ni mañana. Después está eso de “las causas”. Resulta que el informe lo ha hecho el Ejército de Tierra, claro, no vaya a ser que una entidad independiente, tipo el ministerio o la Consejería de Medio Ambiente, o hasta el Seprona, entre en terreno militar y diga cual es la causa.
Pues ese informe independiente, según el secretario de Estado de Defensa ha dicho que “descarta que el fuego lo causaran los explosivos”. Osea, que el informe que tenía que investigar la causa sólo dice que la causa no es esa. Y, ojo, atención, según de nuevo el secretario de Estado de Defensa (y según consigna Europa Press), tampoco la causa es un ejercicio de tiro que se hizo por la mañana. Esto lo ha dicho él, Constantino Méndez, que sin embargo, aunque exculpa cualquier causa castrense, ha decidido aportar 7 millones de euros para repoblar la zona. Qué majos. El caso es que sabemos varias cosas ya.
Primero, que al ministerio se la pela. Segundo, que las bombas no fueron la causa del incendio, ni el ejercicio de tiro, faltaría más. Pero tercero, y bien importante, es que sí que hubo ejercicio de tiro, aunque los días del incendio los militares que salían hablando en los medios juraron y perjuraron que no, que por dios, ellos no habían estado haciendo ejercicios de tiro. Dónde se ha visto hacer ejercicios de tiro en un campo de tiro.
Es un ejercicio interesante repasar las declaraciones de esos días para establecer una secuencia de hechos. Uso lo publicado por el Periódico de Aragón, pero en cualquier medio aragonés se han podido leer, ver y escuchar declaraciones parecidas. Por ejemplo, el 19 de agosto, se explicaba esto desde fuentes castrenses: “fuentes castrenses aseguraron ayer que durante los meses veraniegos se suspenden los ejercicios tácticos para evitar el riesgo de incendio“. Lo mismo apareció, en boca de un portavoz militar, en Aragón Televisión. Sin embargo, hoy el secretario de Estado afirma que hubo ejercicios de tiro.
También habla el secretario de Estado de la escasa incidencia de los explosivos en la causa del fuego. (Cosa harto dudosa, claro). Así se explicaba el día 21 la Comandancia Militar: “la Comandancia Militar de Zaragoza informó ayer de que es “falso” que el fuego cobró fuerza porque no se permitió la entrada de efectivos civiles en el polígono de tiro. “Lo único que se prohibió fue el acceso a las zonas de caída de proyectiles, tanto a civiles como a militares, dado que existe un alto riesgo de explosión“. Pues claro, como es lógico, que es un campo de tiro, ¿no?. Claro que un campo de tiro que los militares, que tienen la exclusividad de la lucha contra el fuego en la zona, no porque haya explosiones, sino porque por ley la tienen, no limpian de proyectiles sin explotar, ni de rastrojos, ni, por lo que se ve, trazan cortafuegos.
Así que está muy bien que a toro pasado paguen 7,5 millones de euros para reconstruir la zona quemada por un incendio que, en todo caso, nunca debió salir del campo de maniobras. Está muy bien, además, que una vez que salió del campo, pidieran la colaboración de los civiles (esa gente), y hasta que mandaran a la UME, una unidad contra el fuego que es militar por voluntad política pero que podría no serlo, claro. Pero lo que se necesita es que el estado, por medio de las Fuerzas Armadas no tenga la soberanía exclusiva de suelo en Aragón para uso, disfrute, gratis, sin contraprestaciones y encima con importantes perjuicios como este fuego, los de años anteriores, los vuelos rasantes sobre poblaciones y hasta las maniobras por terreno civil. Como si tuvieran poco.



Humea la paridera. El fuego ya ha arrasado 1500 hectáreas. Es el precio de la actividad humana. Hubo un tiempo en el que nadie conocía el fuego. Y había incendios. Ahora es el hombre el que con su gestión absurda destroza el hábitat. Es el precio de la tierra. La tierra que nos da de comer, beber y vivir. La tierra que nos acoge, que acoge nuestras raíces, que vive con nosotros y que sufre nuestro contacto. Es el precio. A veces el precio es tan alto que no merece la pena. Sin embargo un SMS es barato, y por eso nos cuesta poco mandarlo. No podemos mandar un sms a la tierra. “Lo siento, perdona, te quiero”. Pero sí a otras personas. Mensajes de borracho, de loco o de cuerdo. Ese es el espíritu, he dicho más de una vez. LAs letras entre los dedos me devuelven a la tierra. Nos devuelven al polvo. Y nos restriegan la ceniza por la cara. La ceniza que tenía un precio. Más allá de los 15 céntimos de un sms. El precio de una vida humana entre la tierra quemada. Un sacrificio frente al despecho. La tierra, se quemaba en Obón.


