Audaces fortuna iuvat

Lunes, diciembre 12, 2011 20:12
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Audaces fortuna iuvat. Ye una d’ixas mazadas que se gosan sentir á ormino. Audaces fortuna iuvat. Audaces fortuna iuvat. La sentimos quan que charran d’as interpresas, d’as decisions importants. Bella vegada, mesmo la sentimos quan charran d’a Eneida de Virgilio, o suyo contexto orichinal. Audaces fortuna iuvat.

Debant d’ista mazada podemos trobar atras. Por eixemplo, una d’irlandesa que siempre m’ha feito goyo “Mas vale ser cobarde un segundo que muerto ta tota la eternidat”. Y d’atras parellanas, claro. Pero me quedo con a primera. Audaces fortuna iuvat. Ye un chilo de guerra. Ta tirar entabant. Ta fer decisions. Ta creyar y creyer. Ye o “Desperta ferro” d’os latinistas, y d’os que prefieren mazadas menos guerreras, quan no saben que o contexto ye, precisament, d’una guerra.

Audaces fortuna iuvat. Mos deixamos seducir por ixas parolas. Queremos fer dispertar o fierro. Queremos ser valients. Queremos creyer. Creyemos. Y tiramos ta debant. Pero, mira, de vegadas, a fortuna ye una mala puta. Y o fierro no dispierta ni pa dios. U s’aduerme, silencioso, a nonón, a nonón. Y alavez, y nomás que en ixe inte, mos femos os suecos. Ta qué ser valient? mira que podié no haber feito ixo…Por qué me decidíe?

Y ta que sirve dicir ixo? Ta cosa. A lo menos, deixar-se levar, creyer, enrestir, creyar, decidir, fer, achuntar, plegar levaus en as alas d’a fortuna u d’o fierro de l’esmo d’o corazon d’as mans d’a vida ye más important que o risultau. A vida ye ta vivir-la y ta entivocar-se y tornar-se a entivocar y no fer-lo. As decisions feitas son t’aprender d’ellas. Que a fortuna alcompanye u no pas ye custión menor. De vegadas caleba dicir sí. Porque sí, y porque, de vegadas, a fortuna tamién s’entivoca de camín.

En unatra espiral que se repite cada bels años

Viernes, febrero 5, 2010 19:08
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Deziban l’atro diya que as galaxias no yeran espirals en orichen. Puestar que no, yo tampoco no soi astronomo, nomás caleba ixo. Dizen, de feito, que ixos conchuntos d’estrelas teneban formas rarizas en os tiempos d’antismás. Pero ye esclatero, y a bida asinas mos lo amuestra, o mundo ya ye una espiral cutiana.

Fa años que triballaba en o Faro de Cartagena, dimpués Casa del Libro, agora ya fa 4 (y pico) que treballo ta Mediapro en Aragón Tv. Y siempre bi ha ziclos que se repiten, y parixe que agora ye un d’ixos ziclos. An lebará isto? Nomás o tiempo lo dirá, pero as sensazions, os prexins, l’esmo y pensamientos que me prebocan os diyas de güé ye parellana a aquels tiempos. Pero yo agora no tiengo 26 nián 30 años.

Eraclito, ixe profeta.

ποταμοις τοις αυτοις εμβαινομεν τε και ουκ εμβαινομεν, ειμεν τε και ουκ ειμεν τε

Los números que te cambian la vida (y la de tu cartero)

Jueves, noviembre 12, 2009 10:34
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Ha pasado desapercibido dentro del maremagnum informativo, pero la noticia que de verdad cambiará la vida a algunos ciudadanos se ha producido en Teruel.

El Ayuntamiento de Teruel acaba de aprobar una nueva ordenanza sobre la nomenclatura y rotulación de las calles de la ciudad. La decisión se ha tomado, a raíz de los problemas surgidos en algunas calles de la ciudad, y para ajustarse a la normativa española sobre el tema.

El caso es que ahora las calles de Teruel serán numeradas tomando como origen la plaza del Torico. En Zaragoza, por ejemplo, está tomado como referencia el palacio de la Audiencia, si no estoy equivocado. Así que, sabiendo donde mirar, sabes donde está el número 1 o 300 de una calle. Más o menos.

Pero ahora llegan los problemas. Toda tu vida has vivido en el 81 de una calle y ahora, por arte de decisión municipal, vivirás en el 12. Y a cambiar los rótulos y a memorizar las nuevas direcciones. Realmente, no se a cuánta gente de Teruel puede afectar el cambio, pero me imagino a mi en el cambio. Tampoco es un cambio drástico, te vas acostumbrando a lo largo de la vida a memorizar direcciones, teléfonos, a borrarlos y olvidarlos. Suelen ser las circunstancias de la vida las que lo hace.

En este caso, la circunstancia es una decisión del ayuntamiento, claro, pero así de leve es nuestra vida. De repente, un hecho minúsculo nos cambia el rumbo. Un mini efecto mariposa privado. Descubrir tras cada papel desordenado que levantamos todo un mundo de perspectivas.

De la coincidencia y yo (capítulo 3): El ángel sexuado

Martes, junio 16, 2009 21:54
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Me miraste desde detrás de un escaparate

Me miraste desde detrás de un escaparate

Me miraste desde detrás de un escaparate. En Zaragoza, paseando por la calle Santiago. Me miraste con esos ojos almendrados, con tus alas, semidesnuda. Me encantó tu nariz, enrojecida, tus orejas saliendo entre tu pelo. Te vi las alas, aunque me dijiste con tu mirada que no era lo habitual. Tu mirada. Tu media sonrisa. ¿O no era una sonrisa? Me perseguiste desde detrás del cristal. Durante mucho tiempo. Me dolía no poder ver tus manos, oír tu voz. Soñé con ellas muchas noches. Soñe con tus ojos almendrados otras tantas. Soñé que me tocabas y te tocaba. Pero desapareciste. Del cristal, de mi vida. Del mundo.

A fin de cuentas eres un ángel, que apenas pisa la tierra, que no deja huellas en el suelo pero sí en las almas. Poco imaginaba que semanas después cruzando todo un océano te volvería a encontrar y no en mis sueños como era habitual

Tu mirada seguía inconfundible

Tu mirada seguía inconfundible

Te habías transformado, claro, eres un ángel. Entornabas los ojos, pero tus orejas seguían saliendo entre tu pelo suave, tu nariz inconfundible, la boca que me moría por besar. Eras tú, de nuevo, en Washington. Me dio un vuelco el corazón, porque soy impresionable, mucho, sentimental, bastante, pasional, en ocasiones y un poco imbécil, la mayoría de las veces. Me sonreíste, o creí que me sonreías. Volvías a estar, y, sobre todo, me dejaste mirarte de nuevo, entera, tus manos, tu cuerpo, tus hombros, tu espalda.

Por fin te vi entera mientras me mirabas de reojo

Por fin te vi entera mientras me mirabas de reojo

Mi ángel sexuado había vuelto convertido en piedra, inmutable en el recuerdo, quizás, sonriendo sin sonreír, estando sin estar, siendo sin ser. En mi mundo es la casualidad la que me llevó en mi propia espiral hasta encontrarte de nuevo. En el tuyo, sin tiempo, sin espacio, sabes que siempre estás cuando quieres estar. Y agradezco que quisieras estar.

Al volver a Zaragoza tú volvías a no estar, pero Joan Manuel Serrat llegó a un concierto y dijo que nadie se baña dos veces en el mismo río “pero a pesar de eso, con qué ilusiones regresamos una y otra vez al río donde fuimos felices, con qué ansia regresamos a aquella felicidad y a lo que la vida tenga a bien servirnos” ¿Tú crees? Serrat es un espiralista, quien nos lo iba a decir.

El cuadro es de Antonio Cásedas, y lo vi en la galería de Pilar Ginés en la calle Santiago de Zaragoza. La escultura es de Giovanni Antonio Amadeo, escultor italiano del siglo XV, y vi esa obra en el Museo Smithsonian de Washington.

De la coincidencia y yo (capítulo 2): La longaniza

Viernes, junio 12, 2009 17:01
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Mucho menos dramática que la de ayer , la coincidencia de hoy tiene que ver con mis ojos hechos al paisaje humano, urbano y rural de este país que damos en llamar Aragón.

Paseando por Nueva York descubrí un Aragón oculto, pequeñito y sólo visible a los ojos de los entendidos. A la entrada de Chinatown descubrí una tienda de ultramarinos en la que un cartel llamaba la atención.

La longaniza en 2009

La longaniza en 2009

3 dólares valía este año una cierta cantidad de longaniza, sea lo que sea, porque a pesar de mi post, parece evidente que no tiene nada que ver con nuestra tradicional, sabrosa y maravillosa longaniza “de-toda-la-vida”. Cuando llegué a trabajar nada más volver de las Américas una compañera que tiene una panadería en forma de blog, me dijo que la foto del cartel le sonaba mucho. En efecto, hace poco más de un año ella también estuvo en Nueva York y paseando por Chinatown, además de explicarlo estupendamente en su blog, le hizo la misma foto al mismo cartel.

La longaniza en Chinatown en 2008

La longaniza en Chinatown en 2008

La longaniza el año pasado estaba a 2.75 dólares. La inflación de la longaniza en Chinatown. Titular: “El precio de la longaniza en Chinatown subió casi un 10% en el último año”. Horrible sensación.

De la coincidencia y yo (capítulo 1). El Museo del Holocausto

Jueves, junio 11, 2009 17:38
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El mundo es espiral. La vida es espiral. Mi vida es espiral. Que sí, que lo digo a veces, que sí, que lo interpreto a veces, que sí que todo va y viene y retrocede. Es cierto. Decía Heráclito eso del río y mojarse  en el mismo río con diferente agua y todas esas cosas. Y yo lo creo. Pero además de espiral la vida es coincidencia. La vida es casualidad. Es más, nuestros ojos hacen que sea casualidad. Por ejemplo, ¿ha habido esta semana más incidentes de Airbus que hace un mes? Probablemente no. Son nuestros ojos que tras la tragedia del Airbus de Air France han decidido estar más pendientes de lo que pasa con los airbus. Y como los periodistas somos ojos y nuestros jefes son ojos con ganas de marcheta, pues cada día otro Airbus nos sufre un susto en cualquier lugar del mundo, y lo contamos.

Por eso las coincidencias a veces no son tanta coincidencia como que nuestros ojos, nuestra cabeza, quieren ver la coincidencia o están más abiertos a percibirla. Este es el primero de una serie de posts sobre últimas coincidencias que mis ojos han visto, y mi piel ha sentido. Tienen que ver con cruzar un océano. Tienen que ver con vivir al lado de un río. Tienen que ver con mi gusto. Tienen que ver con mis sensaciones.

Hace poco más de una semana visité en Washington el Museo del Holocausto. Conté aquí mis sensaciones, entre otras muchas. El Museo, ese museo, es algo más que un recorrido por el horror. Es una enorme institución didáctica que reparte culpas y agradecimientos entre mucha gente, incluidos judíos, gentiles, estadounidenses y europeos. Organiza charlas con supervivimientes del Holocausto nazi, difunde vídeos, libros, campañas y sentido para que algo así no vuelva a repetirse. Está, además, pendiente, de otros holocaustos, de Darfour o de Ruanda. Me gustó la forma en que combina horror, historia, información y esperanza, y por eso no es de extrañar que haya a quien no le guste, o que lo odie.

Sorprendían las medidas de seguridad, pero ayer se demostraron necesarias. Ayer, un supremacista blanco, osea, un imbécil, de 88 años, entraba disparando indiscriminadamente en ese museo matando a un guardia de seguridad e hiriendo a otro. Quizás me registró el otro día, pudiera ser, o quizás, no. Así expresa la gente del museo su dolor:

There are no words to express our grief and shock over today’s events at the Museum, which took the life of Officer Stephen Tyrone Johns. Officer Johns, who died heroically in the line of duty, served on the Museum’s security staff for six years. Our thoughts and prayers go out to Officer Johns’s family. We have made the decision to close the Museum Thursday, June 11, in honor of Officer Johns and our flags will be flown at half mast in his memory.

El idiota asesino tenía 88 años, porque la idiocia y el odio no tienen edad. El idiota asesino ha demostrado que lo que enseñan en el Museo hay que seguir enseñándolo. El idiota asesino ha hecho del odio su vida, en una espiral que le llevó a combatir en la Segunda Guerra Mundial contra aquellos a los que admiraba, los nazis. La vida, a veces, da vueltas incomprensibles, que, en este caso han acabado con la muerte de una persona a la que puede ser que yo viera hace poco más de una semana.

Luna de platica

Viernes, marzo 13, 2009 18:46
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Bajo la luna en el columpio

Bajo la luna en el columpio

Esta es la responsable de que no duerma. Ahí está. Está entre fantasmagórica y tenebrosa. No parece importar a los que hablan sentados en un banco que ella se eleve sobre las torres del Pilar. A saber de que hablan en esta noche de luna llena sobre el Pilar. No se si son dos amantes, dos pescadores cansados, dos ladrones planeando un golpe, dos yonkis. Cualquier tipo de personas que pueblan la ciudad pueden sentarse en ese banco bajo esa luna febril, amarillenta, como ajada.

Así que me alejo. En el fondo querría estar sentado en ese banco bajo esa luna. Ya no que puedo dormir me gustaría elegir cómo, cuando y con quien. Es la suerte de pasar por un puente cada día. Cruzas de orilla a orilla, ves el río, el mismo río, distinta agua. Ves la luna que crece y mengua. Ves a quien pesca, a quien cruza corriendo, andando, con bolsas, en bicicleta. Vives el roce de los taxis en tu pierna mientras pedaleas. Miras la vegetación, la que queda. Corres de camino a casa, vas despacio de camino al trabajo. Cruzar, cruzas. Sientes la espiral, el río y el agua que va hacia el este. Y mientras, bajo la luna llena que es vieja, dos personas se hacen confidencias en un banco. Quien pudiera estar en bajo la luna de platica, de plática.

Remolino de agosto

Lunes, agosto 4, 2008 11:29
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No me sorprende. Ya casi ni me perturba. Estoy acostumbrándome a este estar sin estar. Es como meterse en un remolino de viento y quedarse siempre en el centro. No es un tornado, porque no lo es. Ni es un huracán, porque no lo es. Pero el viento se mueve. Se mueve alrededor mío en esta calurosa noche de agosto. Decides decisiones, que es lo que se decide. O las tomas, porque te las ofrecen, o las dejas, porque te las ofrecen. Digamos que es como si a Juan Alberto Belloch alguien le ofrece dinero por construir algo en un sitio y lo toma o lo rechaza. Podemos decir. Después ese camino que tomas, que nace de tu voluntad, te lleva a otro camino, a otra puerta, a otra vida.

Pongamos, por ejemplo, que José Ángel Biel acepta seguir mandando en Aragón por una ley de lenguas que Marcelino le ofrece. Pongamos. Eso, sin duda, lleva a que en algún momento haya que hablar de esa ley, haya que crear esa ley, incluso haya que aprobar esa ley. Si tomas esa decisión, la tomas en todas sus consecuencias.

Y es aquí donde llega mi torbellino, mi remolino, mi pequeño viento personal que me rodea y no me refresca, sino todo lo contrario. He tomado el camino A. Por muchas razones, decidí el camino A, y esperando el lugar al que me dirigía ahora surge un remolino B que ni siquiera responde a mi decisión. Es un problema, desde luego, porque al tomar A había decidido quedarme quieto, aguantar remolinos y espirales, disfrutarlas, sentirlas, vivirlas. Y el viento gira y gira, desde luego. Gira tanto que soy incapaz de salir de ese centro en el que el viento no me toca. Hasta que me toque. Y mientras, sin querer, o queriendo, que eso ya no tiene ni solución ni importancia sigo montado en mi globo aerostático esperando el viento que me toque. Uno que yo quiero, desde luego, pero que ya no se si quiero porque lo quiero, o lo quiero por lo que no quiero. Y yo ya me entiendo, que a veces, Purnas, sirve como psicólogo.

Tengo que ir a Japón

Jueves, mayo 15, 2008 21:42
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Alentado por el desconcierto fumo y bebo un vaso de leche con cola cao. Hacía días que no sentía mi alma perturbada. O que no sentía la perturbación de mi alma, mejor. Como todo lo que fluye y refluye mi alma perturba y reperturba. No hay duda. De repente me he visto descubierto. Me he visto retratado. Me he visto mirado por los ojos de otro. No es nuevo. No es preocupante. No es grave. Perturba a mi alma perturbada de colacao y chocolate que quien me haya visto no me conozca. Perturba a mi alma perturbada que quien me haya visto viva a miles de kilómetros de distancia. Perturba a mi alma perturbada que si el otro día me detuve de leer un libro, que al fin acabé no sin problemas, hoy me he vuelto a detener por distintos motivos. Me detuvo una frase odiosa de un libro tópico. Me detienen 17 páginas de un retrato que ni yo mismo podría haber pintado mejor.

Me detengo en el libro porque no quiero estropear la magia. Sé más o menos lo que viene después. La magia seguirá un tiempo, creo, pero la sacudida voltaica de estas páginas, breves páginas, me ha acelerado el alma perturbada, el corazón perturbado, la mente perturbada. Casi tanto como descubrir que el único reloj que salía en Lost in translation, ejemplificando el insomnio de Bill Murray, se paraba como por arte de magia en las 4 y 20 de la madrugada. Hace tiempo que no me despierto a esa hora, pero aquellos días de zozobra tuvieron el reflejo en una película reflejada.

“Nací el 4 de enero de 1951″. Esa es la primera frase de “Al sur de la frontera, al oeste del Sol“  del japonés Haruki Murakami. Yo nací el 4 de enero de 1975. Esta es la primera frase de mi autobiografía. Tiene su gracia…si no fuera porque todo empieza a confluir después. Hajime, el protagonista, cuyo nombre quiere decir principio, no como el mío, es hijo único, como yo. Hajime, el protagonista, estudia lo que le gusta y lo que no, no. Cosa común. Hajime, el protagonista, dice en la página 17 que “cuando escuchaba concentrado y con los ojos cerrados, podía ver como del eco de esa música, nacían diversas espirales. Surgía una espiral y, de esa espiral, surgía otra distinta. Y la segunda espiral se entrelazaba con una tercera. Y esas espirales, vistas con los ojos del presente, poseían una cualidad conceptual y abstracta“. Ahí es nada. Cumpleaños, hijos únicos, espirales.

Aquí ya tuve que respirar. Despacio. Dos veces. Ha hecho el cansancio el resto, y he dormido. Ahora he vuelto a retomar el libro, repuesto del susto de ver mi voz surgir de la voz de un protagonista que nació el mismo día que yo. Retomado y dejado. Tan dejado que sigo sin saber si quiero leer más. Si quiero sumergirme en un alter ego de espirales, música y viento. Si quiero sumergirme en la frase que me ha obligado a volver a dejar de leer. “Aún hoy recuerdo el tacto de su mano aquel día. Es un tacto diferente a todo lo que he experimentado después. En aquellos cinco dedos y aquella palma se concentraban, como en un catálogo, todas las cosas que yo quería saber, todas las cosas que tenía que saber. Y ella, al tomarme de la mano, me las enseñó”.

Demasiado. Manos, espirales, viento, cumpleaños. Yo no tengo los ojos rasgados. Y no me llamo Hajime. Y seguro que después de esta página se acaba la magia, o no. Me he visto en letras. Me ha vuelto la perturbación del perturbado. He visto a un fantasma mirándome a los ojos. Un fantasma que es el yo que se me aparece en sueños, en esos sueños de imposibles que de tan dulces deseas soñar y soñar. El fantasma que escribió esto entre espirales y viento:

Así que aquí sigo. Volviendo a volver. Vuelvo a volver. Volvería a volver. Ahora aquí sigue habiendo desierto en los ojos. Ahora aquí sigue habiendo mar y montaña. Ahora sigo durmiendo la siesta girando sin parar. Mientras mi cabeza vuela mi cuerpo aterriza. Cuando mi cabeza aterriza es mi cuerpo el que vuela. Y todo tiene sentido sin tenerlo. Porque soy espiral. Porque soy círculo. Porque quiero otros círculos. Porque en el fondo, lo que quiero, es lo que siempre quise. Desde pequeño. Y que tuve durante un tiempo, cuatro años, concretamente. Las raíces todavía me lo impiden.  Pero mis raíces están creciendo con fuerza. Se van sin querer hacia el este. O no. Quiero ser tan espiral que pueda tener raíces en todos los sitios en los que, alguna vez, fui feliz.

Y además, igual tengo que ir a Japón.

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Hasta el mar, al menos

Jueves, abril 10, 2008 23:43
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Si dijera que hoy necesito más horas, no mentiría. Si dijera que me apetecía que el día tuviera más horas, tampoco mentiría. Hoy he estado tan activo como la difunta Arwen en sus mejores noches de rueda en la jaula. En el fondo todo ha sido producto de una agenda apretada. De las ganas de hacer cosas. De un proyecto para verano y otro para el jueves que viene. Y también, porque no decirlo, para acallar las circunvoluciones de mis neuronas rebeldes. Las que se revuelven contra la realidad y quieren ver las cosas como no son.

La ecuación del día se resume en hiperactividad mental, y física, y psíquica…para aprovecharla, difundir, crear e imaginar y para no pensar en lo que no quiero pensar. En el fondo soy un pobre pelele. Lo se. Pero al menos, a veces, me gusta revestirme de fuerza, energía y actividad. Y tirar pa’lante.

Sequía o crecida el río sigue. Hasta el mar, al menos.

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