El agua sigue su curso. El Ebro crecido
Sábado, enero 31, 2009 16:18
Cuando el río crece la ciudad contiene el aliento. Estamos acostumbrados a las primaveras brutales de caminos anegados y campos inundados río arriba. Desde lo que fue la Expo, en plena deconstrucción, la imagen es la metáfora de la historia de esta ciudad. Los hitos se quedan, el agua pasa.
Los escombros rodean el recinto de la feria que fue. Algunos, con ramas traídas de Pradilla, de Cabañas, de Alcalá, bajan ahora arrastrados por la corriente. El Ebro sigue siendo el mismo. El que está seco en agosto y ahora ruge, como con ruido de mar, para decirnos que sólo somos una gota de agua en el océano infinito de la historia. Agua que pasa. Agua que arrastra. Río que vive y sueña con el mar. Río que sube y baja. Río infinito de gotas infinitos y espacios finitos. El discurrir del río nos sorprende cuando es rápido, cuando es caudaloso o cuando no es. Pero siempre está ahí, el río. Hasta cuando está seco, como otros ríos que están secos, las piedras, el cauce, las ramas, los mosquitos…todos recuerdan que ahí hubo un río. Que ahí hay un río. Un río que sigue su curso, con la historia, con nuestra historia. Con nuestras historias.





