Las 40 estilo Shangai

Jueves, octubre 1, 2009 17:53
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Como con todos los cambios sociales las ciudades que nos ha tocado vivir están adaptándose poco a poco a las nuevas realidades. El bar de toda la vida lo llevan personas venidas de China, el que cuida al abuelo es ecuatoriano, el que nos hace la obra del baño es rumano y el que arregla la zanja de la calle senegalés. Es decir, los venidos de fuera hacen lo mismo que hemos hecho entre nosotros toda la vida (y aquí incluyo también lo malo, claro). El encaje (o no) de estas nuevas realidades responde a muchos criterios, partiendo de la madurez de una sociedad y llegando a la situación económica. En efecto, y no es la primera vez que lo digo, el estado ideal es en el que sin perder lo que somos no veamos a los “nuevos” como “nuevos” sino como nosotros. Sí, nadie dijo que fuera fácil. No lo es.

A mí me siguen llamando la atención esos contrastes que se producen. Nos hace gracia el niño oriental vestido de jotero o que baila un paloteau. Seguimos sonriendo cuando el camarero marroquí dice “joder” o “hijoputa”. Todavía nos choca ver a gente de “colores” diferentes cogidas de la mano o dándose un beso.

Hoy se cumplían 60 años de la revolución en China. 60 años cargados de muerte, desarrollo, modernización, servidumbres, planes, oscuridades y falta de democracia. 60 años que han seguido viendo como muchos chinos, como siempre, salían de su país para ir a otros países a hacer lo que parece que han hecho siempre. Trabajar, trabajar, montar negocios, bajar precios y trabajar. Hoy, Ran, el dueño del bar de debajo de casa miraba en CCTV-E (el canal en español de la televisión china) el macrodesfile que han celebrado en Pekín.

tele

Mientras en la tele veíamos desfilar perfectamente sincronizados a miles de chinos Ran suspiraba en cada cohete. “Dinero que se convierte en humo”, ha dicho. Claro. Debajo de la tele, ajenos al desfile y a los comentarios míos y de Ran, cuatro personas practicaban uno de los deportes nacionales. Jugaban al guiñote.

guinyote

Son imágenes de este país nuestro. Guiñote y revolución. Y con sus problemas y desencajes, esta es nuestra realidad, la de poder cantar las cuarenta mientras la televisión homenajea a Mao, gracias a uno de los hijos de Mao que no pudo aguantar más allí y decidió venir aquí a empezar una nueva vida. Ran canta hasta los goles del Zaragoza, y cuando juega al Championship Manager elige al Zaragoza como equipo. En el bar sigue el guiñote sigue pero no alabamos a Mao, aunque algunos hemos aprendido a decir Xiexie. En el fondo todo es más fácil cuando pensamos en personas y no en números o rasgos faciales. Claro, que, para eso, hay que conocer a las personas, y, para eso, hay que acercarse. Habrá quien diga que nunca ha visto a un chino en Zaragoza, igual que hay quien dice que nunca ha oído a nadie hablar alguna lengua en concreto. Con ojos cerrados es imposible ver.

El terremoto de China, twitter y el periodismo

Martes, mayo 13, 2008 23:02
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Hoy nos han contado en el Mundo que China tembló primero en twitter. Dice el periódico que:

Ni las agencias ni el Servicio Geológico de EEUU. Fue en Twitter donde en primer lugar se informó del terremoto que ha dejado más de 8.000 muertos en China. Con casi tres minutos de antelación, un usuario de este sitio de Internet ya advertía: “Terremoto, no estoy seguro de su magnitud. ¿Quizá cuatro?”

Por supuesto esto no es cierto. El primer establecimiento de comunicación en este terrible terremoto fue cuando alguien gritó “Terremoto” y avisó a quienes tenía cerca de lo que sentía. La comunicación no tiene necesariamente que pasar por ningún componente tecnológico para producirse, ni mucho menos. En todo caso es cierto que la función de twitter como acelerador de la comunicación se ha producido, en esta y en otras ocasiones.

Cuando hablamos el otro día en el Seminario de la A.P.A., yo decía que twitter, como tantas otras herramientas en Internet, son mecanismos que el periodista debe conocer. El periodista debe aprender de las fuentes tradicionales, portavoces, gabinetes, “soplones”, “chivatos”, filtraciones, boletines, actas…Y ahora también el ingente rastro de información que vamos supurando en internet cada uno se convierte en una tremenda fuente de información.

Herramientas como twitter, como Facebook, como Xing, posibilitan además la creación de círculos sociales amplios y unidos por unos lazos realmente livianos que permiten conocer gente con la que sólo compartimos, que se yo, el lugar de procedencia, el color de los ojos, o el gusto por los Kiss. Se convierten por tanto no sólo en fuentes de información, como en el caso que conté ya de Pena-Roja de Tastavins y el cable de cobre, sino también en generadores de nuevas fuentes de información. Gracias a twitter hoy he hablado con Antonio Broto, aragonés que vive en China, y a pesar de que no nos hemos visto nunca ni hemos hablado por teléfono, hemos concertado una entrevista para que nos contara de primera mano como vivió el terremoto. Así pues, un lazo liviano que me une con Broto (somos aragoneses y tenemos un blog) ha permitido conocer una realidad en primera persona a miles de kilómetros de distancia.

Esto hace a todas estas herramientas tremendamente útiles. Ni son mejores, ni peores. Simplemente están y hay que aprovecharlas. Como las demás. Una cerveza a tiempo también descubre información. Un comentario sin intención puede orientar nuestras pesquisas. Una llamada de teléfono, una carta o un mail, abren puertas y ventanas. Las redes sociales, Internet, la web 2.0, las interconexiones son para un periodista lo de siempre, pero diferente. Pero más rápido. Pero más incoloro. Y funciona.

Si además de hablar de twitter, de la comunicación y de las herramientas del periodista, interesa lo importante del tema, que es el desastre de China, podemos ojear el blog de Antonio y en especial este post, cartografía de desdichas, que resume un año negro para China en el que iba a ser su puesta de largo en el mundo con las Olimpiadas de Pekín.

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