Bienvenido, Mr. Sueco

Miércoles, septiembre 23, 2009 16:43
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El Rey de Suecia, que debe pintar tanto como el de España, estuvo ayer viajando por la Península Ibérica como un señor. En un recorrido digno de los folletos de viajes con “información comercial” mr. reysson viajó en AVE de Barcelona a Zaragoza. De allí, justo después de la pequeña demostración comercial, ale, a Soria en autobús.

La demostración comercial, por cierto, la llevaron a cabo José Blanco, ministro de Fomento español, Marcelino Iglesias, presidente de Aragón y el alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch. Todo un lujo. Faltaba el obispo, el delegado del Gobierno español en Aragón, que no debía estar, porque no se le ve en las fotos y siempre sale y algunos voluntarios de la Expo. ¡Bienvenido mr. Sueco!. Claro que la visita duró poquito, unos seis minutos, vamos, que ni para montar un cojín del Ikea.

Estos nórdicos, que son así, rapiditos. Eso sí, la cobertura informativa, como si se hubiera quedado 25 días con todo su séquito. Debe ser que echamos de menos las visitas de la Expo, esos príncipes de Japón, esos ministros de Mozambique, esos presidentes de Mauritania a los que luego derrocaban. Qué tiempos aquellos.

En el Periódico de Aragón. Seis minutos reales
En Europa Press: El Rey de Suecia impresionado por la alta velocidad española. Y eso que para velocidad la suya, porque recorrer la estación de Delicias de Zaragoza en menos de seis minutos es todo un récord, para mí que subió las escaleras mecánicas por el lado equivocado.

¿Y si soy un AVE?

Miércoles, febrero 27, 2008 22:49
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Igual soy un AVE y para ir a Barcelona tengo que ir primero a Madrid. Quizás. O igual el AVE no iba a ser la solución mágica para todos los problemas de Aragón. Quizás. Como no lo será la Expo, ni por supuesto esa Gran Scala que negocian en secreto entre un gobierno y una empresa que no existen. En plural. O quizás sí, y sólo soy un desencantado proyecto de AVE que rueda a menos velocidad de la que debería. Quizás. O es que realmente a pesar de que me da igual que Rajoy o Zapatero gobiernen en Madrid, acabo prefiriendo a uno de los dos. Igual. Al menos tengo clara mi vocación de no ser ni carne ni pescado. De no callar. De no asentir. De resistir. De vivir, en suma y no de que me vivan. Que bastante tenemos con lo que tenemos. 

Eso sí, reconozco que a veces hay que morir al palo de decisiones de otros. Desde la punta del pie hasta el último cabello. Apechugando, que es gerundio. 

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