Tengo que ir a Japón

Jueves, mayo 15, 2008 21:42
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Alentado por el desconcierto fumo y bebo un vaso de leche con cola cao. Hacía días que no sentía mi alma perturbada. O que no sentía la perturbación de mi alma, mejor. Como todo lo que fluye y refluye mi alma perturba y reperturba. No hay duda. De repente me he visto descubierto. Me he visto retratado. Me he visto mirado por los ojos de otro. No es nuevo. No es preocupante. No es grave. Perturba a mi alma perturbada de colacao y chocolate que quien me haya visto no me conozca. Perturba a mi alma perturbada que quien me haya visto viva a miles de kilómetros de distancia. Perturba a mi alma perturbada que si el otro día me detuve de leer un libro, que al fin acabé no sin problemas, hoy me he vuelto a detener por distintos motivos. Me detuvo una frase odiosa de un libro tópico. Me detienen 17 páginas de un retrato que ni yo mismo podría haber pintado mejor.

Me detengo en el libro porque no quiero estropear la magia. Sé más o menos lo que viene después. La magia seguirá un tiempo, creo, pero la sacudida voltaica de estas páginas, breves páginas, me ha acelerado el alma perturbada, el corazón perturbado, la mente perturbada. Casi tanto como descubrir que el único reloj que salía en Lost in translation, ejemplificando el insomnio de Bill Murray, se paraba como por arte de magia en las 4 y 20 de la madrugada. Hace tiempo que no me despierto a esa hora, pero aquellos días de zozobra tuvieron el reflejo en una película reflejada.

“Nací el 4 de enero de 1951”. Esa es la primera frase de “Al sur de la frontera, al oeste del Sol”  del japonés Haruki Murakami. Yo nací el 4 de enero de 1975. Esta es la primera frase de mi autobiografía. Tiene su gracia…si no fuera porque todo empieza a confluir después. Hajime, el protagonista, cuyo nombre quiere decir principio, no como el mío, es hijo único, como yo. Hajime, el protagonista, estudia lo que le gusta y lo que no, no. Cosa común. Hajime, el protagonista, dice en la página 17 que “cuando escuchaba concentrado y con los ojos cerrados, podía ver como del eco de esa música, nacían diversas espirales. Surgía una espiral y, de esa espiral, surgía otra distinta. Y la segunda espiral se entrelazaba con una tercera. Y esas espirales, vistas con los ojos del presente, poseían una cualidad conceptual y abstracta“. Ahí es nada. Cumpleaños, hijos únicos, espirales.

Aquí ya tuve que respirar. Despacio. Dos veces. Ha hecho el cansancio el resto, y he dormido. Ahora he vuelto a retomar el libro, repuesto del susto de ver mi voz surgir de la voz de un protagonista que nació el mismo día que yo. Retomado y dejado. Tan dejado que sigo sin saber si quiero leer más. Si quiero sumergirme en un alter ego de espirales, música y viento. Si quiero sumergirme en la frase que me ha obligado a volver a dejar de leer. “Aún hoy recuerdo el tacto de su mano aquel día. Es un tacto diferente a todo lo que he experimentado después. En aquellos cinco dedos y aquella palma se concentraban, como en un catálogo, todas las cosas que yo quería saber, todas las cosas que tenía que saber. Y ella, al tomarme de la mano, me las enseñó”.

Demasiado. Manos, espirales, viento, cumpleaños. Yo no tengo los ojos rasgados. Y no me llamo Hajime. Y seguro que después de esta página se acaba la magia, o no. Me he visto en letras. Me ha vuelto la perturbación del perturbado. He visto a un fantasma mirándome a los ojos. Un fantasma que es el yo que se me aparece en sueños, en esos sueños de imposibles que de tan dulces deseas soñar y soñar. El fantasma que escribió esto entre espirales y viento:

Así que aquí sigo. Volviendo a volver. Vuelvo a volver. Volvería a volver. Ahora aquí sigue habiendo desierto en los ojos. Ahora aquí sigue habiendo mar y montaña. Ahora sigo durmiendo la siesta girando sin parar. Mientras mi cabeza vuela mi cuerpo aterriza. Cuando mi cabeza aterriza es mi cuerpo el que vuela. Y todo tiene sentido sin tenerlo. Porque soy espiral. Porque soy círculo. Porque quiero otros círculos. Porque en el fondo, lo que quiero, es lo que siempre quise. Desde pequeño. Y que tuve durante un tiempo, cuatro años, concretamente. Las raíces todavía me lo impiden.  Pero mis raíces están creciendo con fuerza. Se van sin querer hacia el este. O no. Quiero ser tan espiral que pueda tener raíces en todos los sitios en los que, alguna vez, fui feliz.

Y además, igual tengo que ir a Japón.

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He tropezado con un párrafo. El juego del ángel

Jueves, mayo 1, 2008 23:04
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Me he tropezado en un párrafo. Ha sido como de repente. Pero ha sido un tropezón importante, de esos que acaban de decidirse normalmente cuando caes al suelo, con las manos por delante o con la nariz. Casi sin gafas. Me leí la “La sombra del viento” casi de un tirón, en una noche, quizás. Me hundí en ese universo de una Barcelona extraña y conocida a la vez, con su misterio, sus amores imposibles, y la magia de los libros por el medio. Hay best sellers que merecen venderse.

Con las mismas ganas compré “El juego del ángel” y lo empecé ayer. Con ganas, insisto. Recordé la forma de escribir de Carlos Ruiz Zafón. Recordé el cementerio de los libros olvidados y abrí por la página 1. Y allí el tropezón. Allí la conmoción. Un párrafo infumable. De los que quitan ganas de leer. Tiene que ver, supongo, que me gustan las frases cortas. Los puntos. Las comas. Tendrá. Tiene que ver, seguro, que no me acaban de convencer los adjetivos góticos e innecesarios. Después reconozco que he pasado el mal trago, y he seguido leyendo, pero ni las ganas son las mismas. Me costará. Cuando te decepcionan cuesta recuperar la confianza. Hasta con los libros. El párrafo en cuestión, unos amigos:

La sede del diario se alzaba tras el bosque de ángeles y cruces del Pueblo Nuevo, y de lejos su silueta se confundía con la de los panteones recortados sobre un horizonte apuñalado por centenares de chimeneas y fábricas que tejían un perpetuo crepúsculo de escarlata y negro sobre Barcelona.

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Impresiones de librería. César Vidal, la novela histórica y Serbia

Viernes, marzo 14, 2008 1:20
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He estado estos días rondando por las librerías de la ciudad. Siempre que entro a una, y más cuando entro a la Casa del Libro , evidentemente, recuerdo mis tiempos del chaleco verde. Es inevitable. Ya hace dos años que dejé de trabajar allí, pero todavía cuando entro miro el orden en que están los libros, me indigno con la publicidad de algunos libros, navego por las secciones en busca de libros mal colocados. La rutina de tres años. Tanto es así, que ahora que estoy por fin catalogando mis libros, ya que tengo memorizados códigos y secciones, la librería de mi casa es una mini Casa del Libro en clasificación. Y alguna cosa más. En fin, para qué memorizar otras clasificaciones. (Apunte: Impresionante el programa Alexandria , para Linux, a la hora de catalogar de manera sencilla una librería doméstica)

En mi última incursión de esta semana para elegir un libro para Romanços! apunté tres cosas en mi libreta. Para escribir este post. Tres sorpresas, o tres indignaciones, o tres reflexiones, o tres libros. Tres, en todo caso. Para no abarrotarme de sensaciones, que suele ser uno de los problemas cuando entro a una librería, y luego lo nota mi cuenta. Por ejemplo. Y mi espacio, por otro ejemplo. Pues tres, digo. Hoy, además, me apetece numerarlas.

  1. Yo soy historiador además de periodista. Desde pequeño siempre me gustó lo que llaman la novela histórica, y, siempre, hasta hace poco, era una de las secciones fijas cuando deambulaba por las estanterías de una librería. Aún así, siempre pensé que la novela histórica no deja de ser un género de nombre absurdo. Todos entendemos lo que quiere decir. Novela de época (la que sea) donde se mezcla hecho histórico con hecho ficcionado. Es decir, como casi todas las novelas. TOdas ocurren en un tiempo de la historia (pasada, presente y futura), y tienden a mezclar lugares imaginarios con lugares reales. Aún así, antes, cuando se hablaba de novela histórica se hablaba de Walter Scott , por ejemplo, de Mika Waltari …y después, más tarde, de Christian Jacq , o hasta de Noah Gordon , e incluso Jean M. Auel, Ken Follet o Ángeles de Irisarri . Cito autores sin orden ni concierto. Pero cito autores que establecían una época, investigaban, con mayor o menor fortuna, y colocaban a sus personajes en su contexto. Hoy, las estanterías de novela histórica están llenas de conspiraciones, sociedades secretas y enigmas seudomísticos. Basura copiada de basura. Pero que, además, tiene un peligro real. La diferencia entre ficción e historia no está fijada en el imaginario. Hoy, muchos neolectores aseguran conocer el misterio de la Magdalena, las claves de Leonardo, o la identidad de los miembros de una sociedad secreta. Después ya puedes ir con la historia…Ellos lo saben de la sección de “novela” “histórica”.
  2. César Vidal es uno de los principales detractores de la Ley de Memoria Histórica, la pacata ley que pretendía restablecer el honor y la memoria de los asesinados por el fascismo. Vidal lo hace desde su púlpito de la Cadena Cope, lo que no impide que, precisamente por el reavivado interés por la historia más reciente de España, César Vidal se dedique a escribir libros sobre la época con los que engordar. Su cuenta corriente, digo. El último es “Recuerdo 1936“. La ventaja que tiene Vidal sobre los historiadores (sí, sí, está licenciado…por una universidad americana que investiga Ovnis, concretamente), digo, que la ventaja que tiene, es que sus lectores acaban de descubrir los libros de historia. Por eso vende. Y vende, entre otras cosas, tesis franquistas, libros con títulos de libros de 1950 (como Paracuellos-Katyn), etc. Y por eso, se permite el lujo de sugerir en el autoprólogo de su libro que “Recuerdo 1936” es uno de los primeros libros sobre memoria oral de la Guerra Civil. TIene suerte, porque sus lectores no leerás los libros de memoria oral que se están publicando al amparo, por ejemplo de las Diputaciones provinciales, que, como todo el mundo sabe, son un nido de rojos. Como los demás historiadores, también rojos. Ni siquiera que Ronald Fraser escribió un tremendo libro de memoria oral de la Guerra Civil en 1979. Completo, metódico y 30 años antes que el de César Vidal. Por supuesto, el amigo Vidal se cuida mucho de citar ese libro. No sólo en el prólogo. Ni siquiera en la bibliografía.Hacer un libro de memoria oral de la guerra civil española y no nombrar “Recuérdalo tú, recuérdalo a otros ” debería estar penado por la ley. O, por lo menos, debería servir para desacreditar, una vez más, la forma de “hacer historia” de ese señor Vidal.
  3. Al menos descubrí que ya está en castellano “With their backs to the world”. Es decir, “De espaldas al mundo”, de Asne Seierstad. Lo leí en inglés hace dos veranos, mientras circulaba con un Renault Clío por Estonia, Letonia y Lituania. Entonces escribí ésto: “La autora de “El librero de Kabul”, Asne Seierstad, viajó durante cuatro años por Serbia entrevistando a personas públicas y no tan públicas y viviendo con ellos los cambios de un país enfrentado a sus propios demonios, y en pleno proceso de cambio. La periodista noruega llegó a Serbia todavía con Slobodan Milosevic en el poder, y se perciben en las entrevistas las experiencias vivencias y anhelos de una sociedad después de enfrentar una terrible guerra, de la que todo el mundo les culpa, los bombardeos de la OTAN, la limpieza étnica, y el difícil encaje de todo esto en una nueva Europa. Músicos, políticos, jóvenes, campesinos, viudas, mujeres de criminales de guerra. Todos exponen sus miedos y rabias en un mundo que les acaba de estallar en las manos“. Hoy se puede leer en castellano, y lo recomiendo vivamente. En especial, a aquellos a los que se les llena la boca con eso de la balcanización de España. Pero también en general. Detrás de los conflictos hay personas, y Asne Seierstad nos los enseña.

Mis tres ideas, mis tres reflexiones. Y los tres libros que me compré: “Ochenta y seis cuentos”, de Quim Monzó, “Al sur de la frontera, al oeste del sol” y “El libro de los amores ridículos”, de Milan Kundera. Uno de los tres será un R!

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La lluvia amarilla en el Heraldo

Jueves, enero 17, 2008 9:46
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Quizás es mi libro favorito. Quizás. Quizás es uno de los libros que mejor narra la soledad. Quizás. Quizás es uno de los libros que mejor narra la destrucción del mundo rural y de nuestro Pirineo. La Lluvia amarilla es un espejo en el que mirarse, pero…

A pesar de lo que publica hoy Mariano García en Heraldo de Aragón y en su versión digital “La Lluvia amarilla” no es de José Luis Llamazares sino de Julio Llamazares.

“El tiempo fluye siempre igual que fluye el río: melancólico y equívoco al principio, precipitándose a sí mismo a medida que los años van pasando. Como el río, se enreda entre las ovas tiernas y el musgo de la infancia. Como él, se despeña por los desfiladeros y los saltos que marcan el inicio de su aceleración. hasta los veinte o treinta años, uno cree que que el tiempo es un río infinito, una sustancia extraña que se alimenta de si misma y nuca se consume. Pero llega un momento en que el hombre descubre la traición de los años. Llega siempre un momento – el mío coincidió con la muerte de mi madre- el el que, de repente, la juventud se acaba y el tiempo de deshiela como un montón de nieve atravesado por un rayo. A partir de ese instante, ya nada vuelve a ser igual que antes. A partir de ese instante, los días y los años empiezan a acortarse y el tiempo se convierte en vapor efímero igual que el que la nieve desprende al derretirse- que envuelve poca a poco el corazón, adormeciéndolo. Y así, cuando queremos darnos cuenta, es tarde ya para intentar siquiera rebelarse” 

El problema de que un libro te cale, despacito, como las gotas del tiempo, es que luego cualquier alusión te la tomas como algo personal. Ajado por mis manos “La lluvia amarilla” descansa en mi estantería de gala. Lo releo a veces, más bien siempre. Abro sus páginas al azar, a veces. Lo leo entero una vez al año, por lo menos. Gotea el tiempo por sus letras. Por mis neuronas. Admiro a Julio Llamazares por haber podido escribir ese libro. Un libro así. Un libro que es un soliloquio que es un sueño que es un cuento que es un poema. Un libro que me atrapó hace muchos años y que me ha impedido subir a Ainielle. No he ido nunca. Me dolería hasta el alma. Igual que me duele que un libro tan aragonés que está escrito por un leonés no haya hecho que Mariano García, el corrector, el editor, el revisador, el director y quien sea, repasen, con el candor arrobado del admirador, cada letra de un texto que lo menciona de pasada. Que repasen el nombre del autor, que lo corrijan.

Es de justicia que José Satué “Memorias de un montañés” ocupe un lugar en el rincón de nuestra memoria colectiva. Es de justicia que en su voz hablen todos los que cerraron sus huertos, sus puertas y sus ventanas, los que quemaron o abandonaron sus cadieras. Es tan de justicia que por ello afear el artículo con el error de confundir el nombre del aragonés honorífico Julio Llamazares no hace sino prestar relevancia al hecho de que nosotros, urbanitas, vemos la Arcadia feliz, lo pintoresco, en la vida dura, salvaje, nevada y fría del viento y la soledad. Tan pintoresco que ni prestamos atención a lo que escribimos.

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Oferta en Los libros de Purnas

Lunes, noviembre 5, 2007 22:00
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No se si sabe todo el mundo que mantengo (muy poco, porque actualizo muy poco) un blog sobre libros . A través de él se pueden comprar directamente en una conocida librería en cadena del estado español. Desde las 00.00 horas del día 6 de noviembre, y hasta las 00.00 horas del día 7, cualquier pedido a través del blog Los Libros de Purnas sale con los envíos gratis. Así que ánimo y a leer. A través de este enlace llegáis a la oferta.

 

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La ladrona de libros

Lunes, octubre 8, 2007 15:17
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Hablé del libro el otro día en Libros de Purnas. Lo acababa de comprar. De oídas, que es como se compran los libros. He aprovechado la mañana de este lunes para acabarlo. Me parece una maravilla. Me ha emocionado profundamente. Me ha hecho sentir todos los amores que se entrelazan en una historia que narra la propia Muerte. Hans, Rosa, Liesel, Rudy, Max…son ahora parte de mi propio imaginario personal, donde se mezclan palabras, amores, sentimientos y odios. 

 

La Ladrona de Libros es una historia que cuenta miles de historias. Miles de palabras. Miles de otros libros. Es el pequeño homenaje de Markus Zusak a la literatura, a la vida, al amor, a la felicidad, a la tristeza y a la muerte. Me entero también que estuvieron a punto de editarlo en las colecciones para adolescentes, limitando su carga de sentimientos a un grupo, relativamente pequeño, de personas. Al final decidieron editarlo para todos. AHora es un best seller. Pero es mucho más que eso. Tiene metáforas tan apabullantes que ponen la piel de gallina. Y con eso, algo que es tan escaso en la literatura actual, merece ya un hueco en todas las bibliotecas.

 

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Contra la censura cultura e historia. Los Borbones

Sábado, julio 21, 2007 13:51
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En Libros de Purnas empiezo una selección de libros sobre la historia de la dinastía que por derecho de conquista reina en España desde el siglo XVIII. Por el momento, el libro no censurado del Jueves sobre la familia Real (Tocando los Borbones) y la historia de endogamía y enfermedad de los Borbones (La maldición de los Borbones).

 

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Eduardo Pons Prades. Otro trozo de memoria que se va

Miércoles, mayo 30, 2007 15:59
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Eduard Pons Prades, escritor, historiador y combatiente anarquista que luchó por la República durante la Guerra Civil y contra los nazis en Francia, ha fallecido este lunes en Barcelona a los 87 años.

Pons Prades, miembro fundador de la editorial Alfaguara, ha muerto en el hospital de Sant Pau de Barcelona, donde estaba ingresado debido a una grave enfermedad.

Este antiguo militante de la CNT se alistó en el ejército republicano con sólo 16 años y, tras combatir en Madrid y en el Ebro, fue herido en Barcelona en 1938. Un año después pasó a Francia, donde se sumó a la resistencia francesa.

Allí luchó con guerrilleros españoles y franceses en el departamento francés de Aude. También efectuó dos viajes clandestinos a España, donde fue detenido en enero de 1946, aunque pudo fugarse y vivió en Francia hasta 1964, cuando decidió volver a España.

 

Más…en El Mundo, y en Indymedia donde la biografía es muy completa.

 

Que la tierra te sea leve, compañero.

 

 

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Las manos invisibles de la memoria

Martes, noviembre 23, 2004 16:50
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Libros, y más libros. Cada hora más libros. A todas horas libros. Y menos mal. Los libros llenos de sentimientos, de crímenes, de horror, de alegría, de amor, de poesía, de pensamiento, de intelecto. Los libros. Mi armario no se parece a esto, pero me encantaría. Cada vez que abro uno es para quedarme horas embelesado. Es mi droga. Esta semana pasada, de martes a martes, me sorprendió Andrés Trapiello con “Los amigos del Crimen Perfecto“. Me conmovió y horrorizó a partes iguales el libro de un asesinado, Julio Fuentes. “Sarajevo. Juicio Final“. Una historia de amor imposible en medio de la crueldad, la sangre y las vísceras. Y me alegró encontrar a Zaragoza con otro muerto, Vázquez Montalbán en “Roldán, ni vivo ni muerto“. Hoy he retomado a Carvalho, pero diez años atrás. Y la primera página, en el Caribe, me ha traído un recuerdo. Ginés, es uno de los protagonistas. “Coño, jeje, en Cartagena hay muchos Ginés”. En efecto, murcianico él, y su familia, de entre Águilas, Mazarrón y Cartagena. Espero viajar con Carvalho hacia el sureste, allí dejé dos años tremendos haciendo lo que más me gusta. Contar, escribir, y trabajar por un mundo local, provincial, nacional, estatal, mundial, mejor. ¡Carvalho, vamos al Galeón a por un bocadillo y a tomar unas servesicas al TrisTras con el Migue!. Después un paseo por la Rambla paseando a los perros. Y acabar viendo atardecer al final de la Manga o en Calblanque, o en la Algameca, ese pueblo construido a espaldas de la ley entre riscos y con los restos de barcos maltrechos en el mar…Siempre que todo esto sea en buena compañía, claro.

ps. se recomienda entrar al link de Cartagena
ps2. Curiosamente y sin saberlo, he cogido en la biblioteca “Camí de Sirga“, de Jesús Moncada. He llegado a casa, y a Moncada, nacido en Mequinenza y que escribe en catalán le han dado el Premio de las Letras Aragoneses. Una buena noticia, por aragonés, por las lenguas minoritarias en Aragón y porque su obra habla de un mundo perdido ahogado en los pantanos.