Los muertos que vemos, la muerte que ocultamos

viernes, julio 10, 2009 16:00
Publicado en la categoría purnas

Como siempre que vemos el rostro muerto de un ciudadano español el debate surge en los medios. Pocas veces es virulento el debate cuando el muerto muere en otros sitios, o es de otra nacionalidad. Pero cuando es cercano las voces bien y mal pensantes se alzan contra “el morbo”, “el sensacionalismo” y pidiendo “respeto y dignidad” para los muertos.

Lo he dicho alguna que otra vez, yo soy partidario de mostrar la muerte. La sociedad actual ha dejado tan lejos la muerte que nos la cogemos con papel de fumar cuando la vemos. Por supuesto que hay un límite, claro, pero ese límite no lo marca la distancia. Son igual 300 kilómetros que 30.000, porque los humanos somos eso, humanos, aquí y en la China Popular

Escribo lo que ya he escrito, porque el debate me cansa, me cansa sobre todo, cuando se produce sólo atendiendo al DNI del fallecido, y porque, en el fondo, reproduce la diferencia masiva (pero sibilina) entre la dignidad de los nuestros y la de los suyos. Los nosotros o los otros. Y digo esto sin entrar a calificar el hecho de ponerse a correr delante de un toro, o de matar a los toros después en una plaza, o de que la fiesta, como ha dicho el pastor más veterano de Pamplona, “a veces necesita muertos”

Yo soy partidario de mostrar la muerte. La violencia. La sangre. Pero toda. No me vale mostrar el cuello roto de Saddam Hussein y no mostrar las tripas del asesinado por ETA. O todos o nadie. Estamos alejados de la muerte. Somos una sociedad que vive en la asepsia del olor a muerto. Sobre todo la cercana. Para la de los demás estamos tan inmunizados que nos es igual 5 que 80. En el equilibrio entre la intimidad, el honor y el olor a muerto está el ejercicio periodístico correcto. Pero la deformación geográfica aleja cualquier sentido a nuestros criterios. ¿O acaso no tapamos la cara de nuestros hijos pero no la de los palestinos?. El ser humano es el mismo en Gaza, en Kenya, en Euskadi, en Aragón o en España. Quitar el criterio geográfico al valorar la intimidad de las personas nos devolvería una parte de nuestra propia humanidad. Sentir los efectos de la violencia por los propios ojos también nos debería devolver una parte de nuestra propia humanidad. 26/01/08


La diferencia entre unos cadáveres y otros la marca la distancia, es evidente. No el dolor de las familias, ni la moral, ni la ética periodística. Entre los dos ejes que fundamentan la importancia de una noticia, es decir, su propio valor como noticia y la distancia al lugar desde donde la contamos, el único eje que decide si se pone la foto de un cadáver o no es la distancia. Sólo lo constato, de hecho, no descubro nada nuevo, ni estoy proponiendo un nuevo modelo de moralidad. Esto es lo que hay.

Soy de los que piensa que la muerte debe ser mostrada. Siempre lo digo, pero no creo que el límite sea la distancia. Saddam Hussein cuando murió nos dejó dos imágenes. Una, mientras lo colgaban y moría, otra, grabada por el móvil donde se veía como se le partía el cuello y sangraba. La diferencia está en poner una u otra. La diferencia está entre mostar el morbo, el dolor o la muerte. Y no, no es fácil, ni mucho menos. Pero para eso nos pagan.
03/10/08

Puedes dejar una respuesta, o un trackback desde tu sitio.

4 Respuestas to “Los muertos que vemos, la muerte que ocultamos”

  1. Bitacoras.com says:

    julio 10th, 2009 at 17:01

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Como siempre que vemos el rostro muerto de un ciudadano español el debate surge en los medios. Pocas veces es virulento el debate cuando el muerto muere en otros sitios, o es de otra nacionalidad. Pero cuando es cercano las v….

  2. Fernando says:

    julio 11th, 2009 at 14:44

    La distancia lleva unido el cóctel de sensaciones que produce la imagen: si es cercana es mucho mas posible que gente con relación personal del muerto la vea, con lo que la imagen lleva adjunto dolor para posibles receptores en una proporción muy alta. Si la imagen es lejana, para los posibles receptores no lleva tanto dolo, y gana el morbo, la curiosidad, las ganas de horrorizarse uno mismo, como lo quieras llamar.

    Supongo que al final es eso.

    No obstante quiero llevar el debate por otros derroteros: ¿de verdad crees que se oculta la muerte? Mi sensación es justamente la contraria: creo que a estas alturas de mi vida y sin haber pasado una guerra ni haber estado cerca de un acto violento he visto una cantidad ingente de muerte, en video y fotografía (a veces en el momento de producirse). Tanta que comienzo a estar hasta blindado contra esas imágenes.

    A veces me pongo conspiranoico y llego a pensar que tanto entrenamiento psicológico al que se nos está sometiendo sobre todo por el medio audiovisual (tanto en ficción, como mostrándonos el horror en tiempo real) es una manera de endurecernos para estar preparados para pasar a la acción sin demasiados remilgos si la ocasión lo requiere.

  3. elbarzal says:

    julio 11th, 2009 at 15:59

    Más que si se muestra o no la muerte, si se hace mucho o poco, me inquieta éso que apunta el post: qué muertes sí y qué muertes no, con qué criterios, y con qué finalidades. ¿Por qué ha abierto hoy el telediario de la 1 con el muerto de Pamplona, con conexiones con Alcalá de Henares, con el dolor por una muerte concreta de alguien que asumió voluntariamente un riesgo?. ¿Por qué me ha costado encontrar la noticia del aniversario de Srebrenica hoy que se cumplen 14 años de la masacre?. No es sólo una cuestión de cercanía para tocar la fibra del público próximo. Hay muchas más cosas: se ensalzan “valores” como el riesgo, la fiesta, la épica… eso atrae y vende. Recordar un genocidio, la vergüenza de occidente, de la Europa civilizada.. eso creen que no nos interesa y nos tapan los ojos. Mal favor. Yo no querría que me los taparan en ése caso. Debería recordarse, sí, y también ver la muerte como la consecuencia de actos atroces que tienen responsables y que no deben repetirse. Y me podrían ahorrar, en cambio, lo que de macabro y morbo gratuito tiene ver a un chaval corneado por un toro y muerto de la manera más tonta (con perdón, y con respeto) , con su previo consentimiento.

    Saludos

  4. Purnas en o zierzo » Tapando caras (algunas). Clientes borrosos y putas definidas says:

    agosto 12th, 2009 at 9:13

    […] no va de cadáveres que vemos u ocultamos. Hoy la reflexión, o el interrogante van por algo más prosaico, más mundano, y como cuenta […]

Dixa un comentario