Historias de Philadelphia: Entre amish e independentistas
Lunes, junio 1, 2009 14:17Filadelfia (o Philadelphia o Philly) es la ciudad del amor. Con esa intención fue fundada por un tal William Penn que dió nombre a un río (el Penn) y a un estado Pennsilvania. Penn quería que esta ciudad fuera una ciudad donde la tolerancia religiosa fuese la norma fundamental y le dio el nombre de Ciudad del Amor Fraternal (del griego Philos, Philadelphia, vamos).
Esto, que ocurría a final del siglo XVII no fue obstáculo para que Filadelfia se convirtiera en uno de los centros activos del independentismo americano, lugar de decenas de batallas y punto central de la independencia de los primeros Estados Unidos. Lo cual viene a indicar dos cosas, una que el independentismo no está reñido con el amor fraterno y dos, que por muchos planes que te propongas, al final siempre pasa lo que tiene que pasar.
Fruto de esa tolerancia religiosa primigenia es el mercado de Reading, uno de los más famosos de Estados Unidos y donde doy fe que se come de lujo. ¿Por qué digo lo de la libertad religiosa? Porque ese mercado, en origen, servía para que las diferentes comunidades religiosas de Pennsilvania se reunieran para compartir y comerciar con su producción artesanal y agrícola. La libertad religiosa hizo que se asentaran en esta zona amish, cuáqueros, metodistas, judíos, católicos y toda clase de núcleos religiosos. Todavía hoy hay una masiva presencia de productos amish en el mercado y se les ve llegar con sus carros de caballos y sus trajes del siglo XVII.
Filadelfia es además conocida por dos productos, dígamos que, alimenticios. El donut y el cheesesteak. Sí, amigos, el donut se inventó en esta ciudad. Alguna mente privilegiada decidió hacerle un agujero a un bollo y cubrirlo de azúcar y otras cosas y convertir una rosquilla normal en una rosquilla excepcional. No comí donuts, pero sí que probé el cheesesteak, el bocata tradicional de la zona. Ternera a la plancha hecha trocitos, salteada con queso y cebolla y la salsa que quieras (y más queso), en pan de perrito caliente. Está bueno, no lo dudes, pero llena y mucho.
La vida nocturna en Filadelfia es bastante animada y conocida. Hay varias universidades y tiene una de las calles de bares más concurrida de Estados Unidos, South st. que además, está adornada con murales de varios estilos.
En fin, que esto es Filadelfia, pero desde luego, el descubrimiento de esta ciudad de más de un millón de habitantes no fue nada comparado con el descubrimiento de esta pareja.
Ellos son Daniel y Josephine. Josephine venía a dar un concierto de piano a la ciudad y Daniel me abordó en la estación de autobús de Nueva York al ver la bandera de Aragón en mi maleta: “Ets català?”. Tras las aclaraciones de rigor, soy aragonés, bla bla, pasado compartido, bla bla, Daniel me explica en un perfecto castellano y un más que correcto catalán que estudia un master de lenguas hispánicas y que ha pasado un mes viviendo en Logroño. Después me pregunta si hablo aragonés y a partir de ahí la conversación se prolongó durante todo el viaje en autobús y todo el día y parte de la noche ya en Filadelfia. Daniel y Josephine hicieron de la escala en Filadelfia un día especial, compartimos risas, bromas, ideas, y debatimos sobre identidad, lengua y política. En la ciudad de la independencia y de la tolerancia, que no es poco.
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Bitacoras.com says:
junio 1st, 2009 at 14:17
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joana says:
junio 2nd, 2009 at 10:17
que emociooooooooooooon!!!
es lo que tiene pasar un mes en logroño!! que te abre la mente y se te dilatan las pupilas con el vino!!!