Historias de Nueva York: De paseo hacia la libertad (y volver)

viernes, mayo 22, 2009 15:12
Publicado en la categoría purnas

El primer día en Nueva York, entero, fue un enorme paseo por la ciudad. Acabé muerto, pero las ciudades se conocen pateando. Se conocen equivocándose al dejar la propina (casi obligatoria). Se conocen teniendo que esforzarse para entender el inglés. ¿Palabra más repetida?: ¿Sorry?. Siempre he andado un poco duro de oído, pero además, con el inglés oxidado, a veces cuesta entenderse con la gente. En realidad, luego no tienes problemas con el idioma, a poco que sepas algo de inglés, y sabiendo que en la mayoría de sitios, hay alguien que habla algo o todo de castellano. Aragonés, eso sí, no  he encontrado a nadie todavía que hable. Hacer repetir las frases está siendo habitual, y lo más que te ganas es una mirada de hastío, tipo barcelonés harto de responder como llegar a la Sagrada Familia.

El Empire State a lo lejos

El Empire State a lo lejos

Desde el Empire State caminando hacia el sur, hay una larga distancia. Pasear es agradable en Nueva York. Hay que cuidar los semáforos, que son raros, no chocarse con la gente, pero en general, es una buena experiencia que permite conocer la ciudad. Pero cansa. Así que, lo mejor, es aprovechar los espacios verdes de la ciudad. Washington Square es uno de ellos, y se llena de turistas acalorados y trabajadores de la University of New York que salen a almorzar.

Arco de triunfo en Washington Sq.

Arco de triunfo en Washington Sq.

Descansando al sol

Descansando al sol

Por la noche, este mismo espacio se convierte en una improvisada sala de Jam Session, donde todo tipo de músicas se entremezclan. Los neoyorkinos son muy aficionados (de todo hay, claro) a comer o beber algo sentados en sus espacios públicos. Y si hay música, más.

Jam Session al aire libre

Jam Session al aire libre

Pero como está ciudad nunca deja de sorprenderte, mientras unos escuchan la música o se abrazan mirando a sus hijos que juegan a lo lejos, un grupo de personas medita bajo el arco de triunfo de la plaza. Ya hay que echarle valor para meditar allí.

Meditando bajo el arco

Meditando bajo el arco

Recupero el orden cronológico de los acontecimientos para seguir bajando hacia Battery Park, una vez pasado el World Trade Center. Battery Park es un cuidado parque lineal que sigue la línea de la costa y que llega hasta South Ferry, aunque por arriba enlaza con el parque del río Hudson, al oeste de la isla de Manhattan.

Battery Park

Battery Park

Osos amorosos en Battery Park

Osos amorosos en Battery Park

Paseando por aquí, se ve toda la actividad de la bahía. Barcos recreativos, de la policía, mercantes, y hasta un barco militar canadiense.

Canadá nos invade

Canadá nos invade

Ante el temor de una invasión canadiense en Estados Unidos quiero hacer otra digresión espacio temporal. Esa misma noche estuve por el SoHo tomando una cerveza (hay que aprovechar las happy hours, amigos). Conocí a un veterano del Vietnam, a un camarero escocés y a un grupo de música muy simpático con un club de fans más simpático todavía. Tocaban en un bar del que no recuerdo el nombre, Taberna de Kenny, o algo así. Por todo el barrio había decenas de marineros.  Estos días se celebra el Memorial Day, por los caídos y hay muchos soldados en la ciudad. La relación de los estadounidenses con su ejército es muy especial. Hasta el más progre de los progres, ve al ejército como un orgullo que defiende el honor del país. Al bar entraron unos marineros y aquello se alborotó. Las fans del grupo, el veterano y el resto del paisanaje, les palmeó la espalda: “You are our heros” y se hicieron fotos con ellos. Sólo el escocés y yo, con una relación con el ejército mucho más europea, osea, la justa, decidimos hablar de otra cosa: “Another one, please”, “yes, man”.

Marineros en un bar

Marineros en un bar

Recupero la línea de tiempo y llego hasta el ferry de Ellis Islan y la Estatua de la Libertad. A través de Battery Park cada vez vas viendo más gente. Son las multitudes que quieren llegar a la estatua de la Libertad. A lo lejos se divisa Ellis Island, donde hace un siglo, otras multitudes, hambrientas, sedientas y mareadas, desembarcaban en la tierra de promisión. Al fondo, las filas para el ferry turístico. Una escultura, a la que poca gente hace caso, recuerda que este país está hecho del hambre de los italianos, irlandeses, alemanes, chinos, holandeses que llegaron a principios del siglo XX.

Monumento al inmigrante

Monumento al inmigrante

Yo, que soy hombre de pocos posibles, y haciendo caso a las recomendaciones de mi hospedera, sigo un poco más hacia allá y llego al ferry de Staten Island. Es un ferry gratuito que comunica Manhattan con Staten, otro de los barrios de la ciudad, pero que tiene la suerte para los turistas, y la desgracia para los usuarios habituales, que pasa justo por delante de la Estatua de la Libertad. El momento más esperado.

Mirando a la estatua

Mirando a la estatua

Mirando a la estatua 2

Mirando a la estatua 2

La Estatua de la Libertad

La Estatua de la Libertad

No mirando a la estatua. ¿Quién es de Nueva York en esta foto?

No mirando a la estatua. ¿Quién es de Nueva York en esta foto?

Llegar a Staten Island es curioso. Lo primero que te dicen en el ferry es que todo el mundo debe bajar. Y bajamos. Pero la gran mayoría se vuelven a subir al siguiente ferry, aunque a mi aún me dio tiempo de tomarme un perrito caliente. 1 dólar que quita el hambre o lo suaviza.

De vuelta en Manhattan subí hacia Wall Street. El centro del mundo económico. O el centro económico del mundo, según se mire. Policías, turistas, ejecutivos. Más que la bolsa, parece un parque de atracciones. Dentro, el caos, los gritos, los precios, lo que sube, lo que baja, lo que destruye empresas y familias o las crea y las empuja. Esto es la bolsa de Nueva York.

La Bolsa, que no está en Wall Street

La Bolsa, que no está en Wall Street

Y hablando de empresas pujantes, subiendo y andando  llegué hasta la Apple Store.

Tienda Apple

Tienda Apple

Toda una experiencia. Te dejan tocar todo (menos a los y las dependientes). iPhone, iPod, AirBook, Mini… cualquier cacharraco montado por la fábrica de la manzana lo puedes probar allí. Hay decenas de dependientes y centenares de personas con sus aparatos. Hay talleres de aprendizaje, gratis, servicio técnico que te llama por tu nombre después de esperar al menos media hora y lo de probar los aparatos es con todas las consecuencias, porque hasta puedes llamar y enviar sms con el iPhone o estar un rato consultando internet. Y la gente lo hace, sin pudor, entre otras cosas, porque son muy poco discretos, y es habitual ir en el metro y mientras grita alguien por teléfono enterarte de toda su vida. Así que deben pensar ¿por qué no contarle mi vida a toda la tienda Apple?. Y dicho y hecho.

Pero oh, magia, habiendo manzanas, y habiendo decenas de críos por allí pululando, algo debía pasar. Manzanas, enanos, y sólo falta Blancanieves.

Whoopi Goldberg firmando libros

Whoopi Goldberg firmando libro

Aunque en este caso era Negranieves y los 100 enanitos. No deja de ser friki entrar a la tienda Apple y que esté Whoopi Goldberg firmando libros. A punto estuve de preguntarle por una de las monjas de Sister Act…aunque ya debe estar mayor.

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Una respuesta to “Historias de Nueva York: De paseo hacia la libertad (y volver)”

  1. Bitacoras.com says:

    mayo 22nd, 2009 at 15:12

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: El primer día en Nueva York, entero, fue un enorme paseo por la ciudad. Acabé muerto, pero las ciudades se conocen pateando. Se conocen equivocándose al dejar la propina (casi obligatoria). Se conocen teniendo que esforzarse…

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