Cambio de hora

domingo, octubre 26, 2008 19:46
Publicado en la categoría prexinando, purnas

He dormido lo mismo de siempre, es decir, poco. He ganado una hora de reloj que he invertido en Murakami para perderla dentro de seis meses. Hace cuatro noches que tengo sueños idénticos con protagonistas idénticos. Los sueños siempre permanecen. Mutan y varían, pero están. Las personas son las que cambian. Cambian por dentro y por fuera. Cambian esas personas por dentro y por fuera. Las mismas horas de sueño, los mismos sueños, una hora más de vida.

Si hubiera dormido más, si no me hubieran regalado esa hora de más, si el ahorro energético también funcionara en mis neuronas probablemente el sueño hubiera sido el mismo. Ya es el mismo desde hace cuatro días. Quizás desde hace cuatro años. Quizás. El cambio de hora no ha afectado a las partes íntimas de mi mente, las que salen cuando no quieres que salgan. En el sueño no hay viento ni mar. En el sueño no hay azul sino gris. En el sueño no está quien quiere, sino quien puede. Como en esta vida con una hora de más para leer Murakami, poner dos lavadoras y decir tonterías por aquí. Llevo cuatro días soñando lo mismo y con el borrador de un post sobre Bolaño escrito. Pero no me da la gana de publicarlo. No ahora. Quizás espere a después, cuando esta semana anuncie los cambios definitivos en mi vida virtual.

Los de la vida real van más despacio. Se vienen y se van ellos solos. Se van ante las imposibilidades y vuelven con los sueños. Al menos desde hace cuatro días que son muchos más. En el fondo, la vida es ir galopando, que decía aquel, y a golpe de galope y con Sputnik sobre las piernas, pobrete, inconsciente y maullando para qué le remoje el pienso, yo pienso. Y sueño. Y deseo, claro. Y al final, entre deseos, pensamientos, sueños y vientos, el gris. Siempre el gris. El gris que de pura ambición de ser blanco o negro siempre permaneció en miles de escalas hundiendo la realidad en el sueño. Gris. Sin mar. Sin viento. Gris esperanza y verde muerte.

Esta noche volveré a soñar lo mismo. Seguro. Cambiará el ritmo, seguro. Vibrará el subconsciente, seguro. Cuando te acostumbras a algo es difícil dejarlo, y llevo tiempo acostumbrándome a ese sueño, de cuatro días que son cuatro siglos. ¿Qué no digo nada? Claro. Bastante hago con soñar con algo que no quiero soñar. Le neurona de soñar no tiene standby energético, así que se dedica a jugar en gris, sin viento y sin mar mientras fuera todo es de colores. ¿Quién quiere colores teniendo sueños en gris, sin viento y sin mar?

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