La muerte lejana

viernes, octubre 3, 2008 18:57
Publicado en la categoría periodismo, purnas

Estas dos fotos son del pasado lunes. En una podemos ver uno de los heridos o fallecidos en la avalancha humana en un templo indio, en la otra, dos personas ejecutadas por los cárteles de la droga mexicanos. Las reproduzco no sin dolor de corazón. Ya saben aquello de que para hablar de algo a veces hay que mostrarlo. Estas dos imágenes han aparecido en sendos medios públicos (TVE y TV3) pero también en todos los demás, y en los medios privados de España.

Hace poco más de mes y medio el accidente de un avión de Spanair en el aeropuerto de Barajas abría un debate en Internet y todos los medios sobre el uso del dolor y la muerte como espectáculo. Estas dos fotos no han abierto ni cerrado nada de nada. No vimos ni un cuerpo destrozado del avión de Spanair, ni un cadáver, como vimos muy pocos del 11-M o ninguno del 11-S. De hecho, en las primeras horas después del accidente vimos a un herido entrando al hospital, completamente quemado, pero esa imagen no la guarda ningún archivo de documentación. Ahora vemos estas tres personas ante nosotros y no producen sarpullidos, ni dolor, ni rabia en los medios. No suscitan debate. Se ponen y punto.

La diferencia entre unos cadáveres y otros la marca la distancia, es evidente. No el dolor de las familias, ni la moral, ni la ética periodística. Entre los dos ejes que fundamentan la importancia de una noticia, es decir, su propio valor como noticia y la distancia al lugar desde donde la contamos, el único eje que decide si se pone la foto de un cadáver o no es la distancia. Sólo lo constato, de hecho, no descubro nada nuevo, ni estoy proponiendo un nuevo modelo de moralidad. Esto es lo que hay.

Soy de los que piensa que la muerte debe ser mostrada. Siempre lo digo, pero no creo que el límite sea la distancia. Saddam Hussein cuando murió nos dejó dos imágenes. Una, mientras lo colgaban y moría, otra, grabada por el móvil donde se veía como se le partía el cuello y sangraba. La diferencia está en poner una u otra. La diferencia está entre mostar el morbo, el dolor o la muerte. Y no, no es fácil, ni mucho menos. Pero para eso nos pagan.

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