Un lugar en el mundo

jueves, septiembre 4, 2008 17:16
Publicado en la categoría purnas

Son las tres menos cuarto de un mediodía cualquiera. No de ayer, pero sí de esta semana, es igual. Tres japoneses entran a un restaurante habitualmente lleno y situado muy cerca de uno de los puntos más turísticos de Zaragoza. Los tres japoneses (dos chicas y un chico) se sientan en una mesa libre, y esperan que les atiendan. El restaurante ya está casi lleno y nadie les dice nada. El chico se levanta, mira, busca, y se vuelve a sentar. Al cabo del tiempo el dueño del restaurante, un hombre práctico y afable, se acerca a los japoneses y les dice en perfecto castellano: “Esa mesa está reservada”.

Los japoneses no tienen ni idea de lo que les está hablando. Es más, incluso pretenden pedirle comida. El dueño del restaurante eleva la voz: “Que esa mesa está reservada”. No está enfadado, simplemente cree que hablando más fuerte podrán entenderle mejor. Los japoneses le miran perplejos, pero siguen sin levantarse de la mesa. Al final, el dueño del restaurante se gira y pregunta: “¿Alguien habla inglés para decirles que está reservado?”. Nadie. Yo hablo inglés, y la persona con quien como también, pero no nos levantamos. Estamos observando. Además no sabemos si “reservated” existe. Al final todo se arregla con gestos; los japoneses se levantan, pasan al interior del restaurante y suponemos que comen, aunque salen muy pronto.

Ayer tenía que coger un AVE para ir a Madrid. En la estación de Delicias de Zaragoza los avisos acústicos son sólo en castellano. Hay letreros en inglés, es cierto, pero si estás tomando un café y no sabes castellano no podrás entender desde que vía sale tu tren. La anécdota anterior es sólo lo que pasa en un restaurante de barrio (turístico, pero barrio). El que en la estación de Delicias no haya locuciones en inglés ni en francés es algo más. Son muestras del mismo espíritu, pero con el agravante en el segundo caso de que los dineros públicos no han contado con eso.

Zaragoza ha querido colocarse en el mundo con motivo de la Expo y se ha colocado en España. Son varios razones los que llevan a pensar eso y varios motivos para explicarlo.

  1. Una cosa es decir que quieres un lugar en el mundo y otra es buscarlo
  2. Buscar el mercado español ha sido la apuesta principal, como demuestra la escasa voluntad de publicidad en el resto de Europa o Latinoamérica
  3. Las exposiciones fuera del recinto Expo son de consumo interno (y exclusivamente en castellano)

El lugar en el mundo se busca fuera de España. El lugar en el mundo se busca haciendo la visita fácil a las personas que no tienen el español como lengua (que, contrariamente a lo que piensan en la caverna, es la mayoría del mundo mundial). Eso exige un cambio de chip, por supuesto. Exige plantear una ciudad europea como debe ser. Exige dejar de tener que levantar la voz para que nos entiendan, exige tener los menús en varios idiomas, exige que en la estación haya avisos en al menos inglés y francés, exige una visión europea y no en clave “Madrid”, exige que los museos se puedan ver no sólo en castellano. Exige un cambio de mentalidad, si es lo que Zaragoza quiere.

Se ha desaprovechado Expo Zaragoza 2008 para abrir ese espíritu, al menos, fuera del recinto. Pero por años no será, a menos que el acelerador de partículas del CERN nos fulmine a todos. A menos que la crisis que Solbes anuncia que llegará a los ayuntamientos, y que tan bien vendrá a Belloch para tapar las miserias de la Expo y los acompañamientos acabe por hacernos tener que aprender, otra vez, un poco de alemán. O igual tampoco.

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Una respuesta to “Un lugar en el mundo”

  1. Fin de fiesta y multiculturalidad | Purnas en o zierzo says:

    marzo 14th, 2011 at 18:07

    […] Ya se ha acabado el evento. La muestra. La Expo. Tres meses que se han pasado volando y que habrá que evaluar adecuadamente, con sus carencias, sus virtudes, sus deudas, sus muertes y sus responsabilidades e irresponsabilidades. Yo ahora mismo no me veo capaz de hacerlo. Es evidente que la Expo ha supuesto un hito para Zaragoza. Un hito que se ha quedado en Zaragoza. No en Aragón, y por supuesto, no en España. Ni la presencia de los Reyes de España ayer en la clausura consiguió una simple portada en los periódicos españoles. Las televisiones estatales no retransmitieron ni un minuto en directo, y los blogueros madrileños no han dicho ni mú respecto a la multiretransmisión por internet y bloguera del evento. Y eso es culpa de allí, pero también de aquí. Expo 2008 apostó por España, y España ha respondido como sabemos en Aragón, ninguneando, salvo honrosas excepciones. Pero eso sí, aquí seguiremos aplicando la misma medicina que también sabemos, es decir, volviendo a “confiar” y “suplicar” un poquito de atención, en vez de creernos nuestras posibilidades y mirar a Europa. […]

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