Graus, Huesa, espirales y tradición

viernes, agosto 15, 2008 13:00
Publicado en la categoría purnas

Hace poco estuve en Graus grabando la vuelta a casa de unas familias desalojadas. Los habían hecho salir de sus casas por el riesgo de derrumbe de una parte de la roca que corona la capital de la Ribagorza. Por eso de que la vida es azar, círculo, espiral y todas esas tonterías que digo de vez en cuando, hoy, que he venido a comer a casa de mi madre, he abierto un libro que tenía olvidado. Es la “Introducción al folklore aragonés” de Antonio Beltrán Martínez. Es de 1979, de una editorial, Guara, que creo que ya no existe y de una colección que llamaban “Colección Basica aragonesa”. El caso es que hojeando el libro, he visto una coplilla que de haberla sabido la hubiera incluido en el vídeo que grabé en Graus:

Ya se’n rien os de Graus; de las fiestas de Capella; Nusotros nos reirén;cuan se les caiga la peña

A punto estuvieron de reírse pues allá por abril cuando amenazó con caer parte de la peña. El libro es una delicia, desde luego, porque testifica coplas, novelas, cuentos, dichos, aforismos y motes de los pueblos de Aragón, cuando la cultura era popular, y cuando muchos de estas historias se las conocía todo el mundo. Desfilan por él Pedro Saputo, Bruno Fierro, las de Saravillo, los segadores, los tiones, los ribereños, los de Teruel, los gaiteros, los cabezudos, los gigantes…Todo el Aragón que fue y sigue siendo en parte en el recuerdo y en parte en la vida por el esfuerzo de muchos en pueblos y ciudades por mantener el patrimonio cultural del país, en tres idiomas y en miles de formas de vivir los tiempos, las cosechas, las fiestas o los convites.

Recorriendo siglos de historia oral de Aragón he parado en Huesa del Común, también, el pueblo de mi padre. Recoge Antonio Beltrán un cuento que es una versión optimista del cuento de la lechera. Por eso de los círculos, los azares, las espirales y otras idioteces que digo no explicaré que no hace ni una semana contaba el mismo cuento de la lechera a las puertas de un teatro griego. Y así, como quien no quiere la cosa, resulta que en el pueblo de mi padre tienen una versión propia.

Barriendo una sala me encontré un dinero. Con aquel dinero me compré una polla que me puso un huevo. Con aquella polla, con aquel huevo y con aquel dinero, me compré una res que me parió un cordero.

Con aquella res, con aquel cordero, con aquella polla, con aquel huevo y con aquel dinero, me compré una cabra que parió un chotuelo. Con aquella cabra, con aquel chotuelo, con aquella res con su cordero, con aquella polla, con aquel huevo y con aquel dinero, me compré una vaca que me parió un ternero.

Con aquella vaca, con aquel ternero, con aquella cabra con su chotuelo, con aquella res con su cordero, con aquella polla con el huevo y con el dinero, me compré un batán con su batanero. Con aquel batán con su batanero, con aquella vaca y con su ternero, con aquella cabra con su chotuelo, con aquella res con su cordero, con aquella polla con el huevo y con el dinero, me compré un molino con su molinero.

Con aquel molino con su molinero, con aquel batán con su batanero, con aquella vaca con su ternero, con aquella cabra con su chotuelo, con aquella res con su cordero, con aquella polla con el huevo y con el dinero, me compré un pueblo con la torre en medio.

Por último no me resisto a copiar esta copla recogida por Arnal Cavero:

A muller tetuda pa baca; a que ye culuda pa falsa; a barbuda pa casa; y a gansa pa cosa

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