Con el mundo por montera

jueves, agosto 14, 2008 12:58
Publicado en la categoría periodismo, purnas

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Esta foto de la selección española de baloncesto ha levantado la polémica. No en China, ni en España, sino en Estados Unidos y en Gran Bretaña. Estoy convencido de que la intención de los publicistas, jugadores, o quien haya sido el ideólogo no era racista ni tan siquiera de desprecio. Querían una foto simpática. ¿Y qué distingue más a los asiáticos? Sus ojitos rasgados. Y dicen las malas lenguas que sus penes pequeños, así que igual que esta fotografía se podían haber hecho una acercando el pulgar al índice indicando el tamaño aproximado del pito de los chinos.

Esta actitud campechana y simpaticota de estos grandes jugadores (que lo son), no es racista, pero sí que desprende un etnocentrismo que subyace también en los medios de comunicación españoles. Etnocentrismo y pocos recursos, todo hay que decirlo, en el caso de los medios. Es curioso, de todas formas, porque algunos de estos jugadores ejercen su actividad laboral en lugares donde la mayoría de la gente no es blanquita, blanquita, sino más bien de cualquier otro color. Pero el etnocentrismo blancoeuropeo rezuma en esta foto y en los titulares. El caso es que, además, en España  son los primeros en echar mano a la chirla ante cualquier alusión mínimamente parecida, que se toma como un ataque personal.

De estos días, los medios, el etnocentrismo (e, insisto, la falta de recursos) nos regalan titulares como “Sudamos tinta china”, “Trabajando como chinos”, “Derribar la gran muralla” o por ejemplo, este subtítulo de hoy del Heraldo, sobre Maribel Moreno : “El estruendo de la pólvora china del dopaje”. Realmente, durante el mes que duran los juegos es cansado, abusivo y de una falta de gusto lamentable insistir día sí, día también en estos tópicos manidos, etnocéntricos y poco trabajados.

Pero claro, siempre hay alguien que da un paso más, y puestos a hablar de tópicos decide hacer un reportaje entero sobre uno, como Público: ¿Por qué parecen iguales los chinos?. La respuesta es fácil, básicamente por lo mismo que todos los europeos les parecemos iguales a ellos. Puritito eurocentrismo.

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