La fábula del mono, la nuez y el melocotón

viernes, agosto 8, 2008 12:27
Publicado en la categoría periodismo, purnas

Érase una vez un mono peludo, pequeño y ni muy tonto ni muy listo. Vivía en un pequeño país que se llamaba (y dicen que se llama) Aragón. El mono, peludo, pequeño y ni tonto ni listo, era querido por todos. En especial por los regentes del pequeño país. Tan querido era que lo cuidaban, lo mimaban, le concedían todos los caprichos.

Un día, el califa decidió ver si el mono era capaz de aprender cosas nuevas, y en vez de darle un plátano pelado para comer de aperitivo le dio una nuez. El mono, que era pequeño, peludo y ni tonto ni listo, intentó comerse la nuez metiéndosela a la boca. Pero claro, era una nuez, y no la podía morder. Durante unos días el mono trató de encontrar la forma de usar esa nuez dura, marrón y pequeña, sin encontrarle otra utilidad que la de tirarla hacia arriba y cogerla para entretenerse.

Pero de repente, un día, no pudo recoger la nuez que había subido muy muy alto en el cielo. La nuez cayó y se abrió, dejando ver su interior. Un interior apetitoso y rico que el mono se comió. A partir de entonces supo que cuando le daban una nuez, por muy pequeña y dura que pareciera, podía abrirla golpeándola y entonces podía comerse su interior. El califa siguió dándole nueces, y el mono las abría y las comía. Pero un día, unos años después, las nueces se acabaron. El proveedor de nueces no pudo pagar a los que recogían las nueces y los recolectores se quedaron sin trabajo y el mono sin juguete y sin comida.

El califa, sin embargo, conmovido por la tristeza del mono peludo, pequeño y ni tonto ni listo, decidió darle otro juguete. Más jugoso, más caro, pero con muchas más posibilidades y mucho más gusto. El califa se acercó al mono y le dio un melocotón.

Pero el mono, que era pequeño, peludo y ni tonto ni listo, sólo había aprendido una cosa, así que comenzó a golpear el melocotón hasta que le quito toda la carne jugosa, dulce y apetitosa y descubrió el hueso del interior. Un hueso de melocotón que se parecía a una nuez. El mono, pequeño, peludo y ni tonto ni listo, empezó a golpear el hueso de melocotón contra el suelo para abrirlo y descubrir que  no había nada apetitoso dentro. A partir de entonces, cada mañana, golpeaba los melocotones para sacar la “nuez” que llevaban dentro. El mono, pequeño, peludo y ni tonto ni listo estaba contento porque tenía nueces, y triste porque no se las podía comer, pero todos miraban al mono y empezaron a descubrir que sí que era peludo, y sí que era pequeño, pero empezaba a ser más tonto que listo. ¿Por qué convertir los melocotones en nueces?

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