Todo esto que ves un día será un casino

viernes, agosto 1, 2008 11:21
Publicado en la categoría purnas

Me dicen que aquí, desde Perdiguera, desde Monte Oscuro, en los días claros se llega a ver los Ports de Beseit. Me dicen que si miro para el otro lado, en diagonal, veré Guara y el Pirineo. El Monte Oscuro de Perdiguera es el único tozal de 800 metros en un plano. Lo único verde en una comarca árida, desértica. El único oasis de vegetación en tierra baldía, donde debiera haber camellos y lo que hay es gente digna y tozuda que vive y lucha y siente y cree.

Coincidió que ayer no era día claro, así que sólo se veía el plano alrededor del tozal. Coincidió que ayer, día de San Ignacio, el desierto parecía más seco atacado por un sol escalofriante. Los pájaros (unos, no se cuáles, negros, con canto de disparo láser) revoloteaban sobre la piedra crema, sobre el matojo resistente, sobre alguna sabina perdida, sola y solitaria. No se veía Beseit, no se veía Guara, ni el Pirineo, ni el Moncayo. Sólo para los días claros, me dijeron.

Así que se nos perdió la vista entre el pinar y el desierto. Entre las lomas pequeñas, erosionadas, desgastadas casi muertas que adornan la estepa y el pinar que se erige en testimonio de que allí hay vida. La vista real nos impidió ver la vista imaginaria y nos impidió ver la vista premonitoria. La vista real, tozuda entre desierto y pinar, tozuda entre fichas rojas y negras nos evitó el duro trabajo de soñar. La vista real, la que se escapa entre los párpados entrecerrados a fuerza de sol, nos hizo ver la dura lucha entre el verde y el amarillo, entre el bosque y el desierto, entre la vida y otra forma de vida.

Algún día, hijo mío, todo esto que ves será casino. O no. Pero algún día…

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