Bendita terquedad

viernes, mayo 9, 2008 17:42
Publicado en la categoría purnas

Hace muchos muchos años, en una escuela de música muy lejana 50 alumnos de solfeo escuchábamos El  Cascanueces de Tchaikovski. En la pizarra el profesor escribió una frase y se trataba de descubrir si el ritmo de la frase coincidía con la música. En la primera escucha 20 niños levantaron la mano. Yo no. En la segunda, 35 niños levantaron la mano. Yo no. En la tercera escucha 49 niños levantaron la mano. Yo no. La frase coincidía, desde luego, y yo fui el único que permanecí convencido de que no lo hacía. Creo recordar que había un matiz que no me cuadraba, y aunque reconocía el ritmo, no creía que fuera idéntico. No lo sé. Con mi bendita terquedad me quedé como el único zote que no encontró el ritmo adecuado. Terco, y digno, pero equivocado.

Muchos años después, más de 20, sigo con la mano levantada. Terco. Me obceco en las cosas pequeñas y grandes, tenga o no razón. Es mi bendita terquedad. No levanto la mano con las personas, con las cosas, con las dignidades del día a día. Muchas veces estoy equivocado, y otras no tanto, pero una vez que decido mi opinión, la sostengo hasta el infinito. Mi bendita terquedad. La bendita terquedad que te hace ser digno y gilipollas a partes iguales. La bendita terquedad que te abre ventanas y te cierra puertas. La bendita terquedad que te hace estrellarte contra el muro o atravesarlo para llegar a jardines de esos de cuento.

Nunca he tenido claro si esa bendita terquedad es una bendición o un castigo. Ni siquiera cuando la vivo como una bendición o como un castigo. Si la firmeza lleva al éxito puede ser una bendición o un castigo. Si la firmeza lleva al fracaso puede ser una bendición o un castigo. Mi bendita terquedad es parte de lo que soy, como tantas otras cosas. Mi bendita terquedad proviene de los terrenos profundos del alma, de la formación, de la dignidad, de la herencia, del miedo, del respeto, de la decencia, del honor, de la estupidez, de la cabezonería, del orgullo. Está anclada a esos terrenos y dudo que salga de ahí. Mi bendita terquedad es mía, y con ella, los valores que me hacen como soy.

Mientras, con ella, escucharé de nuevo El Cascanueces de Tchaikovski, en versión Youtube con dibujicos. Y mientras, con ella, acabo de presentar un recurso de arbitraje contra Vodafone por el tema de la tarifa plana live!. Terquedades, ¿Para qué os quiero?

Etiquetas: purnasvodafoneterquedadmemoria

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