Un feto de tren

domingo, mayo 4, 2008 19:06
Publicado en la categoría purnas

El otro día cruzando el puente de La Almozara en Zaragoza hablaba con un taxista sobre las obras de la Expo. La pregunta, cómo no, está en el aire, en la conciencia de los zaragozanos. ¿Llegarán a tiempo las obras de la Expo?. El taxista me aportó una visión interesante:

-Hombre, como no van a llegar. Nadie sabe cómo iban a ser con exactitud. El día 13 de junio dirán que han acabado, y ya está. Hasta donde han llegado, habrán acabado. El resto, nunca lo sabremos.

Con ese punto de vista en la cabeza veo hoy la noticia que publica el Periódico de Aragón sobre la red de cercanías de Zaragoza. Nos dicen que los trenes ya están en Toledo. Nos dicen que se inaugurará en junio. Nos dicen que tendrán una frecuencia de 30 minutos. Nos dicen que la línea estará operativa entre Casetas (Zaragoza) y Miraflores (Zaragoza).

Frente al nos dicen, lo que nos dijeron. Que habría dos líneas, que estarían completadas antes de 2008, que serían útiles. Recordaba esta mañana las palabras del taxista. Nos inauguran un cercanías que ni es lo que debería ser, ni es lo que nos prometieron que sería. Como decía mi padre, un “la cagamos con ventanas al Coso”. Nos dicen, inauguramos, porque hemos acabado, pero lo que han acabado no es ni medio empezar. O bueno, sí, claro.

La red de cercanías en Zaragoza hace años que tendría que estar hecha. Hace años que tendría que unir los barrios más periféricos de la ciudad, con el centro y con los pueblos que se vertebran en torno a Zaragoza. La red de cercanías de Zaragoza debería llegar hasta Huesca, Calatayud, El Burgo, Calamocha y Caspe, por ejemplo. Esta línea que ahora nos venden, que tendrá una frecuencia absurda para un recorrido absurdo (ir de Casetas a Miraflores es como no ir a ningún sitio), debería extenderse por lo menos hasta Figueruelas por un lado, y, por otro, hasta al menos el Burgo e incluso Pina, con importantes polígonos. ¿Cómo es posible que Malpica no esté conectado con Zaragoza por tren de pasajeros?.

Hay dos frases en el artículo de El Periódico que encierran la trampa que nos preparan:

  1. Si la demanda lo precisara se podría incluso aumentar la oferta hasta los 15 minutos por trayecto en horarios puntuales y siempre y cuando los trenes de media distancia con los que compartirán vía lo permitan.
  2. Zaragoza es una ciudad pensada para el coche privado y requiere un giro de 180 grados en la red de autobuses urbanos si se quiere garantizar el éxito de las Cercanías más allá de la Expo.

El punto 1 es la trampa más grande. Si aumenta la demanda se aumenta la frecuencia. ¿Pero qué demanda puede tener un cercanías que no va a ningún sitio donde va la gente?¿Puede el C.C. Augusta absorber toda esa demanda?¿La estación de tren y autobuses esperará media hora entre tren y tren?¿El Casetero dejará de tener sentido?. Un tren que no tendrá demanda y que generará pérdidas no posibilitará la mejora de las frecuencias…salvo que cambien los destinos.

El punto 2, surgido como demuestra la línea siguiente de la boca del consejero de Transportes, Alfonso Vicente, sugiere que Zaragoza es así, y así se va a quedar después de la Expo. Dice Vicente que “es consciente de que para lograrlo será preciso prolongar los trayectos hasta la Pla-Za y otros polígonos industriales como el Parque Tecnológico del Reciclado (PTR) en La Cartuja, Cuarte o Cadrete.“. Está bien que sean conscientes, y con eso vuelvo al origen del artículo. No es una línea de cercanías lo que nos venden, sino apenas un feto de tren. Un feto que, o se desarrolla, o acabará entre trituradoras. Las mismas que pueden convertir el sueño de una Zaragoza en Europa y en el mundo, en una Zaragoza oliendo a incienso, a sacristía y a mierda de caballo. Aunque sea de vapor.

Etiquetas: cercaníaszaragozainfraestructurasaragón

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