El nacionalismo se cura viajando

domingo, abril 27, 2008 23:20
Publicado en la categoría purnas

El nacionalismo es una gilipollez. Me resulta raro llamarte Chorche y no Jorge. El nacionalismo se cura leyendo y viajando. Tres frases como tres soles. Me las ha dicho una misma persona en diferentes momentos de esta semana.

Me resulta siempre curioso estos ataques, que lo son, así como sin venir a cuento. Me resultan curiosos porque buscan siempre una confrontación que yo no busco. De hecho, cuando te espetan que algo, lo que sea, es una gilipollez, la fase de debate se ha terminado ya. Antes de empezar. Ya no entro en sí quien lo dice es nacionalista (español) o no. Es indiferente. Ni siquiera en si leo o no leo (se me puede acusar de muchas cosas, pero de no leer, me parece que no). Tampoco en que, en efecto, mi nombre real es Jorge, aunque mucha gente me llame Chorche, y sólo dos personas me llaman Jordi, y porque yo quiero.

El ataque al diferente es una constante en un cierto tipo de personas. Quizás en las personas que no acaban de ver clara su posición en la vida. Buscan su reafirmación en un colectivo totémico que identifica la raya, la muga, claramente. El nosotros contra el ellos. Y el ellos, por supuesto, es todo aquel que no piensa como nosotros. Es curioso, sobre todo, porque en Aragón ese “nosotros” español acaba quejándose de lo mismo que el “nosotros” aragonés. Por ejemplo, del absurdo de un estatuto que no sirve para nada cuando de defender derechos hidráulicos se trata. Sin embargo, cuando lo decíamos los “nosotros” aragoneses, era casi un ataque a la constitucionalidad del estatuto.

Ese nosotros que baila sevillanas mientras ve a Fernando Alonso y se recrea con las canastas de Gasol, odia que nos guste cuidar la cultura de aquí, “una gilipollez”, o que no veamos a la selección española, “otra gilipollez”, o incluso, que nos guste más como juega Kobe Bryant, al que no conocían hasta que no llegó Gasol (un jugadorazo) a los Lakers. Ese “nosotros” que nos dice, con un aire de superioridad moral nacido de vete tú a saber dónde. que “el nacionalismo se cura viajando”, no cree en sus propias palabras. Su nacionalismo no se cura ni viajando, claro que no viajan más allá de Cancún, París, Londres y Roma. Quizás Andalucía, y Asturias, con su sidra. Y Barcelona, claro, donde siempre les hablan en catalán, jodida coincidencia. Como no han viajado no se curan, debe ser. Después viajas, y viajas, y vives fuera, y sigues pensando igual, sintiendo igual, y creyendo que en esa red social que es nuestro entorno, los más próximos necesitan lazos más fuertes, sin más. Aunque los lazos se extiendan en el extranjero, en Cataluña, en España, en Euskadi, en Bretaña o en Chile. Más allá de fronteras, pero también dentro de unas fronteras que lo son enfrente de otras, pero no necesariamente contra otras.

Es más, los no nacionalistas, esos que aplauden a Gasol y odian a Oleguer, son capaces de decir, como oí en un bar el miércoles, que el Barça no es un equipo español y que, por eso, querían que ganara el Manchester. Estaría muy bien, desde luego, si estuvieran dispuestos a aceptar la autodeterminación de esos que dicen, ellos mismos, que no son españoles.

El caso es que en estas conversaciones diarias con la vida, acabo entendiendo que el tópico es tan tópico, que dicho por la persona adecuada, acaba siendo hasta gracioso, tan gracioso, que la respuesta es decir “todo depende de si quieres curarte, de a dónde viajes y del libro que leas, y creo, que ni aún así. Fíjate en tí misma”.

Etiquetas: nacionalismopolíticaaragónespañatópicos

Puedes dejar una respuesta, o un trackback desde tu sitio.

Dixa un comentario