De la Barceloneta y la edad

martes, abril 8, 2008 23:04
Publicado en la categoría purnas

El sol anima. El viento empuja. La arena está caliente. El mar está frío. A mi lado una banda de irlandeses hippies toca música balcánica. El final de Barcelona en el mar, la Barceloneta está llena de vidas. Jóvenes, guiris, no guiris, pakis vendiendo cerveza y hachís, erasmus. Hay gente que estudia. Patinan. Leen. Ríen. Se tocan. Beben. Se tuestan. Se lucen. No es verano. Se nota. Personas en el agua 2. Pies en el agua, en total 8. Y cuatro patas. El sol nos calienta las piernas y la parte de arriba de la cabeza.

Dos anomalías en edad se distinguen entre la multitud. No es la edad la anomalía, sino el contexto. La gente que va a la Barceloneta no es mayor. Por eso resaltan, atraen las miradas. La mirada. La mirada. En el centro del escenario dos personas se acarician. Se abrazan. Se besan. Suman más de 100 años, seguro. Vestidos y descalzos se sientan en la arena y se dejan envolver por la magia del mar rompiendo el bullicio. Tranquilos en su ¿amor?. Disfrutan del sol, e imagino que lo han disfrutado tantos años que ya no se acuerdan de las diecisiete veces que siguieron a la primera. No tienen ojos más que para ellos y el mar. ¿Acaso se necesita más?. No en ese momento. Yo no tengo ojos más que para ellos, aunque no acabo de identificar el sentimiento que me producen. No se si es envidia, deseo, felicidad, tristeza, rabia, pasión, dolor, amor, cariño, alegría. Se mezclan los colores entre mis ojos y mis gafas. Y entre mis gafas y sus manos que se acarician. 

Otras dos anomalías se acercan a mí, absorto mirando el viejo amor entre la arena y pensando en vete tú a saber qué. Son dos mujeres mayores. Más mayores. Creo que suman más de 150 años, tal vez. Van vestidas. Además visten sonotone. Calzan pantuflas de casa. Visten bata de casa. Se acercan a mi. Yo estoy sentado sobre las tablas del paseo, y como quien lo ha hecho toda la vida, mientras entre ellas se gritan de usted a mi me dicen de tú que me aparte un poco. Llevan bolsas del Lidl. Hablan sobre algo. O alguien. Hablan sobre un plato. Hablan sobre un cuenco. Hablan sobre un gato que sale de debajo de las tablas. Tiene menos de un año y se roza contra las piernas de una de las mujeres. Hace círculos entre sus piernas. Una le cuenta a otra que ha comido en tal bar. Le han invitado a un bocadillo, y a un café con leche. “Con la pensión no llega”. Pero de su bolsa, como de magia, sale un bote de comida de gato. Lo echan en el cuenco. La pareja se sigue acariciando. 

Etiquetas: barcelonabarcelonetaplayavejezamorgatos

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