Impresiones de librería. César Vidal, la novela histórica y Serbia

viernes, marzo 14, 2008 1:20
Publicado en la categoría libros

He estado estos días rondando por las librerías de la ciudad. Siempre que entro a una, y más cuando entro a la Casa del Libro , evidentemente, recuerdo mis tiempos del chaleco verde. Es inevitable. Ya hace dos años que dejé de trabajar allí, pero todavía cuando entro miro el orden en que están los libros, me indigno con la publicidad de algunos libros, navego por las secciones en busca de libros mal colocados. La rutina de tres años. Tanto es así, que ahora que estoy por fin catalogando mis libros, ya que tengo memorizados códigos y secciones, la librería de mi casa es una mini Casa del Libro en clasificación. Y alguna cosa más. En fin, para qué memorizar otras clasificaciones. (Apunte: Impresionante el programa Alexandria , para Linux, a la hora de catalogar de manera sencilla una librería doméstica)

En mi última incursión de esta semana para elegir un libro para Romanços! apunté tres cosas en mi libreta. Para escribir este post. Tres sorpresas, o tres indignaciones, o tres reflexiones, o tres libros. Tres, en todo caso. Para no abarrotarme de sensaciones, que suele ser uno de los problemas cuando entro a una librería, y luego lo nota mi cuenta. Por ejemplo. Y mi espacio, por otro ejemplo. Pues tres, digo. Hoy, además, me apetece numerarlas.

  1. Yo soy historiador además de periodista. Desde pequeño siempre me gustó lo que llaman la novela histórica, y, siempre, hasta hace poco, era una de las secciones fijas cuando deambulaba por las estanterías de una librería. Aún así, siempre pensé que la novela histórica no deja de ser un género de nombre absurdo. Todos entendemos lo que quiere decir. Novela de época (la que sea) donde se mezcla hecho histórico con hecho ficcionado. Es decir, como casi todas las novelas. TOdas ocurren en un tiempo de la historia (pasada, presente y futura), y tienden a mezclar lugares imaginarios con lugares reales. Aún así, antes, cuando se hablaba de novela histórica se hablaba de Walter Scott , por ejemplo, de Mika Waltari …y después, más tarde, de Christian Jacq , o hasta de Noah Gordon , e incluso Jean M. Auel, Ken Follet o Ángeles de Irisarri . Cito autores sin orden ni concierto. Pero cito autores que establecían una época, investigaban, con mayor o menor fortuna, y colocaban a sus personajes en su contexto. Hoy, las estanterías de novela histórica están llenas de conspiraciones, sociedades secretas y enigmas seudomísticos. Basura copiada de basura. Pero que, además, tiene un peligro real. La diferencia entre ficción e historia no está fijada en el imaginario. Hoy, muchos neolectores aseguran conocer el misterio de la Magdalena, las claves de Leonardo, o la identidad de los miembros de una sociedad secreta. Después ya puedes ir con la historia…Ellos lo saben de la sección de “novela” “histórica”.
  2. César Vidal es uno de los principales detractores de la Ley de Memoria Histórica, la pacata ley que pretendía restablecer el honor y la memoria de los asesinados por el fascismo. Vidal lo hace desde su púlpito de la Cadena Cope, lo que no impide que, precisamente por el reavivado interés por la historia más reciente de España, César Vidal se dedique a escribir libros sobre la época con los que engordar. Su cuenta corriente, digo. El último es “Recuerdo 1936“. La ventaja que tiene Vidal sobre los historiadores (sí, sí, está licenciado…por una universidad americana que investiga Ovnis, concretamente), digo, que la ventaja que tiene, es que sus lectores acaban de descubrir los libros de historia. Por eso vende. Y vende, entre otras cosas, tesis franquistas, libros con títulos de libros de 1950 (como Paracuellos-Katyn), etc. Y por eso, se permite el lujo de sugerir en el autoprólogo de su libro que “Recuerdo 1936” es uno de los primeros libros sobre memoria oral de la Guerra Civil. TIene suerte, porque sus lectores no leerás los libros de memoria oral que se están publicando al amparo, por ejemplo de las Diputaciones provinciales, que, como todo el mundo sabe, son un nido de rojos. Como los demás historiadores, también rojos. Ni siquiera que Ronald Fraser escribió un tremendo libro de memoria oral de la Guerra Civil en 1979. Completo, metódico y 30 años antes que el de César Vidal. Por supuesto, el amigo Vidal se cuida mucho de citar ese libro. No sólo en el prólogo. Ni siquiera en la bibliografía.Hacer un libro de memoria oral de la guerra civil española y no nombrar “Recuérdalo tú, recuérdalo a otros ” debería estar penado por la ley. O, por lo menos, debería servir para desacreditar, una vez más, la forma de “hacer historia” de ese señor Vidal.
  3. Al menos descubrí que ya está en castellano “With their backs to the world”. Es decir, “De espaldas al mundo”, de Asne Seierstad. Lo leí en inglés hace dos veranos, mientras circulaba con un Renault Clío por Estonia, Letonia y Lituania. Entonces escribí ésto: “La autora de “El librero de Kabul”, Asne Seierstad, viajó durante cuatro años por Serbia entrevistando a personas públicas y no tan públicas y viviendo con ellos los cambios de un país enfrentado a sus propios demonios, y en pleno proceso de cambio. La periodista noruega llegó a Serbia todavía con Slobodan Milosevic en el poder, y se perciben en las entrevistas las experiencias vivencias y anhelos de una sociedad después de enfrentar una terrible guerra, de la que todo el mundo les culpa, los bombardeos de la OTAN, la limpieza étnica, y el difícil encaje de todo esto en una nueva Europa. Músicos, políticos, jóvenes, campesinos, viudas, mujeres de criminales de guerra. Todos exponen sus miedos y rabias en un mundo que les acaba de estallar en las manos“. Hoy se puede leer en castellano, y lo recomiendo vivamente. En especial, a aquellos a los que se les llena la boca con eso de la balcanización de España. Pero también en general. Detrás de los conflictos hay personas, y Asne Seierstad nos los enseña.

Mis tres ideas, mis tres reflexiones. Y los tres libros que me compré: “Ochenta y seis cuentos”, de Quim Monzó, “Al sur de la frontera, al oeste del sol” y “El libro de los amores ridículos”, de Milan Kundera. Uno de los tres será un R!

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