El (ansiado) fin de la democracia española

lunes, febrero 25, 2008 21:39
Publicado en la categoría purnas

Para los que no somos ni carne ni pescado, ni reyes magos ni papá noel , el día de hoy nos hace pensar en el fin de la democracia. Digo nos, pero pienso me, por supuesto. Nada de plurales mayestáticos. Hoy debaten Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero. Es decir, el candidato a diputado por Madrid Mariano Rajoy, y el candidato a diputado por Madrid, José Luis Rodríguez Zapatero. Punto pelota. Por mucho que los medios (incluido en el que trabajo) se empeñen en decir que ambos son candidatos a la presidencia del Gobierno, esa figura no existe hasta después de pasado el 9 de marzo. Una vez que se inaugure el nuevo Congreso de los Diputados y los partidos propongan candidatos a presidente.

Hasta ese momento, Zapatero y Rajoy (y todos los demás candidatos a diputados) no son más que eso, candidatos a diputados. El caso es que una serie de tendencias empiezan a ser preocupantes en torno a la democracia en el Estado español. Especialmente en período de elecciones, pero no sólo.

Por un lado, la ley de partidos, una ley, que teniendo como consecuencia buena la falta de ingresos para el mundo terrorista de ETA, ha tenido dos efectos nefastos. Uno, el consolidarse como ley hecha “ad hoc”. No se ha aplicado la ley de partidos a ningún partido salvo a Batasuna y derivados. A pesar de que hay partidos que presentan asesinos convictos como Sáenz de Inestrillas, a pesar de que hay partidos fascistas que defienden postulados racistas, y a pesar de que hay partidos implicados en actos de violencia, caso de España 2000. Es más, ningún partido condena explícitamente la violencia (ninguna) en sus estatutos. Por otro, el cierre por “sospechas” de medios de comunicación como Egunkaria, del que jamás se demostró ni se probó que perteneciese al entorno de ETA y que ya hace cinco años que está cerrado.

La tendencia al bipartidismo propugnada por los grandes partidos, y reconocida de facto por la inmensa mayoría de los medios de comunicación, la Junta electoral y los poderes fácticos. Es cierto que el PP y el PSOE acaparan el 80% de los votos de los españoles, pero también es cierto que su presencia en los medios es abrumadora. La llamada al voto útil de los partidos es secundada sin voces en contra, por los medios de comunicación, que, en efecto, presentan la campaña como una cosa de dos. Algo que no es.

En esa tendencia al bipartidismo está el intento, soterrado al principio, y poco a poco amplificado, de cambiar la ley electoral “para que los nacionalistas no tengan la llave de la Moncloa”. Llave, que, por otra parte, han empleado tanto PSOE como PP, por cierto. El caso es que se oye ese runrun, que, de trasladarse a ley, acabaría dejando un parlamento de a 3 (o de a 2, si IU sigue en su particular lucha contra viento, marea y tiempo en los informativos). En el trasfondo de esa intención no está sólo acabar con la “bisagra” del nacionalismo “moderado” (CiU y PNV para entendernos) e incluso del “maligno” en términos españoles (ERC, BNG, EA…). La idea es acabar con una cámara bipartidista, en todo caso tri si los comunistas consiguen pasar del 5% en el cómputo del Estado.

Todas estas tendencias tienen orígenes, evolución y resultados diferentes. Pero acaban convergiendo en un sólo escenario. Una España bipolar en la que no cabe lo no bipolar. Una España presidencialista con Rey. Una España en la que la dicotomía o carne o pescado acaba haciendo imperfecta a la democracia, ya viciada por el continuismo de la transición. Una España en la que no se puede comer verdura, en la que hay voces a las que se integra a la fuerza, una España que devalúa hasta al átomo los votos que no son carne ni pescado. Una España que pretende incorporar a la bipolaridad a la multipolaridad que es hoy la sociedad española. Una España, en fin, sin democracia real.

Etiquetas: políticapppsoedebateperiodismoley

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