De trenes, cuentos, espirales y manos

lunes, enero 28, 2008 19:13
Publicado en la categoría purnas

Hace muchos años escribí un lamentable cuento sobre un hombre que seguía una vía de tren. Lo escribí por dos motivos principalmente. Uno, ganar un premio que daban a relatos de viaje en Renfe, y otro impresionar a una chica que se llamaba Isabel. No conseguí ni una cosa ni la otra. El cuento era malo, pero eso sólo influyó en el primer objetivo. En el segundo tuvieron que ver muchas otras razones que tampoco vienen al caso. El otro día vi a Isabel desde el autobús. Creo que está casada. La última vez que la ví también fue desde el autobús, pero en Barcelona. Yo iba en el 19 por el Paseo San Juan. Acompañaba a mi madre a la Estació del Nord. Yo entonces, no hace nada, vivía en la Sagrada Familia. Al lado, mejor dicho. Como ahora vivo en La Aljafería.

Desde el autobús de Barcelona y tres años después desde del autobús de Zaragoza, vi a Isabel. Isabel me remite al tren. A la vía que recorría un vagabundo en un cuento horrible que acababa con unos versos copia inmunda de una canción de Loquillo. No digo más. Isabel, Zaragoza, Barcelona y el tren. Hoy el Periódico de Aragón publica que habrá trenes baratos entre Zaragoza y Barcelona que nos moverán de un lado a otro del desierto por 17 euros. No me importa no ver a Isabel desde el autobús. Sobre todo si se que cogiendo ese tren de ida y vuelta, desde allí o desde aquí, desde la Sagrada Familia o desde la Aljafería, veré a otras personas más importantes. Isabel fue una mano en un cine y un no. Nada que merezca la pena recordar aunque ahora lo hago. Hay más manos que ver. Más manos que tocar. Más manos que sentir. Manos más importantes. Manos que merecen un viaje de dos horas en tren.

Será la espiral. ¿O quizás es la Renfe?. Ayer a las 4.20 me llegó una foto de un despertador. Será la espiral.

Ps. Los comentarios de la noticia en el periódico merecen una revisión del sistema educativo y un replanteamiento profundo de la política aragonesa.

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