Aniversario de la liberación de Auschwitz

lunes, enero 28, 2008 0:05
Publicado en la categoría purnas

“Huesos móviles, unidos por una piel seca y envejecida. El aire era irrespirable, una mezcla de carne quemada y excrementos”. El ambiente de Auschwitz era así cuando el primer soldado soviético entró en el campo. Un campo de esclavitud y muerte. Un campo en el que se condensaban la locura de un hombre y la ceguera de un pueblo. Una ceguera que les llevó a colaborar en el asesinato de millones de personas. Auschwitz no es lo peor de la raza humana. Es la raza humana. Primo Levi lo explica muy bien en su libro. La propia humanidad dejaba de ser humanidad en verdugos y víctimas. Hoy nos conmueven las imágenes de aquella locura. Son las mismas imágenes de Ruanda o Kenia. Las mismas de la dictadura franquista. Las mismas de los gulags soviéticos. De la Academia de Marina de Buenos Aires.

Acabo de releer “Si eso es un hombre”, de Primo Levi. Ni siquiera era consciente de la cercanía de la fecha, pero necesitaba releerlo. Necesitaba conmoverme e investigar en la ceguera humana. Los relatos de los campos de concentración son muchas veces batallitas. Muchos de los supervivientes los han pretendido olvidar, otros, tratan de reflejar su particular odisea. Sus historias. Sus supervivencias. Primo Levi va más allá. Reflexiona. Descubre donde quedaba la naturaleza humana de verdugos, colaboradores y víctimas. De una lucha por la supervivencia mental y física que muchos no pudieron soportar. Impresionan las palabras de un hombre de ciencia. Impresionan. Hacen comprender la terrible tortura de verse convertido en un animal por otros animales. De tener que lamer los platos para aportar una caloría más. De tener que traficar contra otras víctimas para poder sobrevivir. Hay tantos párrafos sobrecogedores que casi no merece la pena resaltar ninguno de ellos.

Cuando me he hecho la cama y me he vestido, bajo a tierra y me pongo los zapatos. Entonces se me vuelven a abrir las llagas de los pies y comienza un nuevo día”.

En la reflexión de Primo Levi está la historia de la humanidad. Una historia que se ha ido construyendo de víctimas y verdugos. De amos y esclavos. De poderosos y de débiles. Lo peligroso del caso es que muchos de los intentos por subvertir esa historia han acabado evolucionando hacia el mismo sistema. Eso es un hombre. Los pensamientos golpean como los puños. Sobre todo en la comodidad de las casas. Sobre todo cuando intentan borrar la memoria de esta historia infernal.

Nos contaban en mi visita a Mauthausen que el actual director del memorial, del gobierno austríaco, había cambiado las baldosas de la cámara de gas. Así no se veían las roturas, las marcas de los dedos de quienes morían asfixiados por la máquina de matar que construyeron los alemanes. Al contárnoslo José Alcubierre, superviviente del campo de Mauthausen, lloraba. Primo Levi escribe que “ninguno debería salir de aquí, ya que podría llevar al mundo, juntamente con las señales de la carne, la mala nueva de todo aquello que en Auschwitz el hombre ha sido capaz de hacer al hombre”. Esos testimonios desaparecen. Nos quedan los escritos. Las voces. La misma memoria histórica que permanece enterrada en cunetas de toda Europa, en fosas comunes que algunos quieren seguir llenando de cal, odio y miedo. Por eso mismo todos los aniversarios son para recordar. Cada liberación de Auschwitz, de Mauthausen, cada muerte de un dictador, cada fosa común identificada en la que sus muertos son honrados, merecen la celebración y el recuerdo respetuoso. Esa es la memoria histórica que nos trae Primo Levi y las decenas de supervivientes que todavía, cada año, desafían a sus recuerdos y se visten sus pijamas de rayas para decirle al mundo que su supervivencia es el testimonio vivo del infierno. No basta decir “Nunca más”. Hay que recordar y hacer posible ese nunca más.

Mi visión de Mauthausen quizás es pobre. Quizás es parcial. Quizás está matizada por los límites del tiempo y del espacio. Pero buena parte de lo que viví el año pasado, buena parte de la piel de gallina, buena parte de la sensación de impotencia ante la muerte de tantas personas queda reflejada en este vídeo que emitió Aragón Televisión.

 

Etiquetas: auschwitznazismoholocaustomemoriafascismo

Puedes dejar una respuesta, o un trackback desde tu sitio.

Dixa un comentario