Todavía no aterrizo y me siguen sorprendiendo las cosas

jueves, enero 24, 2008 16:50
Publicado en la categoría purnas

Lo cual es una ventaja. No sólo para mi profesión, que es lo de menos, sino para todo lo demás. Cuando viajas abres los ojos, y cuando vuelves, no acabas de cerrarlos. Tienes la cabeza un poco allí, y un poco acá. En mi caso la cabeza siempre está en al menos tres sitios. Para lo bueno y para lo malo. Y si hay luna llena, no quiero ni contar. Llego recién de Lisboa. Como vivir en Cuéntame. Seguro que hace treinta años las calles de Zaragoza eran así. Hay bigotes y bigotes. Barberos, Ginginhas y ropa tendida. Abuelos al sol. Mercadillos pintorescos. Bacalao. Bacalao. Pescado. Bife á Pedra. El hablar se te hace simpático. COn los portugueses uno nunca acaba de tener las cosas claras. No sabes si están enfadados, si se ríen, si sonríen, si lloran. En el tranvía el conductor habla acaloradamente con una chica. Después se ríe bajito. Como para adentro. Nunca sabremos si fue una broma o simplemente no se acababa de tomar en serio lo que acababa de decir. Prometo mejor crónica. Todavía me queda la impresión de unas luces maravillosas y de sombras por la calle del Carme. Necesito el poso. Pero Lisboa es una ciudad de colores. Tan de colores que nunca puedes saber si alguien es inmigrante o lleva cuatro generaciones su familia andando por la Alfama.

En Zaragoza las cosas han ido más despacio. Todavía no acabamos de ver a nuestros vecinos como vecinos. Ni siquiera ellos nos acaban de ver como vecinos. Pero somos humanos. Y los humanos tenemos la misma tendencia a la diferencia que a la agrupación. Al final, acaba siempre primando una u otra. Cuanto más humanos, más grupo. Cuanto menos humanos, pero también humanos, más individuos. Por eso mientras comía hoy un bocadillo de bacon en el bar de debajo de casa veía la telenovela de Aragón Televisión. El dueño del bar es aragonés, y chino. El que tomaba el café al lado de mí es aragonés y marroquí. La que venía a por tabaco y se ha quedado viendo la serie es aragonesa y búlgara. Los cuatro, como humanos, hemos reído cuando se ha atascado la máquina de café. Los cuatro, como humanos, hemos aportado nuestras soluciones. Después el del café se ha ido. La del tabaco ha hablado con el del bar. Porque la del tabaco es la del colmado de la otra esquina, con carteles en cirílico. “Estas patatas no funcionan, le he dicho al repartidor que no traiga más””Sí, sí, yo tampoco vendo, pero mira que tira más bonita te ha traído a ti, yo se la he pedido y no me ha traído”. “Ya se lo diré que tiene que venir mañana y que se pase”. Luego hemos hablado ya los cuatro de que en la serie de Aragón Televisión las tías se tiran del pelo. El del bar ha afirmado “Todas chicas malas”. Su mujer sonríe, parece todo lo contrario a las de la serie. La del colmado ha sido más explícita, “uy, es que esa rubia ha matado muchos en esta película”. Después, mientras salía del bar, categórica, ha dicho: “Es una puta”.

Una frase categórica, que no tiene que ver, pero que me ha recordado a un abuelo, en otro programa de Aragón Televisión. Eran de un pueblo del Pirineo. Le han regalado un fin de semana en una casa rural en Javierregay (Lo ferrero, creo, en esa lengua que no sale en Aragón Tv). El abuelo ha mirado a Pilar Bellé. “Uiiii, Pa qué tanto…”. Categórico. Porque para casa rural, la suya. A él lo que le hubiera gustado es un fin de semana en Barcelona, en Nueva York o hasta en Huesca. Pero para bajar al pueblo de al lado…Pa qué tanto. 

Etiquetas: lisboazaragozamulticulturalismoracismoaragón

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