La lluvia amarilla en el Heraldo

jueves, enero 17, 2008 9:46
Publicado en la categoría libros

Quizás es mi libro favorito. Quizás. Quizás es uno de los libros que mejor narra la soledad. Quizás. Quizás es uno de los libros que mejor narra la destrucción del mundo rural y de nuestro Pirineo. La Lluvia amarilla es un espejo en el que mirarse, pero…

A pesar de lo que publica hoy Mariano García en Heraldo de Aragón y en su versión digital “La Lluvia amarilla” no es de José Luis Llamazares sino de Julio Llamazares.

“El tiempo fluye siempre igual que fluye el río: melancólico y equívoco al principio, precipitándose a sí mismo a medida que los años van pasando. Como el río, se enreda entre las ovas tiernas y el musgo de la infancia. Como él, se despeña por los desfiladeros y los saltos que marcan el inicio de su aceleración. hasta los veinte o treinta años, uno cree que que el tiempo es un río infinito, una sustancia extraña que se alimenta de si misma y nuca se consume. Pero llega un momento en que el hombre descubre la traición de los años. Llega siempre un momento – el mío coincidió con la muerte de mi madre- el el que, de repente, la juventud se acaba y el tiempo de deshiela como un montón de nieve atravesado por un rayo. A partir de ese instante, ya nada vuelve a ser igual que antes. A partir de ese instante, los días y los años empiezan a acortarse y el tiempo se convierte en vapor efímero igual que el que la nieve desprende al derretirse- que envuelve poca a poco el corazón, adormeciéndolo. Y así, cuando queremos darnos cuenta, es tarde ya para intentar siquiera rebelarse” 

El problema de que un libro te cale, despacito, como las gotas del tiempo, es que luego cualquier alusión te la tomas como algo personal. Ajado por mis manos “La lluvia amarilla” descansa en mi estantería de gala. Lo releo a veces, más bien siempre. Abro sus páginas al azar, a veces. Lo leo entero una vez al año, por lo menos. Gotea el tiempo por sus letras. Por mis neuronas. Admiro a Julio Llamazares por haber podido escribir ese libro. Un libro así. Un libro que es un soliloquio que es un sueño que es un cuento que es un poema. Un libro que me atrapó hace muchos años y que me ha impedido subir a Ainielle. No he ido nunca. Me dolería hasta el alma. Igual que me duele que un libro tan aragonés que está escrito por un leonés no haya hecho que Mariano García, el corrector, el editor, el revisador, el director y quien sea, repasen, con el candor arrobado del admirador, cada letra de un texto que lo menciona de pasada. Que repasen el nombre del autor, que lo corrijan.

Es de justicia que José Satué “Memorias de un montañés” ocupe un lugar en el rincón de nuestra memoria colectiva. Es de justicia que en su voz hablen todos los que cerraron sus huertos, sus puertas y sus ventanas, los que quemaron o abandonaron sus cadieras. Es tan de justicia que por ello afear el artículo con el error de confundir el nombre del aragonés honorífico Julio Llamazares no hace sino prestar relevancia al hecho de que nosotros, urbanitas, vemos la Arcadia feliz, lo pintoresco, en la vida dura, salvaje, nevada y fría del viento y la soledad. Tan pintoresco que ni prestamos atención a lo que escribimos.

Etiquetas: llamazareslluviaamarillaheraldolibros

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