Conversaciones de peluquería

miércoles, enero 16, 2008 23:37
Publicado en la categoría purnas

Las conversaciones de peluquería tienen todas las convenciones de las conversaciones sociales. Es decir, aquellas en las que se habla por llenar el tiempo y no por hablar, ni por interés, ni siquiera por ganas de hablar. Hoy he descubierto que hay personas a las que no les gusta París. Que la incapacidad de expresarse de algunos inmigrantes chinos les produce la misma desazón que a las personas con la incapacidad de expresarse por haber tenido un infarto cerebral.

He descubierto que los chinos cuando se casan en Aragón también hacen fiestas y se ponen guapos. Que el sueño de la compañera de al lado es ir a muchos países siempre que pueda comer comida normal. Que hay franceses sin acento. Que Muchachito no es el que “es minusválido” y canta rap, aunque no hemos llegado a un acuerdo sobre quien es. Es la Excepción, pero es que yo no me he metido en la conversación. También que la María hacía tanto tiempo que no bajaba de casa que seguro que huele mal. La casa y María, probablemente. Que la de la permanente asegura que no entiende de música, pero que le parece desagradable el tono de laMari de Chambao. O ex de Chambao, que tampoco hemos llegado a un acuerdo.

No se ha hablado de política, eso no. Ni de fútbol, eso tampoco. Ni de religión, tías buenas, tetas o culos. Ni siquiera de George Clooney. En la peluquería, salvo yo, nadie había visto un informativo hoy. Es la gente de la calle. Les ha dado igual que Gallardón no vaya en las listas del PP o que el pabellón de Aragón lo hayan preestrenado hoy a dos meses de que esté acabado. Tampoco sabían que los franceses (que son una gente muy maja, sobre todo en el sur) ya tienen las llaves de su pabellón. Es más, aún habiendo una mención a los catalanes no han hablado ni de los bienes de la Franja, ni de la obligación de aprender catalán, ni de la ruptura de España. Que ya es decir, en una conversación en Zaragoza. Así que entre lacas, rulos, tijeras, sprays ha ido pasando la tarde.

Después, al salir de la peluquería he descubierto que mi móvil no entiende el plural. O mejor dicho, no me deja vivir en plural. NO me ha dejado escribir cayéramos, encontráramos, viviéramos, bebiéramos ni saliéramos. Me quiere solitario para que me pase horas con él. Los celos. O igual es que sólo le interesan las conversaciones de peluquería. Las que no dicen nada y lo dicen todo. Las conversaciones en las que diga lo que diga la persona que tienes enfrente hacen que acabes diciendo algo así como “Pues sí, chica, tienes razón, pero yo te digo una cosa, luego vas a cualquier lado, y la comida no se puede ni comer”. “Mira la Paqui, que fue a Túnez y casi no vuelve”. “Por cierto ¿que vida lleva que no se le ve el pelo?”.

 

Etiquetas: peluqueríazaragozamóvildiálogo

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