Los últimos coletazos del Xampi y la Zaragoza multicultural

lunes, enero 14, 2008 23:35
Publicado en la categoría purnas

Creo que ya he explicado que el Xampi ha muerto. El Xampi ha sido mi último coche, un Corsa TR del año 89, blanco. El Xampi recibió su nombre en Tolosa (Toulouse) fruto de un lamentable equívoco. Después de crear toda una travesía central con él, de almorzar en Jaca, comer en el Auchan de Oloron y encontrar hotel con escape de gas en Tolosa nos fuimos a cenar. Entre la ensalada, ocultos como en emboscada, unos torreznillos de pan esperaban a ser devorados. Pero yo, medio cegato de vino, de paño en las gafas y de ojos que mirar, confundí los torreznos con champiñones. A la risa siguió el bautizo y desde ese momento, salvo un breve lapso, el Xampi ya fue el Xampi. Hasta su muerte. D.E.P.

Hoy una amiga me ha dejado otro Corsa TR. Me lo ha dejado, así sin más. Lo he cogido en su casa, de un garaje que ya conocía de hace muchos años, y lo he llevado hasta la mía. Tenía que coger la documentación del coche. He subido. He cogido del buzón el llavero USB que me han enviado desde Hong Kong por tres euros. He meado. He bajado. El primo del Xampi no se ha querido mover. La batería, me he dicho. He llamado a la dueña. “Este….¿qué haces cuando no te arranca el coche?”. Ha venido en 20 minutos. Hemos ido al taller nos lo han arrancado y hemos ido a la gasolinera. Había que llenar el depósito. Los coches comen. No andan, pero comen. Como la burocracia.  Hemos puesto 20 euros de gasolina. ¿Por qué? Porque eran los dos billetes arrugados que había en el monedero. Y después, el primo del Xampi, que lleva corazoncitos rosas en la luna de delante (crecientes y menguantes), ha decidido no arrancar. Una vez más.

Joder. Soy el Kimi Raikkonnen de los Corsa TR. El Carlos Sainz de Figueruelas. Pero hoy teníamos técnicos expertos. El gasolinero se ha hecho el sueco. Por blanco y rubio. Y sólo ha prestado miradas. Al lado, un mozo bastante más oscuro, muchísimo más, diría yo, y con el coche hecho un desastre con varios agujeros, se ha dispuesto a prestarnos batería. Ni por esas. Las pinzas de juguete no conseguían arrancar ni un quejío al Corsa. En éstas, un gitano de piel de aceituna. Así diría aquel al que algunos les gustaría seguir viendo en una zanja. Un gitano piel de aceituna que ha dicho tres palabras mágicas. “Soy medio mecánico”. Pimpampun. Un salto por encima de la cuerdeta de las pinzas. Un meneo al contacto. Una mirada al motor. Y ahí estaba, el primo del Xampi arrancando una vez más. La Zaragoza de las mil culturas arreglando un coche hecho en Figueruelas. This is Aragon, maños. Y sin casinos, todavía. Después nos hemos dado las manos, gracias chavales, sois unos cracks, suerte con todo y adelante a devorar millas. Pocas. Las justas desde la CREA hasta el derribado edificio de Telefónica. Una Export para celebrarlo y unas risas de contarlo varias veces. Ahí se ha quedado el Xampi 2 en su sitio. ¿Y mi saco de dormir, mi radio, mis destornilladores y mi manta azul del 84?. En la Avda. Cataluña, dentro del Xampi. Algún día podré ir a buscarlo. Eso sí, el jodido ha ido a morir mirando a Barcelona. ¿Espiral? Quiá, mala hostia que tiene el mozo. De casta le viene al Corsa.

Y oye, por cierto, que me alegro mucho de lo de Garitano . Ander Garitano fue la última afición que compartí con mi padre. Nos gustaba su zurda con guante, nos encantaba su profesionalidad, su casta, su manera de luchar sin hacer ruido, su manera de celebrar los goles, su manera de irse del Athletic sin armar follón a pesar de que le jodieron pero bien. Garitano, repito, fue la última afición que compartí con mi padre. Y sólo por eso, merece que lo que queda de temporada, al menos, sea un éxito continuo. Y si lo hace muy bien que Ander Garitano marque una época en el banquillo del Zaragoza. Aurrera, Ander, beti aurrera! 

Etiquetas: zaragozacorsamulticulturalidadgaritano

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