Entender todo esto

domingo, enero 13, 2008 21:43
Publicado en la categoría purnas

La verdad es que no he contado nada del debate del otro miércoles. Obligaciones y distracciones varias lo han impedido, y ahora, tan a toro pasado, tampoco creo que merezca la pena. Gracias a todos los que pudistéis venir y espero que, a pesar del pequeño incidente del “ácrata patriótico” y del “recitador” pudieráis sacar algo en claro, cosa que dudo, por otra parte. Los miembros de la mesa quizás fuimos demasiado autocríticos sobre nuestra profesión y quizás eso impidió avanzar algo más. Por otra parte, no todos tenemos las mismas posibilidades de actuación en nuestro trabajo para evitar todas esas cosas que fuimos desgranando sobre los periodistas y los políticos. Me quedo con una de las cosas que intenté transmitir. Es posible otro periodismo, como es posible otra política. Y es posible siempre que el ciudadano sea consciente de su propio poder. Y cuando digo ciudadano digo ciudadano político, ciudadano periodista y ciudadano sin más. 

No somos carne de votación. El compromiso para mejorar nuestra sociedad no parte de las urnas, aunque allí tiene parte de su expresión. El compromiso propio (de políticos, periodistas y demás gentes humanas) tiene que partir de la propia necesidad de mejorar nuestros mundos y a los que nos rodean. Somos libres en esencia, pero no en forma. Somos libres hasta cierto punto pero en nuestra mano está forzar esos límites. La democracia no es sólo ir a votar cada cuatro años sino implicarse y obligar a los que hemos elegido (por decisión o no) a cumplir sus compromisos con la sociedad y a gestionar adecuadamente la cosa pública. Tan partícipe de esto, por cierto, es el que vota como el que no. Yo puedo no votar y exigir el mismo compromiso a los que gestionan mi dinero. Sólo faltaría. En efecto, las elecciones son “la fiesta de la democracia” como decimos los periodistas cada vez que vemos una urna, pero lo son igual para el que se va a la playa, para el que vota en blanco, nulo o vota al que gana las elecciones o las pierde. Pero es que la realidad de la vida diaria no se puede dejar a unas elecciones cada cuatro años. Como periodistas creo que tenemos el compromiso de transmitir esto, como también deberíamos tener otros compromisos, como no vender publicidad de gabinetes de prensa, dar por buena la versión oficial, creer al político que nos recibe con una sonrisa o dejarnos embaucar por los datos que nos presentan. Y en esto tiene mucho que ver eso que llaman “periodismo ciudadano”.

La versión de los medios generalistas es que el periodista es el único que puede hacer periodismo. Y no es así. Todos podemos hacer periodismo. Si entendemos como periodismo ver la realidad y transmitirla a los demás. Nosotros, como profesionales, además, tenemos una exigencia, que es respetar los “códigos deontológicos” y comprobar que todo lo que decimos es al menos tan verdad como el número de dedos que decimos que tenemos. Pero todos podemos ver la realidad. Y todos, cada uno con sus capacidades e intereses, puede transmitirla. Por eso ese periodismo 2.0 sienta tan mal a los medios tradicionales, y sin embargo, ese periodismo 2.0 es el futuro de los medios. Los ciudadanos como fuente (inagotable) de historias, realidades y verdades. Como un macrogabinete de prensa.

De la charla también salí con dos libros (y un calendario). FNAC regala dos libros con cuentos y reflexiones para las elecciones españolas con las compras de libros de bolsillo. Sobre la política, la economía, el racismo, las drogas. Hay de todo, como se puede entender. Pero empezar con el Breve Manual de Campaña electoral de Marco Tulio Cicerón (en correspondencia con su hermano) es toda una declaración de intenciones. Pero yo me quedo hoy con un párrafo de Rafael Sánchez Ferlosio de un ensayo que se llama “Borriquitos con chándal” (1998) y que está publicado en el primer volumen de “Entender todo esto”:

“Hace ya más de 30 o 40 años me llamaba la atención el ver hasta qué punto, por ejemplo, las publicaciones corrientes de los zaragozanos, sus revistas, culturales o no, y hasta su prensa diaria, no terminaban nunca de hablar de la Pilarica o de la jota, como si no fuesen justamente cosas de las que maños y aragoneses, por sí mismos, deberían estar ya más que enterados -pero no aburridos, cosa tan admirable como absolutamente deprimente- para empezar de una vez a contar cosas de otras partes más lejanas y menos conocidas”

Menos mal que los tiempos han cambiado, ¿verdad? 

Etiquetas: periodismoeleccionespolíticaaragón

Puedes dejar una respuesta, o un trackback desde tu sitio.

Dixa un comentario