Los extremos de la espiral

lunes, diciembre 24, 2007 11:31
Publicado en la categoría purnas

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No he conseguido resolver mi misterio de las 04.20. Tampoco he conseguido resolver mi situación económica, ni comprarme un coche nuevo, ahora que el Xampi descansa en paz. Así que el reloj sigue pasando minuto arriba, minuto abajo por las cuatro y veinte de la mañana y reaviva mis neuronas un rater. Hoy, todo sea dicho, me he despertado a las 4 y pico, pero hoy había un motivo. Bueno, dos. Los domingos también hay fiesta en Zaragoza y mi habitación tiene claraboyas de luz que comunican con el pasillo. (No, no habéis hecho ruido, ha sido la luz). El caso es que ese misterio sigue sin explicación (y sin sorpresa, que prometí ayer y daré mañana o pasado, porque todo no puede ser). Otro misterio, de espirales y líneas centrífugas sigue poblando mis desvaríos.

Hoy la espiral es más espiral que nunca. O quizás ayer, o el sábado. Pero yo no se si es por mi propia voluntad que genera estas sinergías, o por la propia realidad que juega las pasadas que le apetece jugar, la espiral es más parecida que nunca a ambos lados del desierto sin casinos. Puede ser, claro, que en realidad todo sea un fantasma que recorre entre estaciones de cercanías de sinapsis y haga ver puntas de espiral, flecos de ilusión a ambos lados del vacío. Puede ser. No lo niego. Puede ser que en realidad nada sea lo que parece.

Pero evidencias tengo unas cuantas, la verdad. Por un lado en Zaragoza ya hay Casa del Libro. Tres plantas, miles de libros y chalecos verdes. No es tan grande como aquella que me quitaba el sueño, el tiempo y la energía en Barcelona , es verdad. Ni entre los dependientes vi a nadie que me recordara, ni de lejos, a algunas de las personas que conocí entre libros. No estaba Juanita , tampoco. Ni me llamaron imbécil. Ni siquiera me obligaron a firmar ni a sacar a relucir a Thoreau. Pero ahí está.

Salir de la Casa del Libro e intentar coger el autobús fue el siguiente paso de mi ronda de domingo. Siempre después de haber paseado por el Rastro de la Plaza de Toros, claro. Así que la espiral creció. Igual daba estar en Barcelona que en Zaragoza. Huelga de autobuses aquí y huelga de autobuses allá. Haberme despertado hablando en catalán sobre la Biblia tampoco ayudaba a aclarar el espejismo. Y tampoco ver al Barça por la tarde contra el Madrid. Crisis en el Zaragoza, crisis en el Barça. Casa del Libro, huelga de autobuses, crisis futbolera. El desierto más pequeñito que nunca. Casi tuve la tentación de subirme al metro y llegar a la playa a ver el mar. Comprendí que era imposible cuando tras las escaleras de la calle Zumalacárregui vi que sólo había punkis de 18 años y no una taquilla de TMB. Casi despierto. Después tumbado en la cama viendo Roma la espiral se cerró. Me dormí como había despertado. Hablando de la Biblia, y del Petit Nicolás en catalán. Hay días que son espiral en sí mismos.

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