Las manos, los círculos, la espiral

martes, diciembre 4, 2007 20:00
Publicado en la categoría purnas

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El círculo estaba cerrado. Por lo menos crepes ya no daban. Les suele pasar a los círculos, que lo son porque se cierran. Ese, que no pasa de ser un restaurante francés estaba cerrado. Y con él, la metáfora. Está Heráclito , filósofo griego, que expuso una teoría habitualmente mal citada. “En el mismo río entramos y no entramos, pues somos y no somos [los mismos]”. Osea, la espiral. O más o menos. Es por eso que prefiero las espirales a los círculos. Todo cambia. Nosotros evolucionamos. Volvemos a los mismos puntos, pero no estamos en los mismos puntos. Nunca son los mismos ojos los que nos miran. Ni las mismas manos las que nos tocan. Porque los ojos evolucionan y las manos evolucionan. Han visto más cosas. Han tocado más cosas. Hemos visto más cosas. Hemos tocado más cosas.

Es por eso que la espiral representa la máxima de Heráclito. Es la misma espiral. Es la misma línea de vida. Pero es diferente punto cada vez. Sin dejar de ser lo que somos, cada vez que avanzamos nos modificamos. Por eso encontrarnos de nuevo nunca es lo mismo. Por eso volver, nunca, en el fondo es volver. Volví a Zaragoza y no volví, sino que vine. Vuelves a estar y no vuelves, sino que estás de nuevo. Heráclito tenía razón. Tiene razón 2500 años después. No es bueno ni es malo. Es diferente. Tiene momentos maravillosos de espiral que parece círculo. Y momentos maravillosos de espiral que nunca llegará a ser círculo. Hasta los ríos, cuando cambian, a veces lo hacen a mejor. También hay cosas que no cambian.

Como que me gusten las cosas pequeñas. O que me gusten las manos. Me encantan las manos. Hay veces que son las manos de una persona las que me hacen odiarla. Amarla. Respetarla o aborrecerla. También los olores. Pero sobre todo las manos. Me gustan las manos pequeñas, pero fuertes. Me gustan las manos decididas. Con vida. Tanta vida que a veces tienen heridas. A veces están retorcidas. También me gustan las manos frías. Me encantan las manos frías. Me gustan las manos que sujetan otras manos. Me gustan las manos que acarician. Frías. Con heridas. O sin heridas. Eso no cambia, ni cambiará.

Me dijeron el otro día que era vanidoso hablar de mí en el blog. Y es cierto. Es la vanidad la que me hace escribir. Es la que me crea el nombre. Yo soy lo que escribo. Y muchas más otras cosas. Miles de otras muchas cosas. Pero compartir lo que soy es igual que compartir lo que pienso es igual que compartir lo que siento es igual que compartir lo que digo es igual que compartir lo que padezco. Mi vanidad es debilidad también. Lo que digo aquí es lo que soy lo que pienso lo que siento lo que quiero. Me hace débil porque me abro. Porque me muestro. Me hace fuerte porque me muestro a quien quiero. A quien me quiere. Es la propia espiral de lo que supone purnas . Sigue siendo el mismo río que nació un 31 de diciembre de 2003 . Y no lo es en absoluto. Porque sigo siendo yo pero ya no soy yo. Decidí no moverme en círculos, porque los cierran, y sí en espirales. Y me encanta sumergirme en mis propias contradicciones, en el mismo río de mi vida con miles de sensaciones nuevas. He dicho.

Mi vanidad.

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