Resultado de una semana de reflexión y sensación

sábado, octubre 20, 2007 13:03
Publicado en la categoría purnas

En la espiral que soy , y que nunca dejaré de ser los puntos convergen y divergen a la vez. Desde hace cosa de un mes mi cabeza va y viene sobre el mapa. Va y viene sobre las sensaciones. Mi piel busca otras pieles, tres o cuatro, exactamente. Mis ojos buscan otras miradas, dos o tres, en concreto. Mis oídos quieren oír otras voces, una o dos, en especial. En la espiral que soy, y que nunca dejaré de ser, hoy mi cuerpo está en el centro de los círculos que no son concéntricos, mis manos están en los extremos, mis ojos sobrevuelan una y otra vez las líneas. En la espiral que soy, y que nunca dejaré de ser, mis oídos oyen cantos de sirena, oyen palabras que nadie pronuncia, oyen rumores que nunca serán verdad.

 

En la soledad amplia de mi cama giro la cabeza a derecha e izquierda. Busco el rumor. Busco el olor. Busco el ruido. Busco la sirena. Busco el ordenador encendido. Busco el reloj. Cuento los minutos. La espiral sigue en perpetuo movimiento y me empujo, no me empuja, me empujo, quiera o no quiera, hacia fuera. Las visiones de otro tiempo me acechan. Las olas de gente me apasionan. No por masivas. Sino por reincidentes. Porque se van y vienen. Porque se acercan y se alejan. Y a veces lo hacen a la vez. Porque cuando la espiral que soy, y que nunca dejaré de ser, estira su último punto hacia fuera…a la vez está volviendo hacia dentro. Porque mi piel, mis ojos, mi cuerpo, mis oídos y mis manos, en realidad nunca han dejado de tener lo que nunca han querido. Porque mi piel, mis ojos, mi cuerpo, mis oídos y mis manos, en realidad nunca han dejado de querer lo que nunca han tenido. Porque además de espiral soy ola. Porque además de ola, soy viento. Pero el viento no tiene manos. Las olas no tienen manos. Y la espiral sólo tiene una única mano, en forma de punto, que trata de aprisionar lo que quiere y lo que no. Yo, que soy todo eso, sin ser nada de eso, tengo manos, ojos, pies, piel, oídos, boca, lengua, cabeza y sexo. Y la espiral que soy, y que nunca dejaré de ser, a veces se sorprende a sí misma notando que todas esas cosas, no son más que espirales que quieren y desean cada una una cosa distinta. Pero la espiral que soy, y que nunca dejaré de ser, sabe, aún sorprendida, que lo más peligroso es cuando todas esas cosas que soy quieren y desean, cada una por separado, lo mismo.

 

Antes hubo negrita.

 

Etiquetas: espiralreflexiónjorgeromancepurnasconfesióncomprensión

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