La forja de un rebelde y la lección del sacrificio

martes, octubre 2, 2007 17:41
Publicado en la categoría purnas

He vuelto a releer la trilogía la “Forja de un Rebelde”, de Arturo Barea. Cada vez que la leo me quedo en algún párrafo. Me asusta la crudeza de algunos de los pensamientos. Me asusta la forma en que se pueden hacer traslados masivos de la España de primera mitad de siglo a nuestros días. La continuidad histórica que asoma en sus páginas sorprende. Estamos acostumbrados a decir y oir que la historia es pendular, y es cierto, pero no es un péndulo como el de Foucault, inamovible, es un péndulo que avanza en espiral . Que nunca vuelve a los mismos puntos sino a otros parecidos y con ello se acerca hacia un centro mítico, al que no llega, ni llegará nunca. Me parece esta imagen mucho más real que la estable de un péndulo que va y viene.

 

En esta relectura me he quedado un rato pensando en este párrafo. El Padre Lobo, un cura republicano, que los había, (alguno de los cuales fue después asesinado y, por supuesto, no beatificado), aconseja a Arturo Barea sobre su relación con Ilsa, una periodista austríaca y sobre la guerra. Lo copio íntegro, por trabajo que cueste. Hasta en la mierda, en la barbarie, y en la destrucción, los humanos podemos sacar espíritu de lucha, de rebeldía, de fuerza, de esperanza, de alegría, de optimismo.

 

 

Tú crees que eres decente y que piensas limpiamente, e intentas contármelo a mí y a ti mismo, afirmando que lo que pasa a los otros es culpa tuya y los dolores que tú sufres también. Todo eso es una mentira. La falta es tuya. Te has unido a esta mujer, a Ilsa, contra todo y contra todos. Vas con ella del brazo por las calles y la llamas «mi mujer». Y todos pueden ver que es verdad, que estáis enamorados uno de otro y que juntos sois completos. Ninguno de nosotros nos atrevemos a llamar a Ilsa tu querida, porque vemos que es tu mujer. Es verdad que habéis hecho daño a otros, a tus gentes, y es justo que sufras por ello. Pero ¿te das cuenta de que también has sembrado una buena semilla? ¿Te das cuenta de que cientos de gentes que desesperan de encontrar jamás lo que se llama amor os miran y aprenden a creer que existe y es verdad, y que pueden tener esperanza?

 

Y esta guerra. Tú dices que es repugnante y sin sentido. Yo no. Es una guerra bárbara y terrible con infinitas víctimas inocentes. Pero tú no has vivido en las trincheras como yo. Esta guerra es una lección. Ha arrancado a España de su parálisis, ha sacado a las gentes de sus casas donde se estaban convirtiendo en momias. En nuestras trincheras, los analfabetos están aprendiendo a leer y hasta a hablar y están aprendiendo lo que significa hermandad entre hombres. Están viendo que existe un mundo y una vida mejores que deben conquistar y están aprendiendo también que no es con el fusil con lo que lo tienen que conquistar, sino con la voluntad. Matan fascistas, pero aprenden la lección de que no se ganan guerras matando, sino convenciendo. Podemos perder esta guerra, pero la habremos ganado. Ellos aprenderán también que pueden someternos, pero no convencernos. Aunque nos derroten, seremos los más fuertes, mucho más fuertes que nunca, porque se nos habrá despertado la voluntad. Todos tenemos nuestro trabajo que hacer, así que haz el tuyo en lugar de hablar de un mundo que no te sigue. Sufre y aguántate, pero no te encierres en ti mismo y comiences a dar vueltas dentro. Habla y escribe lo que tú creas que sabes, lo que has visto y pensado, cuéntalo honradamente con toda tu verdad. No hagas programas en los que no crees, y no mientas. Di lo que has pensado y lo que has visto y deja a los demás que, oyéndote o leyéndote, se sientan arrastrados a decir su verdad también. Y entonces dejarás de sufrir ese dolor de que te quejas.

 

Poco más que decir. Sobran más cosas.

 

Etiquetas: rebeldíarevoluciónideapolíticaguerraforjabarea

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