Los cascos amarillos ya se reproducen en el Ebro

viernes, agosto 24, 2007 16:35
Publicado en la categoría purnas

 

 

 

 

Nuevas especies acuáticas, en forma de cascos de obra amarillo asomaban ayer por el puente de la Almozara. Hoy el río ha subido, y el casco ya viaja camino del Delta del Ebro. Quizás lo pare el azud. Quizás las presas de Caspe o Ribarroja. Quizás asome entre los campos de arroz. O, quizás, simplemente, sea producto de una imaginación calenturienta. No somos tan diferentes, eso es normal. Somos un país normal. Normal en su propia anormalidad. No somos más cazurros que los demás. Ni más chorizos. Ni más españoles. Ni menos. Ni siquiera somos más aragoneses que nosotros mismos.

 

 

 

 

Somos un casco amarillo a merced de la corriente. No es fácil nadar contracorriente. Corres riesgos. Tampoco nadie dice que sea lo más adecuado. Pero no por los riesgos. Todos tenemos el derecho a disentir y equivocarnos. O a aceptar y equivocarnos también. Todos tenemos una vida por delante y todos tenemos el derecho de emplearla como más nos plazca. No hay duda de ello. Esa es la libertad a la que no renuncio. Esa es la libertad por la que algunos suspiran. Y esa es la libertad a la que renuncian voluntariamente tantas personas cada día. En este país que nos ve rodeado de montañas, y en los países de al lado. En esta tierra nuestra tan seca y verde como amable y cruel. A la vez. Como nosotros mismos.

 

Tan acostumbrados a la corriente que cuando alguien se sale de ella nos parece que es parte del juego. No se quien decía el otro día, y ya lo apuntaba Frankfurt. También yo hace un tiempo lo expuse . Es la gran tragedia de nuestro tiempo. Tenemos al “sistema” tan adentro que hasta oponerse a él es parte de él. En la búsqueda de nuevas corrientes de libertad, de nuevos pensamientos de humanidad, de nuevos modelos sociales y de relación…podemos escapar, escapar hasta de nosotros mismos. No es tan fácil como dejarse llevar por la corriente. Ni siquiera es más fácil que oponerse a la corriente. Esto exige conocer el agua que nos lleva, el agua que somos y el agua que nos impregna. Esto exige conocer el agua de los demás y fusionarla. Esto exige ser uno mismo. Ante uno mismo. Y eso, eso no es un casco amarillo que el Ebro arrastrará con el resto de la mierda. Eso es algo más.

 

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