La crítica no es aburrida ni el consenso la panacea

martes, julio 31, 2007 15:06
Publicado en la categoría purnas

Corriente de opinión o simple comentario hoy el Periódico de Aragón da en su titular una clave del pensamiento político y social de la última temporada. Dice el Periódico que “Oposición y ecologistas hacen tambalear el consenso de la Expo“. No es la Expo la que hace tambalear junto con el Ayuntamiento de Zaragoza los cimientos del patrimonio cultural zaragozano y aragonés, sino los críticos los que lo hacen. No quiero entrar hoy en esta polémica, sino en esa corriente que apela al consenso y al optimismo como solución mágica, casi mística, contra los problemas.

 

El consenso no es bueno per se. No lo es. Sobre todo cuando el consenso supone “pacto de silencio”. No lo es con el estatuto aragonés, ni lo es con la Expo, ni con el recrecimiento de Yesa. Consenso no es sinónimo de silencio y aceptación, sino de acuerdo. El consenso no se logra con la rendición, sino con el diálogo. Algo que, normalmente, los partidos en el gobierno no acaban de entender. Romareda y tranvía incluidos, por cierto. Pero es que, además, empieza a circular por algunos medios, por algunos opinadores, por algunas tertulias un fantasma curioso. La crítica es destructiva y aburrida. Especialmente aburrida. Con la censura, sin la censura, con Yesa, sin Yesa. Hay temas “con los que se aburre”. 

 

Me acuerdo en mis viejos tiempos de curas cuando nos hablaban del pecado del “orgullo humano”. Un pecado gravísimo que escondía una verdad mucho más grave. Ser orgulloso era intentar oponerse a Dios, y, por tanto, a la iglesia, y pocos años antes, al poder político emanado (con leyes incluidas) de un golpe de estado y una guerra civil. Había que ser humilde, y aceptar, por supuesto, aceptar, todas las calamidades…Caudillo de España, por la gracia de Dios. Limitar el orgullo, y, más allá, la dignidad, era sinónimo de continuidad de privilegios, mangoneos, chanchullos, desigualdades y abusos.

 

A riesgo de ser orgulloso, o quizás por eso, es en la crítica donde se encuentra de nuevo ese orgullo. La dignidad. Tener orgullo es ser digno. Criticar, conservar el espíritu crítico es ser digno. Ver la realidad con ojos diferentes a los del consenso también. Si después se llega a la misma solución, mejor, por supuesto. Pero el ojo crítico tiene que estar siempre alerta. Ante el peligro de la indignidad, de la sumisión, y de la aceptación humilde de las imposiciones de los poderosos. Y no, no es aburrido. Es el único ejercicio libre que tiene el ser humano. El ejercicio profesional del periodista depende de ese ojo crítico. De ese orgullo. De no creerse nada. De buscar tres, mil o cinco mil pies al gato. 

Etiquetas: consensocríticamediaperiodismopolíticanoticiasactualidadcensuraorgullo

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