El Gancho, ida y vuelta de una vida

miércoles, febrero 7, 2007 17:29
Publicado en la categoría purnas

Paseo alrededor del centro de salud. La fiebre me ha obligado a visitar a una doctora. ¿Cuántos días de baja quieres?. Suponía que eso lo tenía que decir ella, pero bueno. 39 de fiebre bien valen 3 días de descanso. Mientras tanto, la ciudad invisible sale a la luz en cada solar. En un bar de San Blas un viejo gitano con bastón de mando me da fuego. Ya, ya se que no debo fumar. Pero el café con leche con As y sin tabaco es peor que la enfermedad. Un hombre de traje está metido en un viejo lagar. Es tan viejo, el lagar, que lo han limpiado y marcado. Debe ser de antes del siglo XX, incluso. Quizás del XIX o del XVIII como la Posada de las Almas. O más antiguo, de cuando Aragón era un país con conciencia de serlo. Incluso de cuando Biel no era nada. Biel el señor, no el pueblo, que hace siglos que existe.

 

En cada esquina del viejo barrio lo vi pasar. Venido de aquí y de allá. El gancho multicolor, multilenguaje, multiprecio, multibazar. De todas partes y de ninguna. Casas nuevas recién hechas y casas viejas recién deshechas. Deshechos objetos y deshechos personas. De un balcón cuelga un mono azul de trabajo al lado de una parabólica para ver Al Jazeera o RomaniaTv. En el DIA unos chinos se llevan 45 tabletas de chocolate y 48 botellas de dos litros de cocacola light. Yo, cuatro kilos de naranjas. Para zumo. Zumo de naranja del DIA. Todo vuelve a la normalidad en casa. Sigue habiendo lagares antiguos, gentes de aquí y de allá, y naranjas, de la china.

 

El estatuto está ahí fuera. Los virus aquí dentro. Enfrente de mi un mapa de Zaragoza desde el satélite habla de una ciudad en crecimiento. Luego paseas, y descubres que el Richar ama a la Jenny, que la Desireé es una mala puta, y que, a pesar de todo, los moriscos no se fueron nunca. La Zaragoza que a mi me gusta es así. Más allá del Co y del PAR. Más allá de las Vespinos y de los chándals con la bandera de España. La Zaragoza que a mi me gusta no entiende de fronteras ni de separación. Todos caben como cabían. Todos somos. Por lo menos, dentro de las murallas antiguas quedaba el reflejo de lo que un día fue. La orgullosa capital de un Reino que creía en la libertad y en el derecho como base de la convivencia y siempre creyó que el que venía de fuera sumaba. Tanto, que hasta perdió las señas de la identidad que la hicieron como fue, como es. El Gancho en una bolsa de naranjas.

 

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Hace dos años: Carta abierta a Alfonso Solans Solans

Hace tres años: News building. Deconstruyendo el mensaje

 

Etiquetas: Zaragozaconvivenciaganchosaludcultura

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