De los pequeños gestos y las empresas

martes, noviembre 21, 2006 21:56
Publicado en la categoría purnas

En los pequeños gestos está la revolución. En las pequeñas rebeldías está el mundo nuevo. En el pequeño “no lo haré porque no es justo”, está el cambio. Al menos, está ahí si sumamos todos los pequeños gestos de todos los pequeños hombres y mujeres que no se resignan. Esa es mi esperanza desde hace años. Y esa es la lucha cotidiana contra el conformismo y la sumisión. Intentan someternos desde todos los ámbitos. Desde los más cercanos a los más lejanos. Desde los más próximos a aquellos que parece que no tienen que ver con nosotros. Me cuentan que explica hoy en el Punt la psicóloga Clara Esquena lo que es el valor de la desobediencia. Cómo no todos los individuos son capaces de hacer esos pequeños gestos. De firmar un manifiesto en apoyo a alguien. De decir no cuando se tiene la razón a favor. De cómo las empresas tratan de reducir a los rebeldes. No sólo a los rebeldes automáticos, incapaces de decir sí, sino a los rebeldes con principios. Los que ven las injusticias, las insolidaridades, las desigualdades y tratan de reconducir las relaciones. No todo se hace de los pequeños gestos, pero sí que los pequeños gestos son el principio de un mundo nuevo. El que llevamos en algunos corazones, y el que llevamos en algunos cerebros. El que hará que todos nos sintamos mucho más orgullosos de ser hombres y mujeres.

El artículo de Clara Esquena lo podéis ver aquí en catalán , y aquí en castellano (Traducción automática y por tanto, deficiente).

Por si no queda claro con mis palabras de ahora, o las de hace casi tres años . o lo que explicaba de mi resistencia pasiva , ésto dice Milan Kundera en “La inmortalidad ” sobre la fuerza de los gestos:

Se iba, en bañador, dando la vuelta a la piscina. Pasó junto al instructor y cuando estaba a unos tres o cuatro pasos de distancia volvió hacia él la cabeza, sonrió, e hizo con el brazo un gesto de despedida. En ese momento se me encogió el corazón! Aquella sonrisa y aquel gesto pertenecían a una mujer de veinte años! Su brazo se elevó en el aire con encantadora ligereza. Era como si lanzara al aire un balón de colores para jugar con su amante. Aquella sonrisa y aquel gesto tenían encanto y elegancia, mientras que el rostro y el cuerpo ya no tenían encanto alguno. Era el encanto del gesto, ahogado en la falta de encanto del cuerpo. Pero aquella mujer, aunque naturalmente tenía que saber que ya no era hermosa, lo había olvidado en aquel momento. Con cierta parte de nuestro ser vivimos todos fuera del tiempo. Puede que sólo en circunstancias excepcionales seamos conscientes de nuestra edad y que la mayor parte del tiempo carezcamos de edad. En cualquier caso, cuando se volvió, sonrió y le hizo un gesto de despedida al joven instructor (que no pudo contenerse y se echó a reír), no sabía su edad. Una especie de esencia de su encanto, independiente del tiempo, quedó durante un segundo al descubierto con aquel gesto y me deslumbró. Estaba extrañamente impresionado. Y me vino a la cabeza la palabra Agnes.

….

Hace un año: 20 años de lucha contra Yesa

Hace dos años: 21 de noviembre, fum, fum, fum

 

Etiquetas: gestogestosrevoluciónlibertadrepresiónempresa

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