Gracias oh Metrópoli

miércoles, octubre 4, 2006 9:01
Publicado en la categoría purnas

Gracias, oh, metrópoli española. Gracias oh, graciosa Madre Patria de las colonias. En el centro del hemiciclo, humillado en las profundidades y observado por 30 personas como máximo, Marcelino Iglesias, presidente del país, espera que le concedan las migajas que suplica. Impertérrito escucha la lengua de sus padres y la suya propia y no hace ni mención de pronunciarla en público. Y aún dijo “país”. Un país que según él “está orgulloso de ser aragonés y no reniega de ser español, como hacen los nacionalismos miserables”. Un país del que yo, y otros como yo, no debemos formar parte, por lo que se ve. UN país que va a la capital de la metrópoli a que le dejen ser de Segunda. Al menos. Ni financiación como los vascos, ni lengua como los catalanes, o los andaluces (hay que joderse), ni competencias, ni registros propios, ni siquiera referéndum para esta reforma (para las siguientes sí). Allí, en el centro del hemiciclo, compartiendo bancada con Biel y Alcalde, los amigos de los niños, que en vez de defender Aragón se dedicaron a criticar a Cataluña y su estatuto. Y eso que este estatuto no era contra nadie. Contra España no, desde luego. Es una proclama más de anexión voluntaria y de servidumbre deseada a la que el único partido “nacionalista” de las Cortes de Aragón ni siquiera tuvo la valentía de votar no. Abstención y gracias. Es cierto que los aragoneses tenemos lo que nos merecemos. Es el propio pueblo aragonés el que vota a estos políticos que ni siquiera se atreven a oficializar su propia lengua. Pero luego, ay luego, que nadie se atreva a quejarse de que los catalanes tienen mejores hospitales, o de que los navarros tengan mejores carreteras. Nosotros seguiremos en el yugo, pero contentos.

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Dengún estatuto

 

Etiquetas: Aragónestatutocongresoreforma

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