Caminando y cantando

martes, mayo 16, 2006 21:28
Publicado en la categoría purnas

Paseo. Cavilo. Medito. Entro a la Casa del Libro de Bilbao y me reconozco en las conversaciones por teléfono. Pero pienso en la forma de andar. En la mía. En la de quienes me rodean. En cada ciudad la gente camina de diferente manera. No es sólo el ritmo. Es la manera de dejar que un pie adelante al otro. Es la manera de rozarse con la gente por la calle. Lo cerca que pasan de tí. En Bilbao no respetan la distancia de seguridad, si fuéramos coches. Ayer andaba por Zazpi Kaleak y un señor me siguió durante diez minutos a menos de un paso de mí. Sin problema. Claro que al principio mosquea. Anda que no. En Donostia pasean más despacio. Admiran la ciudad, puede ser. O la playa. El mar está ahí pero parece que no es el mar. Donostia se ha apropiado de su trozo de mar y lo guarda como un tesoro. Al aparcar el coche (el Xampi, dicen que se llama) detrás del Urgull me he quedado mirando un rato el mar que no es de Donostia. El que llega hasta Islandia y más allá. Es diferente del otro, el que ves desde la Concha o si giras la cabeza hacia la izquierda desde donde el Xampi. Al bajar hacia el puerto recordaba la noche de ayer. En un bar indepe dos ejecutivos andaluces devoraron 10 pintxos cada uno. Después el Chema (el Manel de Bilbao), nos aleccionó sobre las maldades de los terciarios de su pueblo y sobre los hombres con bigote. Al poco un grito llegó desde el fondo del bar. “No he visto a nadie manejar el trator como a mi hermano”. El Fernando Alonso de los John Deere, sería. La noche acabó como tenía que acabar. En el único bar abierto. Con una cerveza oyendo a los Rolling. Y con una conversación que empezó con un “hace tres horas te he visto en el Muga comiendo”.

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Ambar en el Exterior. NOVEDAD!! Donostia

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