El carro de la vida

domingo, octubre 30, 2005 16:36
Publicado en la categoría purnas

Subía por la calle Marina de Barcelona. Las 5 de la mañana. Yo caminaba por la acera de enfrente. Contra la corriente vacía de coches. Él arrastraba un carrito lleno de trastos. Yo arrastraba litros de kalimotxo y un par de vodkas con limón. Subíamos al mismo ritmo, y la hora nos sorprendió. Ya eran otra vez las 4 de la mañana. Había que cambiar la hora antes, pero nunca lo he hecho en su momento. Me gusta retrasar ese momento. Esa segunda oportunidad. El único día del año en que puedes repetir una hora de tu vida. Yo saqué el móvil y cambié la hora. Él, como esperando el momento, empezó a cantar. A voz en grito. Sin mirar a nadie. No entendí lo que cantaba. Pero cantaba. En una hora y en la siguiente. ¿Y qué más le da?. Pensé. Su carrito es su vida, y no necesita reloj. Así que seguí andando pensando en las que se van. El día tonto. A fin de cuentas también estuve hablando de una que ya está al otro lado del mar. La vida va y viene y nosotros somos su carrito de cachivaches. Y nunca estamos los mismos en el carrito. De vez en cuando un trasto nuevo viene a alegrarte el día. Así, apretado entre los alambres del carro de la compra. Rozándote la piel. Incluso sin rozarte, aparecen trastos nuevos a los que te gustaría arrimarte. Claro que eso no siempre es posible. Que vida ésta. Después desayunas a las dos de la tarde, ayer las tres. Buscas trabajo en La Vanguardia. Lees en el Periódico que los aragoneses que hablan catalán son conscientes de lo que son. Lees un somarda artículo de José Bada. Y descubres que Cataluña ha sido admitida en la Federación Internacional de korfball y se ha ganado un puesto en el Mundial A contra Polonia, que cosas. Hasta el aeropuerto de Zaragoza se pone, años después, en marcha. Pero tu cabeza está en otros sitios. Con el huracán en Nicaragua. Con los aviones que despegan. Con este carrito en el que estamos y en el que cada día cambian cosas.

Puedes dejar una respuesta, o un trackback desde tu sitio.

Dixa un comentario