La iglesia y el matrimonio

lunes, abril 25, 2005 9:14
Publicado en la categoría purnas

Después de días y días de hablar del matrimonio homosexual resulta que el problema es de concepto. Resulta que “no nos oponemos a la unión civil de las personas homosexuales”, pero “no se le puede llamar matrimonio”. Así que lo que todo el mundo creía que era un problema legal es, en realidad, un problema semántico. Limpia, fija y da esplendor. La RAE tendrá que poner cartas en el asunto y cambiar la definición y punto. Igual que nos obliga a poner la estupidez de “cederrón”, o “güisqui”. Para eso está. Para limpiar, entre otras cosas. Porque luego está el Vaticano, llamando a la desobediencia a los funcionarios. Ateniéndose a las consecuencias están en su perfecto derecho de hacerlo, por supuesto. Pero en el fondo me cuesta creer que una institución que lleva atentando 2000 años contra las leyes naturales, manteniendo en celibato a miles de personas en el mundo, con los problemas psicológicos y fisiológicos que eso conlleva, apele a esos mismas leyes naturales para oponerse a algo que en ninguna manera le concierne. Es más, cuando Mariano Rajoy insiste en que “el Gobierno ha creado un conflicto con el Vaticano”, lo que está diciendo es “o hacemos caso a lo que otros estados nos dicen, o tendremos un conflicto”. La única manera de no tener un conflicto con el Vaticano es simplemente hacer todo lo que dice la Santa Madre Iglesia, algo que, afortunadamente, el actual Gobierno español no está dispuesto a hacer. Ojo, esto no quiere decir que dentro de la Iglesia, y en sus propias directrices, no haya cosas buenas, santas y justas. Pero en este tema están a años luz de una postura racional. Claro, que Ratzinger iba diciendo por ahí hace años que Descartes era un patán, así que la racionalidad no entra en sus esquemas.
Otro problema es que encima ZP tenga ganas de incordiar, cosa evitable, por cierto. Mandar al Vaticano al ministro de Justicia dos después de la modificación de la ley para permitir el matrimonio civil homosexual es una provocación. Aplaudirle no le iban a aplaudir, claro.

ps. Acabo de oir a Jesús Caldera (presunto ministro de Trabajo) decir que hay que hacer más atractivo el despido para fomentar la competitividad. Como cantábamos hace años en las manifas, “De azul o de marrón, un cabrón, es un cabrón”.

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