Pálpitos

viernes, abril 1, 2005 11:54
Publicado en la categoría purnas

La cercanía de la muerte paraliza el pálpito de todas las vidas. Una agonía en familia es un momento místico. Triste y doloroso, pero místico. Yo no sé si hay un más allá, pero en el más acá el paso del estado vivo al estado no vivo remueve las carnes y las conciencias hasta límites no explorados. A nivel social hay muertes que se viven con más intensidad que otras. Y la agonía de Juan Pablo II está alterando los cimientos de la sociedad y la comunicación. El Papa agoniza, y el mundo, los medios, los católicos y los no tan católicos hacen piña en círculos concéntricos alrededor de su cama. Karol Wojtila se muere y sufre. Y la catarsis se percibe en los ambientes. “La agonía del Papa minuto a minuto” decía hoy la edición digital del Mundo. Con la cámara instalada a 500 metros de la ventana de la habitación donde Juan Pablo II “se apaga lentamente”. Después análisis, como será el cónclave, quien será el sucesor. Todo al lado de la cama. Todo en el gran misterio del carbono. De lo que respira y deja de respirar. De la gran pregunta de la Humanidad. Del ¿por qué?.
El Papa no ha querido que le ingresen y le intuben. Como uno más. Como no pudo elegir Terry Schiavo que murió ayer. Como no pudieron elegir otros. “A mi juicio es mejor quemarse y desaparecer para siempre”. La cercanía de la muerte en la primavera. El antiguo “Día de la victoria” que a algunos les gustaría recuperar. El cumpleaños de una persona que agonizó dulcemente en directo, día a día, en mi propia habitación. Y que a veces sonreía cuando una gota de vino rozaba su boca. El pálpito. La vida. El temblor.

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