La fuga de los 45. Dieguito el Malo.

sábado, diciembre 4, 2004 23:15
Publicado en la categoría purnas

dieguito.jpgEran otros tiempos. Está claro. El desarrollismo había dejado a miles de personas en los extrarradios de las ciudades en el umbral mismo de la pobreza. Ellos eran jóvenes. Franco estaba agonizando y decenas de chavales en todo eso que convenimos llamar España se dedicaban al tirón, al butrón, al asalto. Nombres míticos que pueblan el imaginario colectivo. El Vaquilla, el Torete, el Lute, el Nani, el Pera. Adolescentes imberbes que buscaban salir de la miseria y que acabaron en las cárceles franquistas o abatidos a tiros por la policía. Dieguito el Malo, Juan Diego Redondo, ha pasado más de 30 años en la cárcel y ha protagonizado más de 20 fugas, “desde que a los 12 me escapé de un reformatorio”, confiesa. Diego juró hace cosa de unos meses que no se volvería a escapar, por su madre y por su hijo. El otro día presento “La Fuga de los 45” en la Casa del Libro. En su relato cuenta como se preparó la fuga de 600 presos organizados en la COPEL (Coordinadora de Presos en Lucha). Sólo 45 consiguieron salir de la Modelo por las alcantarillas de la calle Rosselló de Barcelona. De los 45, sólo 7 quedan vivos. Ninguno de los otros 38 murieron de muerte natural. Diego tiene una especie de resignación por los tiempos pasados, y una mínima esperanza personal en tener una vida normal y familiar. Sabe que no es fácil. 30 años en la cárcel son muchos años. Ya salió en el 88, y cuando tenía mujer y dos hijos, le salió una sentencia por un delito del 78 y le condenaron a 18 años más en la prisión. Nada más entrar en la cárcel su mujer se suicidó y a los pocos meses su hija de 5 años se electrocutó en una vía de tren. Fue su penúltima oportunidad de tener una vida mejor. Ahora tiene otra. Mientras presentaba el libro y firmaba ejemplares con un bolígrafo de la Caixa, decenas de personas le aplaudían, quizás sin reconocerse en quienes se hubieran cruzado de acera al verlo solo en cualquier calle de la ciudad. Quizás sin ver, que cuando se juzga a una persona, se deben juzgar también las circunstancias que le rodean. Quizás sin reconocer que la cárcel pocas veces reinserta y que sólo es un almacén para los “deshechos” sociales. Hoy Dieguito el malo sonríe. Pero sospecha. Detrás de su humanidad y su cercanía un poco asombrada se esconde un “como me vuelva a pasar lo de hace 20 años, me quito la vida”. Nos lo dijo en privado también. Este libro fueron sus memorias. Y su testamento. Algo le ha hecho cambiar de opinión, y ahora, mientras escribe dos o tres libros continuación de “La Fuga de los 45”, seguirá esperando un rumbo mejor.

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